jueves, 4 de octubre de 2012

Preguntas Anónimas y su respuesta.


Respecto al articulo "La Apologética Cristiana: ¿Quién La Necesita?" - Dr. William Lane Craig.
Anónimo dijo...
Tengo serias dudas sobre el artículo "La Apologética Cristiana...." del Dr. W. L. Craig.
En su primer argumento a favor de la apologética, está llamando a la transformación del contexto cultural en cuanto a los argumentos que hacen de la fe cristiana una mera enseñanza más, sin embargo ¿No está escrito en 2 Corintios 2:4-5 "nuestras armas son poderosas en Dios para destrucción de fortalezas derribando todo?. . . Seguir leyendo


Y respecto al articulo "Dios aún no ha muerto" - Dr. William Lane Craig.
Anónimo dijo...
Me pareció excelente el artículo, lo que me deja un poco preocupado es lo siguiente:
1. Cuando el autor declara que si la apologética "El Cristianismo se verá reducido a ser solo una voz más en una cacofonía de voces en competencia, cada una compartiendo su propia narrativa y ninguna encomendándose como la verdad objetiva sobre la realidad." Para esta afirmación pregunto ¿Acaso no dijo Cristo que. . . Seguir leyendo 

Respuesta requerida en los dos comentarios anteriores:
Hola querido amigo, es de gran alegría que hayas querido participarnos tus dudas acerca de los temas tratados en los artículos de este blog.
La respuesta a las interrogantes que nos plaeteas requiere una correcta comprensión de lo que en la primera carta a los corintios el apóstol Pablo llama “excelencia de palabras o de sabiduría” y “palabras de humana sabiduría”
Para dilucidar estos conceptos se debe considerar, en contexto, aquella otra sabiduría, que se puede apreciar al avanzar en la lectura del capítulo dos —verso 6 en adelante, es ideal que se revisen estas cosas biblia en mano— “. . .sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.”, “. . .la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien, como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido a corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.”
Entonces, por contraste se puede entender que la humana sabiduría se basa en la percepción del hombre natural —como dirá más adelante, verso 14—, en aquello que solo puede percibir con sus propios sentidos, o que le es comunicado por otros como él —a los oídos— y en aquellas conclusiones que concibe la mente humana, de forma espontánea o como deducción. Originándose en el hombre natural, una sabiduría corrupta que no le permite entender las cosas espirituales y conocer verdaderamente a Dios (cap. 1.21), dando lugar a un conocimiento parcial de la realidad, insipientes especulaciones y finalmente al error; fenómeno que caracteriza, como antaño, el conocer del hombre.
Solo el Espíritu Santo revela con soberanía el misterio de la sabiduría de Dios a aquellos que están en Cristo, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría, justificación y redención. Esta sabiduría es la que comunica Pablo al anunciar el testimonio del Señor, esta sabiduría viene a constituir un acervo de armas poderosas en Dios para destruir fortalezas, derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios.
Estos principios son absolutamente consistentes con la práctica apostólica en el anunciar el testimonio de Dios, estándar registrado en el libro de los Hechos. Por ejemplo, en el capítulo 17 Pablo se encuentra en Atenas, enfrentado al desafío de predicar el evangelio de Jesús y su resurrección. La palabra dice que discutía en la sinagoga con los judíos y griegos prosélitos, y a diario hablaba en la plaza con los que se encontraban por allí, entre los cuales había algunos filósofos que le llevaron al Areópago (vs. 17-20 NVI). Al analizar el mensaje comunicado por el apóstol, es notorio que no utiliza de forma explícita argumentos propios de la tradición judía, en su lugar, esgrime como recurso de acercamiento, particularidades de la religión y cultura griega, asuntos conocidos que están en la esfera de la humana sabiduría, pero que son usados sin dudar por el apóstol a propósito de citarlas a comparecer ante la Verdad. Además el apóstol hace referencia al testimonio dejado por Dios, acerca de Si mismo, en su creación —usado también por Pablo en otras oportunidades, véase Hch. 14.17 y Rom. 1.19-20, en conjunto constituyen la hoy denominada teología natural—. Todo esto en función de la exposición de la Verdad ante la cual comparecen y perecen los argumentos de los hombres. De entre los oyentes algunos creyeron, como Dionisio el areopagita y Damaris.
El mismo procedimiento es utilizado para expresar la verdad del evangelio a los judaizantes. Entre otros Hch. 19.1-12 ilustra claramente este método apostólico. Destaca el hecho de que “entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios” y que cuando algunos sinagogitas se endurecieron en su corazón, Pablo se alejó de ellos y formó un grupo aparte con los discípulos; y a diario debatía en la escuela de Tirano. Y así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús (vs. 8-10).
Algo muy importante que se puede apreciar en este relato, es que tal como dice en 1 Cor.2.4, “ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder”. Es evidente en las escrituras de que Pablo usó palabras persuasivas— el mismo vocablo griego pe???? (persuasor) en ambos pasajes, tanto en 1 Cor.2.4 como en Hch. 19.8, véase también Hch. 28.23—, pero la diferencia está en que estas palabras no eran de humana sabiduría. Estas actividades apostólicas eran confirmadas por el derramamiento del Espíritu Santo (vs. 6) y por los milagros extraordinarios que hacia Dios por mano de Pablo “de tal manera que aún se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían” (vs. 1-12), indicando que su mensaje era con demostración del Espíritu y de poder.
Por lo tanto los apóstoles hicieron uso con sabiduría espiritual de lo que hoy llamamos apologética, que no está más allá de la sana experiencia —sin enfatizar las formas— de los hermanos de la iglesia del primer siglo.
En otro flanco de acción se exhorta a los hermanos a defender con ánimo presto la fe que les ha sido dada, contendiendo ardientemente contra las falsas doctrinas y falsos maestros, a saber Jud.1.3, “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” y a dar testimonio ante los detractores estando preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que demande razón de la esperanza que en ellos hay (1 Ped. 3.15), razones y evidencias como las que son expuestas tantas veces en las escrituras, por ejemplo:
“. . . se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hch. 1.3)
“Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis” (Hch. 2.22)
“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hch. 2.32)
“(he enseñado que Cristo). . .fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen” (1 Cor. 15.2)
“...Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos... Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros” (cf. 1 Jn. 1.1, 1.3)
Estas expresiones no están de ninguna manera en contradicción con las dadas a Timoteo en relación a cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, etc. Y a las profanas y vanas palabrerías, que conducen más y más a la impiedad, versos que deben entenderse en contexto y que están en divergencia con el buen uso de la palabra de verdad y a la doctrina que es conforme a la piedad (cf. 1Tim. 6.3-10 y 2 Tim.2.14-26), de lo cual la apologética da cuentas.
Teniendo en consideración estas cosas, es que el hno. William Lane Craig declara que si la apologética es descuidada, el cristianismo será reducido a otra voz en la cacofonía de voces en competencia, cada uno compartiendo su narrativa y ninguno recomendándose a sí mismo como portador de la verdad objetiva de la realidad, mientras que el naturalismo científico moldea la perspectiva de nuestra cultura de cómo es realmente el mundo. El portador de la verdad objetiva de la realidad, es el cristiano que afirmado sobre la base del testimonio interior del Espíritu y ceñidos los lomos de su entendimiento con la Verdad, que es Jesucristo, anuncia el testimonio de Dios no con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder. Este anuncio ya no será parte de la cacofonía (palabras redundantes) de voces en competencia ya que la Verdad, expresada como tal, no tiene parangón.
En ese sentido se confirma que “. . .Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.”
Un abrazo,
Taller de Aplogética

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