jueves, 4 de octubre de 2012

Pregunta hecha por Bruno Alvarez


Pregunta realizada por Bruno Alvarez al Taller de Apologética.
Fecha: 5 de marzo de 2012.

Quisiera escribirle/s ya que tengo algunos interrogantes importantes sobre la fe cristiana y sería de gran ayuda para mí que puedan ser respondidas en esta sección. Hoy encontré de casualidad este blog, y quiero decir que me complace mucho que haya gente dispuesta a responder las dudas que puedan tener otras personas y poder dilucidar estos asuntos, que sin duda, son de importancia vital para el significado y el sentido de la vida.

Antes que nada, quiero contar un poco sobre mi vida. Tengo 22 años recién cumplidos y asistí toda mi vida a un colegio católico. Actualmente curso en una facultad cristiana y mis raíces también lo son, ya que vengo de una familia muy cristiana. Desde los 12 o 13 años comencé a cuestionarme la existencia de Dios y de ahí que me he convertido en un agnóstico. Mis dudas de a poco van socavando la poca fe que aún me queda y si pudieran arrojar luz a estos asuntos sería una gran ayuda para mí. Quiero aclarar, que deseo con todo mi corazón encontrar a Dios y saber que el cristianismo verdadero, el personaje histórico Jesús de Nazaret me tiene obsesionado, y el hecho de encontrar a Dios y tener una relación personal con Él debe ser la experiencia mas gratificante que debe experimentar una persona (esa relación que mi familia dice tener).

Sin más preámbulos y sin deseos de aburrir a nadie comienzo con las preguntas:

1) Si el cristianismo es verdadero, debemos tomar en serio que Satanás (o el diablo) es un ser que realmente existe, de ser así me vienen algunas preguntas a las cabeza: si Dios es omnisciente y tiene conocimiento medio, y de antemano sabría que el diablo iba a revelarse contra ÉL ¿por qué lo creó?, o en todo caso ¿Por qué no lo destruye ya que es todopoderoso y considerando que el diablo provoca de alguna manera el mal en la tierra? ¿El diablo realmente es el causante directo de todo el sufrimiento del mundo? ¿Y el hecho que haya gente que no crea en Dios, también el es culpable de eso? De ser así entonces Dios no podría culparnos de no tener fe ya que no sería culpa nuestra sino de nuestra guerra espiritual y su guerra cósmica con los poderes del mal.

2) La historia de Adán y Eva es una metáfora o personajes que realmente existieron? Los autores del Nuevo Testamento consideran a Adán como un personaje histórico. Y si supuestamente por Adán y Eva entró el pecado en el mundo y por ende la muerte, ¿Cómo hubiésemos podido encontrar a Dios si no hubiese existido la muerte y por lo tanto la separación de nuestra alma con nuestro cuerpo?

3) La historia de Noé ¿Es plausible? ¿En serio Dios aniquiló a toda la humanidad con diluvio universal? ¿No suena esto a fantasía? ¿Por qué el Dios del Antiguo Testamento difiere tanto del Dios del Nuevo Testamento?

4) ¿El infierno realmente existe? Cómo puede un Dios amarnos al mismo tiempo y dejarnos pasar por el resto de la ETERNIDAD en un sufrimiento consciente. Creo que ni un ser humano con su hijo haría algo semejante pese a todas las maldades que pueda haber hecho, creo que el amor de Dios y su justicia son incompatibles con el infierno.

5) ¿Porqué Dios antes realizaba milagros y se comunicaba con la gente en forma directa (abría mares, sanaba enfermos, resucitaba a las personas, su voz se escuchaba desde el cielo) y hoy en día ya no lo hace? ¿No es más plausible inferir que esa gente nos mintió o Dios tuvo razones para revelarse solamente en ese tiempo y quiso que solo nos dejaran las pruebas por escrito? No voy a hacer más preguntas porque creo que ya son demasiadas y no pretendo que me responda/n todas las preguntas. Desde ya muchísimas gracias por tratar de ayudarme a encontrar la verdad y es mi deseo de corazón poder servirle mi vida mi vida a Cristo en el caso que sepa (y sienta) que el cristianismo es verdadero. Muchas gracias.


Taller de Apologética responde:

Estimado Bruno, agradecemos mucho tu honestidad y valor al encarar tus dudas. Jesús enseñó que todo aquel que busca, encuentra; y que a todo aquel que llama se le abrirá. Por tanto, te animamos a continuar en tu búsqueda con sinceridad. Sin embargo, debes saber que es imposible obtener una respuesta a absolutamente todas las preguntas como condición para creer en Dios. En algún momento debes detenerte y considerar las líneas principales de evidencia, y hacia donde estas apuntan. Como verás, apuntan claramente hacia la existencia de Dios, y hacia Jesús como aquel en quien Dios, si de hecho existe, se reveló a los hombres. Y si descubres que esto es verdad, entonces el paso siguiente no es continuar preguntando, sino poner tu confianza en Jesús para que él te salve y de un conocimiento personal de Dios. Pues Dios es un ser personal, y debe ser conocido como se conoce a una persona. Ahora bien, para conocer a una persona tu no necesitas saber todo acerca de esa persona. Más bien, entrar en relación con ella, para así, conocerla mejor con el paso del tiempo. Lo mismo sucede con Dios. Si honesta y sinceramente pides ayuda a Jesucristo y depositas tu confianza en él, después de evaluar seriamente la evidencia, puedes tener la seguridad de que él responderá y te llevará a conocer a Dios de una manera íntima y personal.

Respecto a tus preguntas, intentaremos responder algunas de ellas, siguiendo el orden en que fueron planteadas:

1. La existencia del Diablo o Satanás como un ser personal es un hecho, de acuerdo a la Biblia. Sin embargo, no es un asunto esencial para la fe. En la Biblia, el origen del mal está en la corrupción de la voluntad creada. El mal no es un principio eterno, opuesto y equivalente al bien. Es más bien, puesto en lenguaje filosófico, un "accidente". Es decir, sólo puede existir como un parásito del bien. Si lo piensas bien, esta es la única explicación consistente para la existencia del mal. Las cosas fueron creadas buenas, pero de alguna manera se echaron a perder. Y, puesto que las cosas carecen de voluntad propia, sólo se pudieron echar a perder si, a) Eran desde el principio imperfectas y propensas a corromperse; o, b) Fueron corrompidas por algún agente poseedor del poder para corromperlas. Ahora bien, la primera opción no es viable de acuerdo a la Biblia, pues Dios, infinitamente bueno, perfecto y sabio, creó un mundo bueno y perfecto, si rastro de error o imperfección. Esto no deja la segunda opción, y aquí entra en acción la voluntad creada. Porque, en una decisión libre y soberana, Dios determinó que existiesen otras voluntades, aparte de la suya, operando en el mundo creado. Pues Dios deseaba compartirse de manera máxima con sus criaturas, y para ello debía crear seres que poseyesen voluntad propia. Este es el bien supremo que Dios puede otorgar a sus criaturas: el don de la voluntad libre, que las hace capaces de participar del bien de Dios en el grado máximo en que una criatura finita puede disfrutar de lo infinito. Todos los seres creados participan originalmente de algún grado de bien, pero sólo las criaturas libres pueden participar de ese bien, que es Dios, de manera consciente. Pero la libre voluntad, para que sea verdadera, tiene que poseer la capacidad de aceptar o rechazar el bien. De otra manera, no sería libre. Y aquí está el origen del mal: en el mal uso de la voluntad creada. El bien de la voluntad creada está en unirse, voluntariamente, a su Creador. Su mal, en rechazar esa unión. Esto es lo que hizo Satanás, y también Adán en el huerto de Edén. Así entró el mal en el mundo, cuando la voluntad torcida de la criatura corrompió la creación de Dios. De manera que la existencia de Satanás es completamente razonable desde la doctrina cristiana.

Ahora bien, ¿Sabía Dios que Satanás se iba a rebelar y causar todo el daño ese daño? Por supuesto que sí. Pues esto significa que Dios posea conocimiento medio. ¿Por qué lo creó entonces? En primer lugar, debes recordar que Dios no creó al Satanás malvado, sino que lo hizo bueno y perfecto. Satanás se hizo a sí mismo malvado al rebelarse contra su Creador. Por tanto, Dios no es responsable por el mal de Satanás, una vez que éste tiene una voluntad propia e independiente de la voluntad divina ¿Podía Dios evitar la rebelión de Satanás? Sí, pero al costo de destruir su voluntad libre. No obstante, Dios no puede negarse a sí mismo, y deshacer aquello que otorgó. De manera que Dios tenía una especie de elección soberana ante sí: Crear un mundo que contuviese criaturas libres, capaces de amarle, o bien, rebelarse contra él y destruir su creación; o crear un mundo perfecto, pero sin criaturas libres, y por lo tanto infinitamente menos bueno y glorioso. Existía no obstante, una tercera opción, que es, en realidad, un perfeccionamiento de la primera: Crear un mundo de criaturas libres, y proveer los medios para, sin destruir la libertad creada, minimizar los efectos del mal y maximizar los efectos del bien, al punto de deshacer por completo los efectos malignos causados por la rebelión de la voluntad creada. Y Dios, en su infinita sabiduría y bondad, supo que existía un camino para ello: Su amor. De manera que Dios creó un mundo donde Satanás se rebelaría contra él e intentaría torcer y destruir sus obras, pero sólo para descubrir que, aún contra su voluntad y a pesar de sí mismo, él era parte de un plan infinitamente más sabio que él mismo, en el que aún sus obras más malignas serían apenas un hilo de una trama de bondad y amor infinitos de Dios hacia sus criaturas. Y este hecho quedó demostrado de manera suprema en la cruz de Cristo. Pues allí se reunió todo el poder, la maldad y la astucia que Satanás jamás intentó, para destruir al hijo de Dios. Sólo para descubrir que la hora de su triunfo supremo, fue la hora de su derrota suprema y definitiva. Pues del máximo mal posible para una criatura, que es el asesinato de su Creador (pues el Diablo sí sabía quién era Jesús), Dios sacó las fuerzas que habrán de renovar para siempre el universo, y terminarán de manera definitiva con los efectos del mal en su creación. Esta es la respuesta cristiana para la existencia del Diablo.

Adicionalmente, Satanás no es el responsable directo y exclusivo del mal en el mundo. En verdad, el responsable directo de ello es el hombre. Pues Satanás sólo puede actuar en el mundo en la medida en que el hombre le permite actuar. Adán fue creado por Dios para ser su representante y administrador sobre la creación visible. Por ello, en la medida en que el hombre se une a la rebelión de Satanás, éste puede actuar en la tierra por su intermedio. Luego, gran parte de la responsabilidad por el mal de este mundo recae sobre el hombre mismo.

2. Adán y Eva si fueron personajes históricos de acuerdo a la doctrina cristiana, pues precisamente a través de ellos el pecado entró en el mundo ¿Es esto compatible con las teorías científicas? Eso depende de cómo consideremos las teorías científicas ¿Son ellas la única fuente disponible de conocimiento sobre nosotros mismos? Es obvio que no, en la medida que conocemos muchas cosas que no tienen su origen en la investigación científica, como, por ejemplo, los principios morales, las reglas de la lógica, las matemáticas, la existencia de otras mentes, la existencia del mundo, los sentimientos de amor, y un largo etc. Ahora bien, la teoría de la evolución sostiene que la raza humana es el fruto de una largo proceso de cambio en el tiempo desde los organismos unicelulares hasta los primates más avanzados. Pero, si esto es un hecho real, sólo puede dar cuenta del origen de nuestro organismo físico y no de nuestra mente o alma inmaterial. Pues, el cristianismo sostiene que el ser humano está compuesto de un elemento material, el cuerpo, y de un elemento, inmaterial, el alma. Sólo entonces tenemos al hombre completo. El relato del Génesis nos dice que el hombre (no sólo su organismo biológico, sino también su alma) surgió por un acto directo de creación divina, cuando Dios sopló su aliento en un cuerpo físico, previamente formado por sus manos. Por supuesto, el lenguaje de la Biblia no es científico, sino teológico, ya que intenta establecer el hecho de que el hombre fue creado directamente por Dios, y que la emergencia de sus facultades superiores es un don especial de Dios. El cómo Dios creó su cuerpo, no es el tema allí. Pudo hacerlo directamente, mediante un acto especial de creación; o pudo hacerlo indirectamente, a través de la operación de segundas causas, como por ejemplo, la evolución orgánica. El conflicto entre el Génesis y la ciencia es sólo aparente, a menos que se quiera establecer que Dios no existe como agente creador, sino sólo las causas materiales. Esto último, no obstante, no es ciencia sino materialismo filosófico disfrazado de ciencia.

3. La existencia del diluvio no es, en absoluto, un asunto esencial para la fe cristiana. Existen diversas posturas entre los eruditos bíblicos al respecto. Algunos dicen que fue un evento exclusivamente local, y otros, que fue universal. Como sea, el debate está abierto y nadie tiene una respuesta definitiva. Pero, cualquiera que ella sea, no afecta en nada los asuntos centrales del cristianismo.

4. El Dios del Antiguo Testamento (AT) no es diferente del Dios del Nuevo. Jesús mismo, que creció en un ambiente impregnado de la religión del Antiguo Testamento, nunca lo vio así. La objeción "moral" en contra del carácter del Dios del AT, levantada por personas como Mark Twain, y más recientemente, Richard Dawkins y Daniel Dennet, surge de un error filosófico y de la ignorancia teológica. En algunos foros, incluso el de este mismo blog, algunos levantan el argumento del "monstruo moral" (según la expresión de Dawkins) como siendo decisivo contra la existencia de Dios. Sin embargo, como veremos, este es uno de los peores argumentos que jamás se han presentado desde el campo ateo. Vamos a tratar de puntualizar el porqué:

a) En primer lugar, está lejos de ser un argumento contra la existencia de Dios, y es, a lo sumo, un argumento contra la inspiración del Antiguo Testamento. Veamos cómo va el argumento: Si Dios existe, debe ser infinitamente bueno. Ahora bien, si él es infinitamente bueno, no puede cometer actos malignos de ninguna clase o grado. Sin embargo, vemos que en el AT Dios, aparentemente, ejecuta o ordena ejecutar actos " moralmente malos", como por ejemplo, la destrucción de ciudades y la matanza de mujeres y niños indefensos. Luego, argumentan los objetores, Dios es malo y por lo tanto, no puede existir. El problema aquí  está suponer que la existencia de Dios depende de la inspiración del registro bíblico. Sin embargo, la Biblia no funciona como una evidencia a favor de la existencia de Dios. Tal vez ella sea, un registro humano, incompleto y falible acerca de Dios. Esto es, al menos, lógicamente posible. Porque, siempre podemos suponer que los escritores fallaron al registrar el carácter de Dios. Luego, el argumento del "monstruo moral" con base en el registro bíblico no funciona en absoluto, pues cómo máximo, cuestiona la inspiración de la Biblia. Y las evidencias a favor de la existencia de Dios son independientes de la inspiración del texto bíblico. 

Con esto no queremos decir que la Biblia no sea inspirada (creemos que los es), sino que la existencia de Dios no depende, lógicamente, de la inspiración de la Biblia. Más bien, lo contrario es verdadero: sólo si Dios existe, la Biblia puede ser un libro inspirado por él.

b) En segundo lugar, el argumento se refuta a sí mismo, porque entraña una contradicción lógica. La acusación de que Dios es un "monstruo moral", culpable de genocidios, matanzas e injusticias de acuerdo al registro bíblico, supone la existencia de un padrón moral objetivo por el cual juzgar los actos y acciones divinas. Sin embargo, este padrón moral objetivo sólo puede existir si Dios existe. De otra manera, nuestros valores morales no pasan de ser preferencias subjetivas, al mismo nivel que nuestros gustos deportivos o culinarios. Porque, para afirmar que algo es malo o injusto, debo tener alguna idea de lo que es bueno o justo. Pero, para tener alguna idea de lo justo necesito algún padrón moral objetivo e independiente que determine lo que es justo. Es decir, necesito una ley moral. Pero, una ley sólo puede ser normativa y vinculante en la medida que exista una autoridad que la respalde, esto es un legislador. Y esto no lleva de vuelta a Dios como fuente y garante de la ley. De manera que un argumento que se basa en la existencia (normalmente implícita y no reconocida) de una ley moral objetiva y absoluta, que establece por ejemplo, que el asesinato de niños es intrínsecamente malo, con independencia de las circunstancias históricas o culturales, no funciona: Una ley así demanda la existencia de Dios como legislador y garante. Por tanto, el argumento es auto contradictorio al suponer implícitamente la existencia de dicha ley y negar explícitamente la existencia de un Dios, sin el cual, una ley así no podría existir.

Por supuesto, el objetor puede cambiar de táctica y volver con un argumento minimalista, sosteniendo que él no quiere afirmar la existencia de una ley moral objetiva (cosa que, como vimos, está imposibilitado de hacer en estricto rigor lógico), sino simplemente afirmar que la existencia del Dios del AT es lógicamente incompatible con sus propios principios morales de bondad. El AT es, por tanto, incoherente. Pues bien, si incluso concediésemos que esto es así, no hace nada como argumento contra la existencia de Dios. Como vimos en el punto a), lo que se puede objetar, a partir de este punto es, como máximo, la inspiración del AT.

c) No obstante lo anterior, y sólo por amor del argumento, podemos mostrar que la acusación de que el Dios del AT es un "monstruo moral" carece de fundamento, cuando examinamos con profundidad el texto bíblico. Para ello debemos despejar las nubes de ignorancia teológica y hermenéutica que parecen exhibir hombres como Dawkins y Dennet.

Gran parte de la objeción se basa en una mala comprensión de la naturaleza de Dios. De acuerdo con la Biblia, él es el creador único y absoluto de todo lo que existe, y en particular de la raza humana. Dios, a diferencia de lo que se afirmaba en las mitologías paganas, no creó el mundo a partir de una materia preexistente, sino literalmente de la nada. Esto es, la creación existe por un acto libre y soberano de un Dios todopoderoso. No sólo esto, sino que continúa existiendo debido únicamente a su voluntad y poder sustentadores. Así lo afirma el salmo 104:

Todos ellos esperan en ti, 
Para que les des su comida a su tiempo. 
Les das, recogen; 
Abres tu mano, se sacian de bien. 
Escondes tu rostro, se turban; 
Les quitas el hálito, dejan de ser, 
Y vuelven al polvo. 
Envías tu Espíritu, son creados, 
Y renuevas la faz de la tierra.

En lenguaje más filosófico, podemos afirmar que todos los seres creados por él son contingentes y sólo él es necesario. Todas las criaturas dependen radicalmente de Dios para existir. Su existencia es así derivada absolutamente de Dios. No existen, ni pueden existir a parte de Dios. Es por un acto constante, libre y soberano de Dios que ellas llegaron a existir y continúan existiendo. Luego Dios es el Dueño y Señor soberano de su creación en un sentido absoluto y esencial. No obstante, Dios ha querido que algunas criaturas posean un grado más alto y pleno de existencia. Para ello las dotó de una voluntad libre. Esas criaturas, no están sólo bajo el gobierno de la ley natural, que es la manera en la que Dios gobierna todo el resto de su creación, sino también bajo el gobierno de la ley moral. Son responsables ante Dios, de la dirección de su vida y carácter. Pero, la existencia de la ley moral significa que nuestros actos implican responsabilidad moral, y Dios como legislador es también el juez soberano sobre la vida humana, que él creó y sustenta. De manera que Dios se relaciona con el hombre no sólo a través de ley natural, sino también a través de la ley moral.

Luego, el mal uso de la libertad creada puso a la raza humana completa bajo la esclavitud del pecado y la maldad, corrompiendo su naturaleza, que era originalmente buena. Este es el significado de la caída, relatada en los primeros capítulos de Génesis. El pecado original es un dato que de ninguna manera puede obviarse al entender los tratos de Dios con los hombres. Este pecado original implica la existencia de una persistente inclinación hacia el mal en toda la raza humana, que es, de esta manera, culpable ante la ley moral de Dios. Ahora bien, el castigo por la transgresión de la ley moral es la muerte. Pero, necesitamos entender el verdadero significado de la muerte según la Biblia. La ley moral no es otra cosa que la ley esencial de la vida humana, creada para vivir en unión y comunión voluntaria y consciente con Dios. La desobediencia a la ley moral, significa la autoexclusión voluntaria de dicha relación con Dios. Al actuar así el hombre excluye a Dios de su existencia, y esto trae consigo la muerte, que es el resultado de la ausencia de Dios. De manera que la muerte física es el resultado visible de la muerte espiritual. 

Una raza así podría haber sido desechada por Dios, en un estricto acto de justicia. No obstante él, en su paciencia y misericordia, permitió que la raza humana continuara existiendo, pues su deseo no era condenarla, sino redimirla. Esto, sin embargo, implicaba posibilidad de que la maldad alojada en el corazón humano creciese descontroladamente, al punto de corromper toda la raza más allá de un punto de retorno. Y es aquí donde entran en escena los juicios divinos en la historia, para impedir que el pecado destruya por completo toda traza de bien en nuestra naturaleza caída, pues entonces nuestra raza estaría perdida para siempre. Por ello, de tiempo en tiempo, cuando en algunos puntos específicos de la historia la maldad de de los hombres llegó a su colmo (el punto de no retorno), Dios intervino para, como juez soberano y dueño absoluto de nuestra vida y nuestra muerte, destruir a los malos e impedir la propagación total de la maldad. Dios tiene este derecho, deber y prerrogativa absolutos sobre la vida humana y nadie más los tiene, por que sólo él es Dios. Los hombres no tenemos, ni nunca tendremos, dicha prerrogativa, porque no somos Dios. De manera que un acto que es moralmente bueno en Dios, deja de serlo cuando es realizado por nosotros, ya que usurparíamos un derecho que sólo él posee. Esto es lo que queremos decir con nuestra expresión "jugar a ser Dios", que expresa claramente el abismo infranqueable que nos separa, como criaturas, de nuestro Creador.

Ahora, siendo que Dios posee conocimiento y bondad infinitos, sus juicios son necesariamente buenos y justos. Sin embargo, a ellos siempre se agrega su misericordia. Aún en los casos de juicios divinos más "extremos" en el AT, podemos descubrir este rasgo de misericordia ofrecida hasta el final, pues la paciencia de Dios espera mucho antes de ejecutar el juicio. Veamos algunos ejemplos: Antes de destruir Sodoma y Gomorra, sociedades donde la maldad, la violencia, la violación y el asesinato se habían convertido en la norma aceptada de conducta, Dios solicitó a Abraham que intercediera por ellos, pues si hubiese habido allí aunque fuera 10 personas buenas y no contaminadas con esa maldad, Dios hubiese perdonado a ambas ciudades. Lo mismo ocurrió con las naciones que Dios mandó destruir en la conquista de Canaán. La Biblia afirma que en los días de Abraham Dios le dijo que esperaría 400 años antes de destruír a los amorreos (naciones de Canaán), pues su "maldad aún no había llegado a su colmo". Esto se verificaría sólo 400 años después, a través de Josué. Aquí estaba en acción el mismo principio de Sodoma y Gomorra: mientras aún existiese entre ellos alguna traza de justicia y bondad no serían destruidos. Por tanto, tuvieron 400 años de misericordia para arrepentirse y cambiar. 

¿Pero qué de los niños inocentes? No mandó Dios matarlos también. Pues bien, es necesario entender esto en el contexto antes mencionado. Se trató de la ejecución de un mandato judicial de Dios a Israel, restringido y singular. No era de ninguna manera una norma moral permanente a ser observada, sino una excepción judicial. Israel no podía, ni tenía que hacer de ello una norma de conducta permanente. Vamos a usar un ejemplo para entenderlo: En los lugares donde existe la pena de muerte (sin entrar en la discusión de su validez), los verdugos que la ejecutan no pueden, de ninguna manera, considerar que este mandato específico de ejecución liberado por un juez, es una norma general de conducta; un permiso para matar a mansalva. Si así lo hicieran, acabarían muy pronto ellos mismos en la cámara de ejecución. Es la orden de un juez, dictada bajo derecho, la que hace ese acto realizable y ajustado a derecho en cada caso particular. De manera que es una total falta de comprensión afirmar que el Dios del AT ordena el asesinato de niños. Por el contrario, "no matarás" formaba parte del código moral fundamental dado por Dios a Israel. Su violación se castigaba con la muerte. Así, la Biblia establece el carácter sagrado e inviolable que la vida humana debe tener para los hombres. Sólo Dios, en su calidad de Autor, Sustentador y Juez justo y soberano de la vida humana, tiene derecho a tomarla, así como también sólo él tiene poder para concederla.

De manera que queda preguntarse si Dios estaba justificado moralmente en destruir a los niños, según el relato bíblico. En este caso debemos entender que la completa depravación de la sociedad en la que vivían ya había condenado a esos niños. Estaban destinados a ser violados, abusados, maltratados, esclavizados, quemados como ofrendas a sus dioses, y corrompidos física y mentalmente de las maneras más espantosas concebibles. La muerte era, en su caso, un acto de misericordia; una puerta de salida de ese destino cruel. ¿Por qué? Porque, debido al sacrificio de Cristo, el reino de los cielos está abierto para los niños. La muerte física no es el final de todo para Dios. Es nuestra mentalidad materialista la que nos lleva a pensar así. Por el contrario, al morir sin poseer aún responsabilidad moral, esos niños fueron librados del mal al que estaban condenados, y preservados para el reino celestial, antes de que las semillas de maldad sembradas en sus corazones por sus padres germinaran y dieran fruto. No, hasta que Cristo viniera, muriera y resucitara, habría alguna posibilidad de salvación para el corazón corrompido del hombre. Por eso, a partir de Cristo todo cambió. Pues en él, Dios ha provisto el poder necesario para renovar y transformar aún al más corrompido y malvado de los hombres. Pero esto no era posible en el AT. Por ello, Dios no hubiese bueno ni justo, si no hubiese ejecutado su juicio como lo hizo. 

5. ¿Existe realmente el infierno? De acuerdo a la Biblia, si existe. Jesús mismo habló de él como un lugar de tormento y dolor, creado originalmente para el Diablo y sus ángeles. Podemos acercarnos a comprender su verdadera naturaleza mediante un ejemplo más accesible: Resulta un lugar común escuchar la expresión "Sin Dios y sin ley" cuando se quiere describir un lugar donde los hombres se comportan de una manera particularmente corrupta y malvada. Sin embargo, nadie en esta tierra ha experimentado lo que significa un lugar donde Dios está absolutamente ausente. Pues aún en las condiciones más terribles de este mundo, alguna traza del bien de Dios persiste. Sin embargo, el infierno es la ausencia definitiva y completa de Dios en la existencia humana. Y cuando Dios desaparece, todo bien desparece con él. Esta ausencia absoluta de Dios es el resultado de la voluntad creada que se obstina en excluir a Dios hasta un punto de no retorno, cuando se vuelve incapaz para siempre de desear otra cosa que no sea ella misma. El juicio de Dios no consiste más que en permitir que esto ocurra, hasta las últimas consecuencias. En este caso, Dios todavía puede realizar una última "misericordia" para con una criatura así de malvada: dejarla existir eternamente de la manera en que ella ha elegido existir: excluida para siempre de Dios. C.S. Lewis dijo que "al final sólo existen dos tipos de hombres: aquellos que dicen a Dios, hágase tu voluntad; y aquellos a quienes Dios dice, hágase tu voluntad". Al final de todo, la creación entera se llenará de la gloria de Dios y los condenados no podrán, ni desearán jamás vivir en la presencia de esa gloria aunque se les ofreciera una y mil veces. Se habrán autoexcluido de ella, y, con ello, de la creación divina para siempre. En ese punto, sólo les restará el infierno ¿Pero, por qué Dios no destruye a los malos al final? Porque el don de existir, aunque sea perdidos para siempre, sigue siendo para ellos un bien superior a "no existir". Pero recuerda, ellos, y no Dios, habrán elegido ese destino para sí. 

Esto nos debe hacer meditar profundamente. Ningún ser humano es algo común. Tu, yo, y todas las personas que vemos a nuestro alrededor cada día estamos en proceso de convertirnos, en palabras una vez más C.S. Lewis, en esplendores eternos, destinados a una felicidad infinita, o en horrores eternos, destinados a la total infelicidad. Todo dependerá de cómo respondamos a Jesucristo.

A tu servicio en Cristo,




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