martes, 19 de abril de 2011

Relativismo Moral, un fracaso intelectual.

Dr. Francis J. Beckwith


El propósito de este artículo es abordar de una forma crítica el problema del relativismo moral, el cual obstaculiza nuestra habilidad para tratar crítica y racionalmente cuestiones de gran importancia ética.

Introducción
En su influyente obra, The Closing of the American Mind, el profesor Allan Bloom hace la siguiente observación: “hay una cosa de la que un profesor puede estar absolutamente seguro: casi todos los estudiantes que entran en la universidad creen, o dicen creer, que la verdad es relativa (...) Los estudiantes no pueden, por supuesto, defender su opinión. Es algo con lo que han sido adoctrinados.” [1]

Al afirmar dogmáticamente que no existe la verdad, las personas han cerrado su mente a la posibilidad de conocer la verdad, si es que ésta existe. Por consiguiente, el relativismo moral – la creencia de que no hay valores morales objetivos que trasciendan la cultura o a la persona – es, en la actualidad, el principio en el que se basa la mayor parte de la retórica moral norteamericana. Esta es la razón por la que muchas personas empiezan o terminan sus juicios morales con frases tales como, “Es solamente mi opinión personal”, “Por supuesto, no estoy juzgando el comportamiento de nadie”, o “Si tú piensas que es correcto, está bien, pero yo estoy en contra.” Aunque estas declaraciones son acertadas en algunas ocasiones, a menudo se usan de forma inapropiada. Consideremos unos cuantos ejemplos en los que el relativismo moral afecta la manera en la que muchas personas se plantean los temas éticos.

El Debate sobre el Aborto
Algunos defensores del aborto responden a los argumentos pro-vida con eslóganes llamativos como: “Pro-elección,” y yo elijo mi posición”, “Si no te gusta el aborto, no lo practiques”, o “El aborto está en contra de mis creencias, pero nunca impondría mis creencias a otros.” Estos eslóganes intentan expresar de una manera sencilla la línea por la que han optado los políticos y otros que quieren evitar confrontaciones –es decir, no tomar una posición definida sobre el tema del aborto. Es un intento de encontrar un “término medio”; una forma de evitar ser etiquetado de “extremista”– ya sea de una u otra posición.

Durante la campaña presidencial de 1984 —cuando los medios de comunicación cuestionaron las creencias católicas de Geraldine Ferraro y abordaron el conflicto en el que entró por su aparente defensa del aborto— el Gobernador de Nueva York, Mario Cuomo, en una conferencia pronunciada en la Universidad de Notre Dame, intentó dar un tono intelectual a este “término medio”. Quiso aplicar un fundamento filosófico a la posición de su amiga; no obstante, fracasó rotundamente. Y es que no se puede apelar al hecho de que vivamos en una sociedad pluralista (caracterizada por el pluralismo/relativismo moral) cuando la misma cuestión de quién es parte de esa sociedad (eso es, si incluye a los niños nonatos) es el punto de discordia. Cuomo no cayó en cuenta de esta última puntualización, por lo que perdió el debate.

El presupuesto relativista del que parte el pro-abortista para reivindicar su posición revela un tremendo desconocimiento del posicionamiento pro-vida. Si uno cree que el feto es un ser humano completo (una persona), entonces los fetos que están en el seno de las mujeres pro-elección son tan humanos como los que están en el seno de las mujeres pro-vida. Para los pro-vida, un feto no es menos persona simplemente porque esté viviendo dentro de Whoopi Goldberg o Cybil Sheperd. La ideología no modifica la identidad.

Feto humano
(aprox. 24 semanas de gestación)
Los pro-elección deberían por lo menos esforzarse en entender la posición pro-vida. Cuando ellos dicen a los pro-vida (como hacen a menudo) que están en su derecho de creer lo que quieran, démonos cuenta que están promocionando —aunque sea inconscientemente— las tácticas radicales de Operación Rescate (OR). Si tú creyeras que se estaba asesinando a un tipo de personas desmembrándolas, asfixiándolas y quemándolas —sufriendo un gran dolor en muchos casos— ¿no te quedarías perplejo si alguien intentara apaciguar tu indignación diciéndote que si no te gusta, no hace falta que participes en esos asesinatos? Eso es exactamente lo que los pro-vida oyen cuando los que apoyan el aborto les dicen, “Si no te gusta el aborto, no lo practiques”, o “Soy pro-elección y elijo mi posición”. Para una persona pro-vida, esto es como decirle a un abolicionista, “Si no te gusta la esclavitud, no tengas un esclavo”, o decirle a Dietrich Bonhoffer, “Si no te gusta el holocausto, no mates a un judío”. Consecuentemente, pedir que los pro-vida “no impongan sus creencias pro-vida en otros” cuando al mismo tiempo reivindican que “ellos tienen derecho a creer lo que quieran” es mostrar una increíble ignorancia de lo que los argumento de los pro-vida significan.

Contrariamente a la creencia general, la llamada posición “pro-elección” no es una posición neutral. La reivindicación del abortista de que las mujeres deberían tener el “derecho a elegir” asesinar sus fetos equivale a rechazar la posición pro-vida de que los fetos merecen protección. Y la afirmación del pro-vida que los fetos son humanos completos con derecho a la vida equivale a negar la posición abortista de que las mujeres tienen un derecho fundamental de poner fin a sus embarazos, puesto que tal fin resulta ser un homicidio. En conclusión, parece que apelar al relativismo moral (o pluralismo moral, según lo ha denominado Mario Cuomo) para “encontrar una solución” al debate sobre el aborto es imposible intelectualmente hablando.

Censura y Bien Público
Otro ejemplo del efecto del relativismo moral en la forma en la que mucha gente enfoca los problemas éticos puede verse en los argumentos a favor del boicot de productos anunciados en los programas de televisión que, según ciertos grupos, son psicológica y moralmente dañinos. La respuesta que se suele dar a estos grupos es, “Si no te gusta un programa en particular, no tienes por qué mirarlo. Siempre puedes cambiar de canal.” Pero, ¿es esta respuesta realmente convincente? Tenemos que destacar que estos grupos no dicen solamente que creen que los programas en cuestión son ofensivos, sino que sostienen además que estos transmiten mensajes y crean un clima moral que afecta a otros —especialmente niños— negativamente: son nocivos para el bien público. Por lo tanto, lo que preocupa a estos grupos es que tú y tus hijos no cambien de canal.

Creo que si estos grupos emplean la presión social y económica contra las compañías privadas —sin llegar a demandar la censura estatal— (tal y como vienen haciendo desde hace tiempo los grupos feministas y los defensores de los derechos civiles), se logra un equilibrio de libertades. Tanto los unos como los otros son libres para perseguir sus intereses dentro de los límites de la protección constitucional. Obviamente, los dos grupos tienen que estar dispuestos a aceptar las consecuencias sociales y económicas de sus actos. Este parece ser el mejor camino para alcanzar al bien público. Notemos que esta posición no recurre al relativismo ético, sino que se toma en serio los valores de la libertad, el bien público y los derechos del individuo e intenta mantener estos valores de una forma coherente y justa.

Argumentos a favor del relativismo moral
Hay varios argumentos que la gente ha propuesto para defender el relativismo moral. Dos de estos son especialmente conocidos, y resurgen una y otra vez en nuestra cultura tomando diferentes formas. El resto del artículo trata de examinar estos argumentos.

Argumento 1:
La Diversidad en la Práctica Moral. Dado que las culturas e individuos difieren en ciertas prácticas morales, no hay valores morales objetivos. Pero podemos presentar varias objeciones a este argumento.

Adolf Hitler
En primer lugar, el hecho de que la gente no esté de acuerdo en algo no significa que no haya una verdad objetiva. Por ejemplo, si tú y yo diferimos sobre si la tierra es o no redonda, eso no prueba que la tierra no tenga forma. En el debate ético, el hecho de que un “cabeza rapada” (skinhead, un tipo de joven neo-nazi) y yo no estemos de acuerdo en si deberíamos tratar a las personas por igual y justamente no es prueba suficiente para decir que la igualdad y la justicia no tienen un valor objetivo. Aunque los individuos y las culturas no compartan todos los valores, no por ello concluiremos que, ante los valores correctos, no existe lo bueno ni lo malo. Es decir, podemos decir que podría haber una cultura o individuo moralmente equivocado, como por ejemplo Adolf Hitler y la Alemania nazi.

Otro problema de este argumento es que no nace del hecho de que las culturas y los individuos tienen prácticas morales diferentes basadas en valores diferentes. Por ejemplo, el hecho de que algunas mujeres isleñas que viven en los Mares del Sur no se cubran los pechos y que las mujeres británicas se los cubran, no quiere decir que las primeras no valoren la modestia. Debido al clima, las condiciones ambientales, y ciertas creencias religiosas, los pueblos de los Mares del Sur han desarrollado ciertas prácticas con las que manifiestan el valor transcultural de la modestia. Aunque las culturas manifiesten los valores como la honestidad, la valentía, y la protección de la vida de forma diferente, eso no quiere decir que promuevan la hipocresía, la cobardía, o el asesinato arbitrario.

En segundo lugar, a veces, lo que parecen diferencias morales no son más que diferencias formales. Por ejemplo, muchas personas que viven en la India no comen carne de vaca porque creen en la reencarnación —que las vacas pueden poseer las almas de seres humanos difuntos. En los Estados Unidos no creemos que las vacas puedan tener almas humanas. Por esta razón, comemos carne de vaca —pero no comemos a la abuela. Superficialmente parecería, por lo tanto, que existe una diferencia fundamental de valores entre indios y americanos. Pero esto sería una conclusión precipitada, sin embargo, ya que ambas culturas creen que es incorrecto comerce a la abuela; los indios, sine mbargo, creen que la vaca puede tener el alma de la abuela. Así pues, las diferencias entre estas costumbres alimenticias son factuales, y no valorativas.

Podríamos aportar otros ejemplos para demostrar que este primer argumento a favor del relativismo moral es inadecuado. [2] Sin embargo, deberíamos tener en cuenta que el hecho de que haya algunos valores comunes a todos los pueblos y culturas no quiere decir que todas las culturas compartan los mismos valores. Obviamente, algunos pueblos y culturas pueden haber desarrollado valores que otros pueblos no hayan desarrollado. Por lo tanto, el descubrimiento de un valor único en una sociedad concreta no anula mi tesis central de que hay ciertos valores que están presentes en todas las sociedades, ya sea de forma implícita o explícita.

En tercer lugar, el argumento de las distintas prácticas, además de dar la imagen equivocada de que los conflictos éticos son en algún sentido insolubles, hace demasiado hincapié en las diferencias mientras que pasa por alto las similitudes. En EE.UU., cuando se debate sobre problemas éticos, tendemos a pensar en problemas contemporáneos —el aborto, la eutanasia, la discriminación positiva, etc.— en torno a los cuales hay, obviamente, una acalorada discusión. Sin embargo, solemos ignorar el hecho de que los que llevan a cabo estos debates éticos comparten cierto número de valores en común, de que hay muchas cuestiones morales sobre las cuales la mayoría de estadounidenses están de acuerdo (por ejemplo, “Está mal abusar sexualmente de niñas de seis años”), y de que se han resuelto algunos conflictos éticos del pasado (por ejemplo, la esclavitud, el sufragio universal). Por lo tanto, al poner nuestra atención únicamente en los desacuerdos, hemos perdido el rumbo. El filósofo James Rachels ilustra este punto con un ejemplo extraído de la ciencia:

Si pensamos en cuestiones como el aborto, la eutanasia, la discriminación positiva, etc., es fácil concluir que en el campo de la ética, es imposible hallar “pruebas”. Pero podríamos decir lo mismo de la ciencia. Hay muchos asuntos complicados sobre los que los físicos no pueden ponerse de acuerdo; y si sólo centramos nuestra atención en esos problemas, tendríamos que concluir que en la física tampoco existen las “pruebas”. Sin embargo, hay muchos asuntos sencillos en la física que se pueden probar, y sobre los cuales todos los físicos están de acuerdo. De igual forma, en la ética hay gran cantidad de cuestiones que son mucho más sencillas que el aborto, acerca de las cuales todas las personas razonables deben estar de acuerdo. [3]

Argumento 2:
La Virtud de la Tolerancia. Puesto que el relativismo ético promueve la tolerancia de ciertas prácticas culturales que para los occidentales pueden resultar extrañas, el relativismo ético es un principio bueno. Sin embargo, aunque la tolerancia es a menudo una virtud, los relativistas éticos sencillamente no pueden justificar su posición apelando a este tipo de tolerancia.

En primer lugar, el valor de la tolerancia presupone la existencia de por lo menos un valor real objetivo (o absoluto): la tolerancia. El bioético Tom Beauchamp hace la siguiente observación:

Si se dice que el relativismo normativo tiene que ser tolerante con otros puntos de vista, toda su teoría corre el peligro de la inconsistencia. Las propuestas de que deberíamos tolerar el punto de vista de los otros, o de que sea correcto no interferir en los auntos de los demás, no son permitidas por las mismas restricciones de la teoría. Esta propuesta lleva en sí misma todas las marcas de una consideración no-relativa de la corrección moral, una basada en, pero no reeducible a, los hallazgos transculturales dee los antropólogos... Pero si este principio moral [de tolerancia] se reconoce como válido, se puede emplear, por supuesto, como un instrumento para criticar tales prácticas culturales como la violación de los derechos humanos de las minorías o la creencia en la supremacía racial. Un compromiso moral con la tolerancia de otras prácticas y creencias conduce inexorablemente al abandono del relativismo normativo. [4]

En segundo lugar, la tolerancia solamente puede ser una virtud si pensamos que la otra persona, cuyo punto de vista debemos tolerar, está equivocada. Es decir, Si no creemos que un punto de vista es mejor que otro, no tiene sentido que seamos tolerantes con otros puntos de vista. Porque la tolerancia de un punto de vista implica que esa persona tiene derecho a mantener su punto de vista a pesar de que otros puedan pensar que está equivocado. Ser tolerante con posiciones diferentes significa simplemente eso: puntos de vista diferentes, que no pueden ser igualmente correctos al mismo tiempo. El hombre que se cree tolerante, mientras que al mismo tiempo cree que nadie puede saber dónde está el límite entre el bien el mal de un valor moral concreto no es, de hecho, más virtuoso que el hombre que supone que su virginidad es castidad a pesar de haber nacido sin órganos sexuales. Consecuentemente, la tolerancia real presupone que alguien está en lo cierto y que alguien está equivocado, lo cual, implícitamente, niega el relativismo moral.

No obstante, debemos reconocer que hay un motivo noble detrás de la tolerancia de los relativistas. Creen que su postura de tolerancia nos ayudará a comprender mejor a otras culturas y personas, y a no ser hipercríticos con sus costumbres. Esto, a su vez, nos impedirá usar dicha crítica para justificar la imposición por la fuerza de nuestras propias prácticas culturales a otros, como por ejemplo obligar a las mujeres de los Mares del Sur a cubrir sus pechos desnudos o a forzar a familias polígamas a que se rompan para hacerse monógamas. Puedo simpatizar con este tipo de tolerancia transcultural. Sin embargo, como he dicho anteriormente, las prácticas culturales son diferentes a los valores culturales. El hecho de que algunas culturas tengan costumbres diferentes no quiere decir que tengan valores diferentes.

Las controversias sobre la eliminación de ciertos libros del programa de la escuela pública y de las bibliotecas es un ejemplo de cómo las personas pueden estar de acuerdo acerca de los valores y, sin embargo, discrepar en cuento a su práctica. Los que están a favor de las líneas más conservadoras, que son los que normalmente están a favor de la censura, suelen proponer que algunos materiales no son apropiados para según qué edades. Sostienen que los más apropiados para saber lo que es bueno para sus hijos son los padres, y no los educadores. Por otra parte, sus oponentes, conocidos como los defensores de la libertad de expresión, generalmente proponen que deberíamos dejar que los profesores y los educadores decidiesen cuál es el material apropiado, aunque creen que se debería trazar alguna pauta previa. Por ejemplo, ninguno de estos promotores de la libertad de expresión defiende el darle material pornográfico a un niño de cuarto.

Esto, por supuesto, hace que el debate sea de lo más interesante, ya que significa que las dos partes están de acuerdo en que deben seguirse unos principios generales: debe haber una pauta, hay materiales más adecuados para cada edad, y la educación es importante. Ambos son partidarios de alguna clase de “censura”. Sólo difieren en quién debería ser el censor, qué se debería censurar y sobre qué base se debería tomar la decisión. Por lo tanto, ambos sostienen muchos valores iguales, pero no están de acuerdo en cuanto a la aplicación de estos valores, y la aceptabilidad de ciertos juicios de valor.

Aunque esta distinción entre los valores y su puesta en práctica en sí nos ayuda a ser tolerantes con las prácticas culturales muy diferentes a las nuestras, también son útiles para hacer juicios morales valiosos acerca de otros y de nosotros mismos. En primer lugar, somos libres para criticar las prácticas culturales intolerables que violan los valores humanos fundamentales, tales como el caso de genocidio nazi en Alemania y el apartheid en Sudáfrica. En segundo lugar, podemos reconocer el verdadero progreso moral, tal como en el caso de la abolición de la esclavitud. Y en tercer lugar, pueden existir verdaderos reformadores morales, como Martin Luther King, Jr., y los profetas del Antiguo Testamento, voces proféticas que reprendían a sus culturas por haberse apartado de una práctica moral verdadera basada en los valores humanos fundamentales.

Los tres puntos anteriores —cada uno de los cuales nace de una creencia en los valores transculturales objetivos— no están basados en el relativismo ético. Es decir, para poder ser coherente, el relativista ético no podría criticar las prácticas morales intolerables, creer en el verdadero progreso moral, ni reconocer la existencia de los reformadores morales. Estas tres formas de juicio moral implican la existencia de valores transculturales objetivos.

Madre Teresa de Calcuta
Aunque se puede decir mucho más acerca de la justificación y la existencia de ciertos valores, [5] lo expuesto en este artículo es suficiente para demostrar que el relativismo ético es enormemente problemático. Demuestra que podemos hablar y discutir racionalmente los unos con los otros acerca de lo correcto y lo incorrecto sin recurrir a la declaración de que los juicios éticos son meramente subjetivos o relativos y que tales juicios tienen todos igual validez. Porque afirmar esto último nos llevaría la absurda conclusión de que la Madre Teresa de Calcuta no es ni más ni menos virtuosa que Adolf Hitler. Creo que esto es suficiente para demostrar que el relativismo ético no es sostenible.

El relativismo ético ha sido rechazado por la mayoría de filósofos y teóricos de la ética tanto seculares como teístas. [6] Con todo, en muchas de nuestras instituciones seculares todavía está bien visto adoptar esta posición: es más tolerante, más abierto y más respetable —intelectualmente hablando— que el viejo “absolutismo”. [7] Como hemos visto, sin embargo, el relativismo moral no es coherente con la tolerancia, se cierra absolutamente a la posibilidad de la verdad moral, y es un fracaso intelectual.

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El Dr. Francis J. Beckwith es Profesor asociado de Filosofía, Cultura y Derecho; Especialista W.Howard Hoffman, en Trinity Graduate School, Trinity International University (Deerfield,IL), Campus de California. Sus últimos libros son Politically Correct Death: Answering the Arguments for Abortion Rights (Baker,1993) y Are You Politically Correct? Debating America’s Cultural Standards (Prometheus,1993)
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NOTAS
[1] Allan Bloom, The Closing of the American Mind (New York: Simon and Schuster, 1987), 25.
[2] James Rachels, "A Critique of Ethical Relativism," in Philosophy: The Quest for Truth, ed. Louis P. Pojman (Belmont, CA: Wadsworth, 1989), 322-23.
[3] James Rachels, "Some Basic Points about Arguments," in The Right Thing to Do: Basic Readings in Moral Philosophy, ed. James Rachels (New York: Random House, 1989), 40.
[4] Tom L. Beauchamp, Philosophical Ethics: An Introduction to Moral Philosophy (New York: McGraw-Hill, 1982), 42.
[5] Si quiere leer una defensa filosófica de valores universales concretos, consulte C. S. Lewis, The Abolition of Man (New York: Macmillan, 1947), 95-121; Lewis, Mere Christianity (New York: Macmillan, 1984), chapters 1-5; Rachels, "A Critique," 322-24; y J. P. Moreland, Scaling the Secular City (Grand Rapids: Baker Book House, 1987), Cap. 4.
[6] Por ejemplo, ver Rachels, "A Critique"; J. P. Moreland y Norman L. Geisler, The Life and Death Debate: Moral Issues of Our Time (New York: Greenwood Press, 1990), Cap. 1.
[7] Creo que una mejor denominación sería ‘objetivismo ético’, ya que no todos los valores que sostienen los absolutistas son exactamente iguales; algunos son mejores que otros. Ver Norman L. Geisler, Christian Ethics: Options and Issues (Grand Rapids: Baker Book House, 1989).

Traducción: Darryl Fox.
Via: MenteAbierta.es

jueves, 14 de abril de 2011

El problema del mal

William Lane Craig
(Versión pdf aquí)

W. L. Craig
El problema del mal es, sin duda, el mayor obstáculo para creer en la existencia de Dios. Al ponderar tanto la extensión como la profundidad del sufrimiento en el mundo, ya sea debido a la inhumanidad del hombre hacia el hombre, o a los desastres naturales, debo confesar que me resulta difícil creer que Dios existe. No hay duda de que muchos de ustedes han sentido lo mismo. Tal vez todos deberíamos ser ateos.

Pero este es un paso bastante grande a tomar. ¿Cómo podemos estar seguros de que Dios no existe? Tal vez hay una razón por la cual Dios permite todo el mal en el mundo. Tal vez, de alguna manera, todo se inscribe en un gran esquema de cosas, que sólo podemos discernir vagamente y de algún modo ¿Cómo lo sabemos?

Como teísta cristiano, estoy convencido de que el problema del mal, terrible como es, no constituye al final una refutación de la existencia de Dios. Por el contrario,  creo que el teísmo cristiano es la última esperanza del hombre para resolver el problema del mal.

Con el fin de explicar por qué me siento así, será útil establecer algunas distinciones, para hacer más claro nuestro pensamiento. En primer lugar, hay que distinguir entre el problema intelectual del mal y el problema emocional del mal. El problema intelectual del mal tiene que ver con dar una explicación racional sobre cómo Dios y el mal pueden coexistir. El problema emocional, con cómo resolver el disgusto emocional de las personas con un Dios que permite el sufrimiento.

Ahora, vamos a ver primero el problema intelectual del mal. Hay dos versiones de este problema: En primer lugar, el problema lógico del mal; y en segundo lugar, el problema probabilístico del mal.

De acuerdo con el problema lógico del mal, es lógicamente imposible para Dios y el mal coexistir. Si Dios existe, entonces el mal no puede existir. Si el mal existe, entonces Dios no puede existir. Dado que el mal existe, se sigue que Dios no existe.

Pero, el problema con este argumento es que no hay razón para pensar que Dios y el mal son lógicamente incompatibles. No hay una contradicción explícita entre ellos. Pero si el ateo quiere decir que hay algunas contradicciones implícitas entre Dios y el mal, entonces debe asumir algunas premisas ocultas que ponen de manifiesto esta contradicción implícita. Pero, el problema es que ningún filósofo ha sido capaz de identificar tales premisas. Por lo tanto, el problema lógico del mal no demuestra ninguna incompatibilidad entre Dios y el mal.

Pero más que esto: En realidad podemos probar que Dios y el mal son lógicamente consistentes. Observe, el ateo presupone que Dios no puede tener razones moralmente suficientes para permitir el mal en el mundo. Pero esta suposición no es necesariamente cierta. En tanto sea posible que Dios halle razones moralmente suficientes para permitir el mal, se sigue que Dios y el mal son lógicamente consistentes. Y, sin duda, esto parece al menos lógicamente posible. Por lo tanto, estoy muy contento de estar en condiciones de informar que existe un amplio consenso entre los filósofos contemporáneos de que el problema lógico del mal ha sido disuelto. La co-existencia de Dios y el mal es lógicamente posible.

Pero no estamos fuera de peligro todavía. Porque ahora nos enfrentamos al problema probabilístico del mal. De acuerdo a esta versión del problema, la co-existencia de Dios y el mal es lógicamente posible; sin embargo, es altamente improbable. El alcance y la profundidad del mal en el mundo son tan grandes, que es improbable que Dios pudiese tener razones moralmente suficientes para permitirlo. Por lo tanto, dado el mal en el mundo, es improbable que Dios exista.

 Ahora bien, este es un argumento mucho más poderoso, y por lo tanto quiero centrar nuestra atención en él. En respuesta a esta versión del problema del mal, quiero proponer tres puntos principales:

1.  No estamos en una buena posición para evaluar la posibilidad de que Dios no tenga razones moralmente suficientes para los males que acontecen. Como personas finitas,  somos limitados en cuanto a tiempo, espacio, inteligencia y perspicacia. Pero el Dios trascendente y soberano ve el fin desde el principio y ordena la historia providencialmente, de modo que sus propósitos se completen, en última instancia, a través de las decisiones humanas libres. Con el fin de conseguir sus fines, Dios pudiera tener que tolerar ciertos males en el camino. Males que nos parecen sin sentido dentro nuestro limitado marco de referencia, podrían verse como correctos dentro  del  marco de referencia más amplio que Dios posee. Tomo prestada una ilustración desde un campo en desarrollo de la ciencia, la Teoría del Caos: En ella, los científicos han descubierto que ciertos sistemas macroscópicos, como por ejemplo, los sistemas de clima o las poblaciones de insectos, son extraordinariamente sensibles a las más pequeñas perturbaciones. El aleteo de una mariposa sobre una rama en el África occidental puede establecer un movimiento de fuerzas que con el tiempo se convierta en un huracán sobre el Océano Atlántico. Sin embargo, es imposible, en principio, para cualquier persona que observa la mariposa palpitar en una rama predecir ese resultado. El brutal asesinato de un inocente, o un niño muriendo de leucemia, podría producir una especie de efecto dominó a través de la historia, de tal manera que la razón moralmente suficiente por la cual Dios lo permite  pudiera no emerger hasta muchos siglos más tarde y tal vez en otro mundo. Cuando usted piensa en la providencia de Dios a través de toda la historia, puede ver cuán imposible es para observadores limitados especular sobre la probabilidad de que Dios no tenga una razón moralmente suficiente para permitir que un cierto mal acontezca. No estamos en una buena posición para evaluar tales probabilidades.  

2.  La fe cristiana implica doctrinas que aumentan la probabilidad de la co-existencia de Dios y el mal. De este modo, estas doctrinas disminuyen cualquier improbabilidad de la existencia de Dios debido a la existencia del mal ¿Cuáles son algunas de estas doctrinas? Permítanme mencionar cuatro:

          a. El objetivo principal de la vida no es la felicidad, sino el conocimiento de Dios. Una de las razones por las que el problema del mal parece tan desconcertante, es que tendemos a pensar que si Dios existe, entonces su meta para la vida humana es la felicidad en este mundo. El papel de Dios consistiría en proporcionar un ambiente cómodo para su mascota humana. Pero esto es falso desde el punto de vista cristiano. No somos animales domésticos de Dios, y el fin del hombre no es la felicidad en este mundo, sino el conocimiento de Dios, que en última instancia, traerá la realización humana verdadera y eterna. Muchos de los males que ocurren en la vida tal vez sean completamente inútiles en lo que respecta a la meta de producir la felicidad humana en este mundo, pero pueden estar justificados con respecto a producir el conocimiento de Dios. El sufrimiento humano inocente es una oportunidad  para profundizar la dependencia y confianza en Dios, ya sea por parte de la víctima o de los que la rodean. Por supuesto, que el propósito de Dios se logre a través de nuestro sufrimiento dependerá de nuestra respuesta. ¿Responderemos a Dios con ira y amargura, o nos volveremos a Él con fe en busca de la fuerza necesaria para resistir?

         b. La humanidad se encuentra en un estado de rebelión contra Dios y su propósito. En lugar de someterse y adorar a Dios, la gente se rebela contra Dios para seguir su propio camino. Se encuentra así, alejada de Dios, moralmente culpable ante él, y anda a tientas en la oscuridad espiritual, persiguiendo los falsos dioses de su propia creación. Los terribles males humanos en el mundo son testimonio de la depravación del hombre en este estado de alienación espiritual de Dios. El cristiano no está sorprendido por la maldad humana en el mundo; por el contrario, la espera. La Biblia dice que Dios ha entregado a la humanidad al pecado que esta ha elegido. Él no interfiere para detenerlo, sino que  permite que la depravación humana siga su curso. Esto sólo da ocasión de  aumentar la responsabilidad moral de la humanidad ante Dios, así como nuestra maldad y nuestra necesidad de perdón y limpieza moral.

          c. El conocimiento de Dios fluye hacia la vida eterna. Desde el punto de vista cristiano, esta vida no es todo lo que hay. Jesús prometió vida eterna a todos los que depositan su confianza en él como su Salvador y Señor. En la otra vida, Dios recompensará a los que han sobrellevado su sufrimiento con valor y confianza, con una vida eterna de gozo indescriptible. El apóstol Pablo, que escribió gran parte del Nuevo Testamento, vivió una vida de increíble sufrimiento. Sin embargo, él escribió, "No os desaniméis. Pues esta aflicción leve y momentánea nos está preparando para un eterno peso de gloria más allá de toda comparación, porque no miramos las cosas que se ven, sino a las cosas que son invisibles, porque las cosas que se ven son temporales, pero las cosas que no se ven son eternas "(II Cor. 4:16-18 ). Pablo imagina una escalera en la que, por así decirlo, todos los  sufrimientos de esta vida se colocan de un lado, mientras que del otro lado se coloca la gloria que Dios va a otorgar a sus hijos en el cielo. El peso de la gloria es tan grande que está, literalmente, más allá de la comparación con el sufrimiento. Por otra parte, cuanto más tiempo pasemos en la eternidad, tanto más los sufrimientos de esta vida se reducirán a un momento infinitesimal. Es por eso que Pablo podía  llamarlos "una aflicción leve y momentánea" que quedaba simplemente abrumada por el océano de la eternidad divina y la alegría que Dios derrama en los que confían en él.

          d. El conocimiento de Dios es un bien inconmensurable. Conocer a Dios, la fuente de una bondad y amor infinitos, es un bien incomparable y la realización de la existencia humana. Los sufrimientos de esta vida ni siquiera se pueden comparar con ello. Por lo tanto, la persona que conoce a Dios, sin importar lo que sufre ni cuán terrible es el dolor, todavía puede decir, "Dios es bueno para mí", simplemente por el hecho de que conoce a Dios, el bien incomparable.

Estas cuatro doctrinas cristianas reducen en gran medida cualquier improbababilidad que el mal parece arrojar sobre la existencia de Dios.

3.  En relación al alcance total de la evidencia, es probable la existencia de Dios. Las probabilidades son relativas al trasfondo que se considera. Por ejemplo, supongamos que Joe es un estudiante de la Universidad de Colorado. Supongamos ahora que se nos informa que el 95% de los estudiantes  de la Universidad de Colorado esquía. Según esta información, es muy probable que Joe esquíe. Pero supongamos que también nos informamos  que a Joe le falta una pierna y que el 95% de los amputados de la Universidad de Colorado no esquía. ¡De repente, la probabilidad de que Joe sea un esquiador ha disminuido drásticamente!

Del mismo modo, si todo lo que cuenta como trasfondo es el mal en el mundo, entonces no es de extrañar que la existencia de Dios parezca improbable en relación a ello. Pero esa no es la verdadera cuestión. La pregunta real es si la existencia de Dios es improbable en relación con toda  la evidencia disponible. Estoy convencido de que, si tenemos en cuenta la evidencia total, entonces la existencia de Dios es muy probable.
Permítanme mencionar tres piezas de evidencia:

          a. Dios provee la mejor explicación de por qué existe el universo en lugar de nada. ¿Alguna vez se preguntó por qué existe algo en absoluto? ¿De dónde viene todo? Por lo general, los ateos han dicho que el universo es eterno e incausado. Sin embargo, los descubrimientos en astronomía y astrofísica de los últimos 80 años lo han vuelto improbable. De acuerdo con el modelo del Big Bang del universo, toda la materia y la energía, de hecho, el espacio físico y el tiempo mismos, comenzaron a existir en un momento dado hace unos 13.5 mil millones años. Antes de ese momento, el universo simplemente no existía. Por lo tanto, el modelo del Big Bang requiere la creación del universo de la nada.

Quentin Smith
Ahora bien, este tiende a ser muy embarazoso para un ateo. Quentin Smith, un filósofo ateo, escribe:
La respuesta de los ateos y agnósticos a este desarrollo ha sido relativamente débil, de hecho, casi invisible. Un incómodo silencio parece ser la norma cuando la cuestión se plantea entre los no-creyentes... La razón de la vergüenza de los no-teístas no es difícil de encontrar. Anthony Kenny la sugiere en esta declaración:  "Un defensor de la teoría [Big Bang], al menos si es un ateo, debe creer que la materia del universo surgió de la nada y por nada.

No hay tal dificultad  para el teísta cristiano, puesto que la teoría del Big Bang no hace sino confirmar lo que siempre ha creído: que en el principio Dios creó el universo. Ahora bien, este es el punto, ¿Qué es más plausible?: ¿Que el teísta cristiano esté en lo correcto o que el universo viniese a existir sin causa, de la nada?

          b. Dios provee la mejor explicación del orden complejo en el universo. Durante los últimos 40 años, los científicos han descubierto que la existencia de vida inteligente depende de un equilibrio complejo y delicado de las condiciones iniciales presentes en el mismo Big Bang. Ahora sabemos que universos  prohibitivos de vida son mucho más probables que cualquier universo que permita la vida, como el nuestro. ¿Cuánto más probables?

La respuesta es que las posibilidades de que el universo pudiese permitir la vida son infinitesimales, al punto  de ser incomprensibles e incalculables. Por ejemplo, un cambio en la fuerza de gravedad o en  la fuerza atómica débil por sólo una parte en 10100 habría impedido un universo que permita la vida. La llamada constante cosmológica "lambda", que impulsa la expansión inflacionaria del universo y es responsable de la aceleración en la expansión del universo (recientemente descubierta), está ajustada en alrededor de una parte en 10120. El físico de Oxford, Roger Penrose, calcula que las probabilidades de que las condiciones especiales de baja entropía en nuestro universo (de las que dependen nuestras vidas) surgieran por casualidad, son al menos tan pequeñas como una parte en 1010(123). Comenta Penrose, "no puedo ni siquiera recordar haber visto otra cosa en física cuya precisión se acerque ni remotamente a algo como una parte en 1010(123). " Hay múltiples cantidades y constantes que deben ser ajustadas con un grado similar de exactitud  para que el universo permita la vida. Y no es sólo  que cada cantidad debe estar exquisitamente ajustada, las proporciones entre unas y otras también deben estar ajustadas.  Así la improbabilidad se multiplica de improbabilidad en improbabilidad hasta que nuestras mentes se tambalean con números incomprensibles.

No hay ninguna razón física por la cual estas constantes y cantidades deban poseer los valores que tienen. Él una vez agnóstico físico Paul Davies, comenta, "A través de mi labor científica he llegado a creer más y más fuertemente que el universo físico existe lado a lado con un ingenio tan sorprendente, que no puedo aceptarlo simplemente como un hecho bruto. "Del mismo modo, Fred Hoyle observa: " Una interpretación de sentido común de los hechos sugiere que un súper intelecto ha jugado con la física." Robert Jastrow, ex jefe del Instituto Goddard de Estudios Espaciales, llama a esto la evidencia más poderosa a favor de la existencia de Dios surgida alguna vez de la ciencia.

La opinión que los teístas cristianos han mantenido siempre, que hay un diseñador inteligente del universo, parece tener mucho más sentido que el punto de vista ateo de que el universo, cuando comenzó a existir sin causa de la nada, pasó simplemente a existir por casualidad,  ajustado con una precisión incomprensible a fin de permitir la existencia de vida inteligente.

          c.  Los valores morales objetivos en el mundo. Si Dios no existe, se sigue que los valores morales objetivos no existen. Muchos teístas y ateos están de acuerdo por igual sobre este punto. Por ejemplo, el filósofo de la ciencia Michael Ruse explica:
Michael Ruse
La moralidad es una adaptación biológica, no menos de lo que lo son las manos, los pies y los dientes. Considerado como un conjunto racionalmente justificable de afirmaciones sobre algo objetivo, la ética es ilusoria. Soy consciente de que cuando alguien dice "Ama a tu prójimo como a ti mismo," piensa en una referencia por encima y más allá de sí mismo. Sin embargo, dicha referencia carece realmente de fundamento. La moralidad es simplemente una ayuda a la supervivencia y la reproducción. . . y otorgarle un significado más profundo es ilusorio.”

Friedrich Nietzsche
Friedrich Nietzsche, el ateo más grande del siglo 19, que proclamó la muerte de Dios, entiende que la muerte de Dios significa la destrucción de todo significado y valor en la vida.

Creo que Friedrich Nietzsche tenía razón.

Pero debemos ser muy cuidadosos en este punto. La pregunta aquí no es: "¿Tenemos que creer en Dios con el fin de llevar una vida moral?". No estoy reivindicando el que debemos.  Tampoco es la pregunta: " ¿Podemos reconocer los valores morales objetivos sin creer en Dios? ". Pienso que podemos.

Más bien la pregunta es: "¿Si Dios no existe, existen los valores morales objetivos?" Tal como Ruse, no veo ninguna razón para pensar que, en ausencia de Dios, la moral de rebaño desarrollada por el homo sapiens sea objetiva. Después de todo, si no hay Dios, entonces ¿qué hay de tan especial en los seres humanos? No son más que subproductos accidentales de la naturaleza que han evolucionado en un tiempo relativamente reciente, sobre un punto infinitesimal de polvo perdido en algún lugar de un universo hostil y sin sentido, y que están condenados a perecer de forma individual y colectiva en un tiempo relativamente breve. Desde el punto de vista ateo, ciertas acciones, como por ejemplo, la violación, no son socialmente beneficiosas, y así, en el curso del desarrollo humano, se ha convertido en un tabú. Pero esto no contribuye absolutamente en nada a probar que la violación es realmente mala. Desde el punto de vista ateo, no hay nada realmente malo en violar a alguien. Por lo tanto, sin Dios no hay un  bien y mal absolutos que se impongan a nuestra conciencia.

Pero el problema es que los valores objetivos si existen, y muy en el fondo sabemos que es así. No hay más razón para negar la realidad objetiva de los valores morales, que para negar la realidad objetiva del mundo físico. Acciones como la violación, la crueldad y el maltrato infantil, no son sólo un comportamiento socialmente inaceptable. Son abominaciones morales. Algunas cosas están verdaderamente equivocadas.

Así, paradójicamente, el mal sirve de hecho para demostrar la existencia de Dios. Porque si los valores objetivos no pueden existir sin Dios y los valores objetivos si existen, como se desprende de la realidad del mal, entonces se sigue inevitablemente que Dios existe. Así, aunque el mal, en un sentido, pone en cuestión la existencia de Dios, en un sentido más fundamental demuestra la existencia de Dios, puesto que el mal no podría existir sin Dios.

Estos puntos  son sólo parte de la evidencia de que Dios existe. El destacado filósofo Alvin Plantinga ha expuesto dos docenas de argumentos a favor de la existencia de Dios. La fuerza acumulada de estos argumentos hace que sea probable que Dios exista.

En resumen, si mis tres tesis son correctas, entonces el mal no hace improbable la existencia del Dios cristiano. Por el contrario, teniendo en cuenta el alcance de la evidencia, la existencia de Dios es probable. Por lo tanto, el problema intelectual del mal no puede derrocar la existencia de Dios.

Pero esto nos lleva al problema emocional del mal. Creo que la mayoría de las personas que rechazan a Dios a causa de la maldad en el mundo, en realidad no lo hacen debido a dificultades intelectuales. Tienen, más bien, una dificultad emocional. A estas simplemente no les gusta un Dios que permita que ellos u otros sufran, y por lo tanto, no quieren tener nada que ver con él. El suyo no es más que un ateísmo de rechazo. ¿La fe cristiana tiene algo que decir a estas personas?

Alvin Plantinga
¡Ciertamente que si! Porque nos dice que Dios no es una lejana tierra del ser o un Creador impersonal, sino un Padre amoroso que comparte nuestros sufrimientos y heridas. El profesor  Plantinga ha escrito:
Tal como el cristiano ve las cosas, Dios no permanece de brazos cruzados, observando fríamente el sufrimiento de sus criaturas. Él entra en acción y comparte  nuestro sufrimiento. Él soporta la angustia de ver a su Hijo, la segunda persona de la Trinidad, enviado a la amarga, cruel  y vergonzosa muerte de cruz. Cristo estaba dispuesto a soportar las agonías del infierno mismo. . . con el fin de vencer al pecado, la muerte, y los males que afligen a nuestro mundo; y nos confiere una vida más gloriosa de lo que podemos imaginar. Estaba dispuesto a sufrir por nosotros; a aceptar  sufrimientos de los cuales no podemos hacernos ni  la idea más remota.

Usted ve, Jesús soportó un sufrimiento más allá de toda comprensión: Él llevó el castigo por los pecados de todo el mundo. Ninguno de nosotros puede comprender ese sufrimiento. Aunque era inocente, Él voluntariamente tomó sobre sí el castigo que no merecía, ¿y por qué?  Porque nos ama. ¿Cómo podemos rechazar a Aquel que dio todo por nosotros?

Cuando comprendemos su sacrificio y su amor por nosotros, el problema del mal se pone en una perspectiva completamente diferente. Ahora vemos claramente que el verdadero problema del mal es el problema de nuestro mal. Llenos de pecado y moralmente culpables ante Dios, la pregunta que enfrentamos no es cómo Dios puede justificarse a sí mismo ante nosotros, pero, ¿Cómo podemos nosotros ser justificados delante de él.

Así, paradójicamente, a pesar de que el problema del mal es la mayor objeción a la existencia de Dios, al final del día,  Dios es la única solución al problema del mal. Si Dios no existe, entonces estamos perdidos sin esperanza en un vida llena de sufrimiento gratuito e irredimible. Dios es la respuesta final al problema del mal, porque Él nos redime del mal y nos lleva al gozo eterno de una inconmensurable buena comunión consigo mismo.

Traducido por
Rodrigo Abarca


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lunes, 4 de abril de 2011

El Argumento Moral, desde el cuestionamiento de las fundaciones éticas contemporáneas

por Paul Copan
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Paul Copan es un teólogo cristiano, filósofo analítico, eticista, apologista y escritor. Actualmente es profesor de la Palm Beach Atlantic University y tiene el Pledger Family Endowed Chair of Philosophy and Ethics. Ha escrito, sobre todo, en el ámbito de la filosofía de la ética y es autor de siete libros sobre relativismo etico, la religión y la ciencia, y ha editado once libros en el campo de la filosofía de la religión y la historicidad de Jesucristo. Ha contribuido numerosos artículos en revistas profesionales y libros. Además es el presidente de la Sociedad Filosófica Evangélica
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Dilema
El filósofo John Rist está en lo correcto cuando dice que existe “una crisis ampliamente admitida en el debate occidental contemporáneo acerca de las fundaciones éticas.”(1) Parece que últimamente la crisis es el resultado del enfoque de la ética sin referencia a Dios. Cuando la moralidad es apartada de sus raíces teológicas, la ética secular no se puede sostener a sí misma, se marchita y muere.

Solamente puedo bosquejar una defensa breve acerca de la conexión que existe entre Dios y los valores morales objetivos (lo cual he hecho más extensivamente en otro momento.)(2) Argumentaré que, si los valores morales objetivos existen, entonces Dios existe; los valores morales objetivos existen, por lo tanto Dios existe. Para resolver nuestra crisis ética, debemos reconocer el carácter de un Dios bueno (a cuya valiosa imagen los humanos han sido hechos) como un fundamento necesario de la ética, de los derechos humanos, y de la dignidad humana.

1. Los valores morales objetivos existen, son básicos: Los valores morales objetivos existen ya sea que una persona o cultura los considere"objetivos" o no. Los seres humanos que funcionan normalmente los dan por sentado como base de su bienestar y prosperidad.
a) Los humanos no tienen que leer la Biblia para averiguar qué es moral, ese conocimiento está a la disposición de todas las personas. Romanos 2:14-15 dice que aquellos que no cuentan con la revelación especial de Dios (Las Escrituras, Jesucristo) pueden distinguir entre el bien y el mal. Ellos poseen la revelación general de las leyes morales básicas de Dios en sus conciencias. "De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, (de Moisés) cumplen por naturaleza lo que la ley exige" (Romanos 2:14-15, NVI) Lo cual no es sorpresa ya que están hechos a la imagen de Dios. Están diseñados para desempeñarse apropiadamente cuando viven de acuerdo a los designios de Dios. Por lo tanto los humanos (incluyendo a los ateos) cuyos corazones no estan endurecidos o desviados tendrán el mismo tipo de instintos morales intrínsecos que los cristianos; como considerar que es incorrecto torturar bebés por diversión (así como la violación y el adulterio) y considerarán que la bondad es buena. Cuando una persona dice 'Quizás el homicidio o la violación realmente no son tan malos' esta persona no necesita un argumento. Ha sido desviada, si realmente cree esto, esa persona necesita ayuda espiritual y psicológica porque no está actuando debidamente". Incluso los relativistas que proclaman que los valores de alguien pueden ser verdaderos para él pero no para los otros son como aquellos que dicen "Tengo derechos" o "Deberías ser tolerante". Pero los derechos y la tolerancia no tienen ningún sentido si el relativismo es correcto. En lugar de esto, ellos nos llevan a pensar que los valores morales objetivos existen.
Los cinco sentidos
b) Tal y como generalmente confiamos en nuestras percepciones sensoriales y las consideramos confiables (a menos que exista una buena razón para dudar de ellas), así deberíamos tratar a las intuiciones morales generales, como inocentes hasta probar lo contrario (aversión a torturar bebés por diversión, violación y adulterio) ¿Por qué confiamos en nuestros cinco sentidos? La mayoría de nosotros los consideramos bastante confiables, aún si algunas veces percibimos algo mal, somos sabios al prestar atención a nuestros sentidos y no dudar de ellos. Similarmente, tenemos instintos morales básicos, por ejemplo una repulsión a violar o tomar la vida de una persona inocente (el factor de repulsión), o una afirmación interna hacia el auto sacrificio por el bienestar de mi hijo (el factor de aprobación). El problema recae en aquellos que niegan o cuestionan los instintos morales básicos. Somos sabios al prestar atención a estos instintos morales básicos, aún si estas intuiciones necesitan un ajuste ocasional.
Los seres humanos que son sensibles a la moral pueden obtener las bases correctas relacionadas con la moralidad. En el apéndice del libro de C. S. Lewis La abolición del hombre(3), él menciona una lista de varias virtudes que han sido aceptadas a lo largo de las épocas y civilizaciones (griega, egipcia, babilónica, nativa americana, india, hebrea...). Robar y matar son condenadas en sus códigos legales mientras que honrar a los padres y respetar los votos del matrimonio son aplaudidos.
Algunos podrían argumentar: ¿Acaso no existen conflictos morales también? Algunas culturas permiten la poligamia, por ejemplo. Sí, pero las costumbres del matrimonio y los votos que unen a los matrimonios también prohíben el adulterio. Mientras que las aplicaciones y las expresiones de principios morales pueden diferir de una cultura a otra, hay principios morales básicos que son comunes a todas las culturas. ¿Qué sucede cuando nos topamos con principios morales conflictivos (al menos cuando los encaramos)? Comencemos con casos claros de moral y vayamos hacia los que no están muy claros. A la luz de aparentes conflictos morales, sería erróneo adelantarse a concluir que la moralidad es relativa. Como el lexicógrafo Samuel Jonson menciona: "El hecho de que exista el crepúsculo no significa que no podamos distinguir entre día y noche".
c) Los principios morales son descubiertos, no inventados. Las reformas morales (abolición de la esclavitud, el derecho de la mujer a votar, la promoción de los derechos civiles de los negros) no tienen ningún sentido a menos que los valores morales objetivos existan. Aún cuando de la atmósfera de reforma pueda llevarse tiempo (incluso siglos), esto no implica que la moralidad sólo evoluciona durante la historia humana y sea solo una invención humana. Contrariamente, sugiere que los principios morales pueden ser descubiertos y que vale la pena ir en pos de ellos, aún cuando esto tenga un gran costo.
El filósofo ateo Kai Nielsen reconoce este punto: "Es más razonable creer que cosas tan elementales (como la violencia contra la mujer o el abuso de menores) sean malignas, que creer cualquier teoría que ponga en duda nuestra capacidad de saber o creer que son malignas... Creo firmemente que esto es fundamental y correcto y que cualquiera que no lo considere así no ha puesto a prueba en su interior las bases de sus creencias morales"(4).

2. Dios y la moralidad objetiva están cercanamente conectados: "No es poco común escuchar: "Los ateos pueden ser buenos sin Dios". El ateo Michael Martín discute que los deístas dan las mismas razones que los ateístas para condenar la violación: Ésta viola los derechos de las victimas y perjudica a la sociedad. Lo que Martín en realidad quiere decir es que los ateos pueden ser buenos sin creer en Dios, pero ellos no podrían ser buenos (tener valor intrínseco, responsabilidad moral, etc.) sin Dios (De hecho, nada existiría sin Él.). Esto es, debido a que los humanos están hechos a la imagen de Dios, pueden saber lo que es bueno aún cuando no crean en Dios. Los ateos y teístas pueden apoyar los mismos valores, pero el teísmo puede creer profundamente en los derechos humanos y en la dignidad porque estamos hechos a imagen de un valioso Ser Supremo.

Piense en esto: las personas racionales con valor intrínseco no provienen de procesos que no hayan sido conscientes, guiados y valiosos en su vida. Nuestro buen Dios provee un contexto necesario y natural para al existencia de personas valiosas con conciencia personal y propósito, concientes de sus derechos y moralmente responsables. Esto significa que la personalidad y la moralidad están necesariamente conectadas; los valores morales están enraizados en la personalidad. Sin Dios (un Ser personal) ninguna persona, y por lo tanto tampoco los valores morales, podrían existir: Sin personas, no hay valores morales. Sólo si Dios existe pueden tener lugar las propiedades morales.

3. Las teorías éticas no deístas están incompletas e inadecuadas: Algunos seculares sugieren que podemos tener sistemas éticos sin ninguna referencia a Dios (por ejemplo: Aristóteles, Kant.) Sin embargo, aunque pueden realizar algunas contribuciones muy positivas a la discusión ética (relacionadas con la virtud y el carácter moral o las obligaciones morales universales), sus sistemas están todavía incompletos. Todavía no nos dicen por qué los seres humanos tienen valores intrínsecos y obligaciones morales.

Ética evolutiva naturalista
¿Qué pasa con la ética evolutiva naturalista, según la cual desarrollamos la conciencia de lo correcto y lo incorrecto, y de la obligación moral que nos ayuda a sobrevivir y reproducirnos? La conciencia ética tiene solamente valor biológico.(5) Tal enfoque, nos deja con los siguientes problemas: Primero, ¿Podemos confiar en nuestras mentes incluso si somos nada más que productos de la evolución natural, tratando de pelear, alimentarnos, huir y reproducirnos? Charles Darwin tuvo una "duda terrible" ya que la mente humana se ha desarrollado a partir de los animales menores ¿Porqué habría alguien de confiar en ella? ¿Por qué confiar en las convicciones de la mente de un simio? El proceso evolutivo natural se interesa en la adaptación y la supervivencia, no en la creencia de la verdad; por lo tanto, la moralidad objetiva no sólo está deteriorada, sino que además es un pensamiento irracional. Nuestras creencias, incluyendo las morales, pueden ayudarnos a sobrevivir, pero no hay razón para creer que sean verdad. Creer en la moralidad objetiva o en la dignidad humana puede ayudarnos a sobrevivir, pero puede ser completamente equívoco. El problema del escepticismo (incluyendo el escepticismo moral) es que mediante un proceso de razonamiento que considero digno de confianza, llego a la conclusión de que ¡No puedo confiar en mi propio razonamiento! Si confiamos en nuestras facultades racionales y morales, asumiremos un punto de vista deísta: al estar hechos a la imagen de un Dios bueno, veraz y racional, tiene sentido por qué confiamos en nuestros sentidos e intuiciones morales.

Conjuntamente, nos queda este problema: si los seres humanos son simplemente un producto de la evolución natural, entonces no tenemos fundamentos para tener obligaciones morales o dignidad humana. Esto podría disminuir fácilmente nuestra motivación moral. El predador sexual y caníbal Jeffrey Dahmer reconoció la seriedad de este asunto: "Si todo sucede naturalmente, ¿Cuál es la necesidad de un Dios? ¿Puedo establecer mis propias reglas? ¿A quién pertenezco? Me pertenezco a mí mismo"(7)

Para reforzar aún más el punto acerca de la conexión entre Dios y la moralidad, un buen número de ateos y escépticos han comentado lo siguiente: El novísimo filósofo ateo J. L. Mackie dijo que las propiedades morales son "extrañas" al naturalismo y que "si existen los valores objetivos, estos hacen más probable la existencia de un dios que si no existieran". Por lo tanto, tenemos un argumento defendible que parte de la moral hasta la existencia de un dios(8). El agnóstico Paul Draper observa: "En el deísmo es muy plausible un mundo moral"(9).

Tal como la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América establece: "provistos por su Creador de ciertos derechos inalienables", este buen Creador es el fundamento verdadero de la ética y de la verdadera esperanza de rescatarla de su presente crisis"



Notas finales

(1) John Rist, Etica Real (Real Ethics) Cambridge: Cambridge University Press, 2003. Pág. 1

(2) Vea Paul Copan, "Is Michael Martina Moral Realist?) Sic et Non" Philosophia Christi, new series 1 / 2 1999: 45-72; "Atheistic Goodness Revisited: A personal Reply to Michael Martin" Philosophia Christi, new series 2 /1 2000; Pp 91-104; "The Moral Argument " in The Ratioanity of Theism, ed. Paul Copan and Paul K. Moser London: Routledge, 2003., Pp.149-74; "A moral Argument " in To Every One An Answer : A case for the Christian Worldview: Essays in Honor of Norman L. Geisler, eds. Francis Beckwith, William Lane Craig, y J. P. Moreland. Downers Grove, III.: InterVasity Press 2004, Pp. 108-23; "Morality and Meaning without God: Another Failed Attempt," Philosophia Christi, new series 6 /1 2004; Pp. 295-304; "God Hume, and Objective Morality" in In Defense of Natural Theology: A Collection of New Essays in Philosophy and Religion, eds. Douglas R. Groothuis and James R. Sennett Downers Grove, InterVasity Press 2005, Pp. 200-25.

(3) C. S. Lewis "La Abolición del Hombre" San Francisco: HarperSF, 2001.

(4) Kai Nielsen, Ethics Without God Buffalo: Prometheus Books, 1990 Pp10-11.

(5) Michael Ruse, The Darwinian Paradigm London: Routledge, 1989, p. 262.

(6) Letter (3 de Julio 1881) a Ww. G. Down, in The Life and Letters of Charles Darwin, ed. Francis Darwin. London:. John Murray, Abermarle Street, 1887. Pp. 1:315-16


Fuente:






sábado, 2 de abril de 2011

Podcast 04 y 05: Apologética, razón, fe y filosofía (final de serie de cinco)



Podcast 04 y 05: Apologética, razón, fe y filosofía (final de serie de cinco podcast)
puede leer las partes anteriores siguiendo los links: parte I , parte II y parte III.

Apologética, razón, fe y filosofía
¿Pueden la fe y la razón trabajar juntas?, ¿Se excluyen la una a la otra?, ¿Qué rol ocupan los hechos y las evidencias dentro de la fe cristiana?

Nos encontramos en “Fe razonable”, charlas con el Dr. William Lane Craig. Soy Kevin Hearance (K. H.) y en representación del Dr. William Lane Craig (Dr. Craig) les doy la bienvenida a esta discusión donde el Dr. Craig examinará “Apologética, razón, fe y filosofía.”
K.H: Dr. Craig, la escritura dice que debemos amar a Dios con toda nuestra mente, ¿Significa que debemos ser buenos pensadores?
Dr. Craig: Creo que eso es, exactamente, lo que quiere decir. Existe un discipulado de la mente, que es una parte central del crecimiento y la formación espiritual. A menudo pensamos que el discipulado envuelve estudio bíblico, meditación, ayuno y todo tipo de prácticas o disciplinas espirituales, pero somos seres humanos íntegros, lo que incluye nuestra mente; debemos también discipular la mente. Esto es parte de lo que Pablo quiere decir: “ser transformados en el espíritu de la mente” y creo que hay un componente vital dentro del discipulado cristiano, que encierra la transformación y el cultivo de una mente cristiana para los que creen en Cristo.
K.H: ¿qué pasa si no soy tan inteligente?
Dr. Craig: A pesar de eso tienes que llevar tu mente al discipulado de Cristo. El problema con la mayoría de la gente que va a las iglesias en América, es que están 'convertidos espiritualmente', por decirlo así, pero todavía piensan como no-cristianos. El resultado de esto, es que su impacto cristiano en el mundo es disminuido porque se comportan como lo hacen los no-cristianos, pensando como personas seculares. No es un asunto de ser inteligente, se trata de traer tu manera de pensar y raciocinio bajo el señorío de la verdad de Dios, bajo el señorío de Jesucristo. Todos necesitan hacer esto, sin importar su nivel de “inteligencia”, necesitan hacer esto como parte de un completo discipulado a Cristo, de otra manera tú no serás un discípulo completo, ya que tu mente permanecerá no sometida a Cristo, vagando de un lado para otro y pensando fuera de los parámetros cristianos.
K.H: Dr. Craig, pareciese ser que tenemos un gran patrimonio, una verdadera herencia en la historia de la iglesia donde hubo grandes pensadores, posiblemente, los únicos grandes pensadores.
Dr. Craig: Eso es muy cierto. Siempre he pensado que todos los cristianos deberían estudiar un poco de historia de la iglesia, porque es maravilloso el darse cuenta que el cristianismo no empezó con Billy Graham en el siglo veinte, estamos parados sobre hombros de gigantes. Personas como Tertuliano, Orígenes, San Agustín, el mismo Juan Damasceno, Tomás de Aquino, Lutero, Calvino, Juan Wesley, todas las grandes mentes de la iglesia cristiana. Los grandes intelectuales del mundo occidental fueron en su mayoría pensadores cristianos y es tan triste que este gran legado se ha perdido en la mente de la mayoría de los cristianos, que no están consientes de los tesoros de la herencia que han recibido y que necesitamos recuperar. Pienso que como seres inexpertos necesitamos entrenarnos en lo que respecta a historia de la iglesia, tanto como en doctrina y apologética.
K.H: ¿Cómo crees que perdimos aquello?, es casi como pensar: “ustedes, los seculares, ocúpense de pensar, nosotros nos ocuparemos en sentir”.
Dr. Craig: Bueno, pienso que en este país al menos, como resultado de toda la controversia fundamentalista de los años veinte, los cristianos que creían en la biblia comenzaron a alejarse de las universidades y la plaza pública, ellos comenzaron a aislarse culturalmente y se apartaron de las instituciones fundadas originalmente por cristianos. Comenzaron a fundar sus propias universidades, sociedades y junto con eso comenzamos a publicar con nuestras propias editoriales cristianas y de esta forma realmente nos apartamos a un tipo de 'armarios' fundamentalistas. Ahora, lo que estaba mal con el fundamentalismo no era la doctrina, creo que los fundamentalistas, en gran parte, tenían razón al mantenerse firmes frente a puntos doctrinales, tales como el nacimiento virginal, la deidad de Cristo, y la resurrección de Jesús en carne y sangre. Creo que el error catastrófico fue este aislamiento, el menosprecio a la vida de la mente, y a la importancia de interactuar con nuestra cultura.
No fue sino hasta finales de los años cuarenta que los cristianos gradualmente comenzaron a salir de esos armarios intelectuales y ahora maravillosamente la iglesia comienza a ganar territorio perdido a pasos agigantados, recuperando la vida de la mente de una forma espectacular. De hecho, vivimos en una era donde ha surgido un tremendo renacimiento de la filosofía cristiana durante los últimos cuarenta años, que me pone muy optimista en cuanto a lo que el futuro trae con respecto a la fe cristiana en este país y en todo el mundo.
K.H: Filosofía es una buena palabra, ya que significa: “amor a la sabiduría”.
Dr. Craig: Cierto, y como cristianos creemos que en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento, como dice Pablo en Colosenses, por lo tanto poseemos una inversión profunda al practicar buena filosofía cristiana.
K.H: Will, tal vez la teoría de la evolución darwiniana ha intimidado a muchos en la iglesia que se han sentido indefensos y tal vez excluidos del mundo académico debido a la existencia de esa prominente teoría.
Dr. Craig: Pienso que eso es cierto, el siglo veinte, y específicamente la primera parte de él fue dominado por un tipo de naturalismo científico, del cual la teoría de Darwin fue sólo una parte; y que postulaba que la ciencia es la dadora de la verdad absoluta y que todo lo que no puede ser descubierto por las ciencias naturales carece de sentido, por lo tanto no es conocimiento y de eso se concluiría que la teología no es conocimiento, ni tampoco lo es la ética. Creyendo esto únicamente la ciencia nos diría la verdad acerca del mundo. Entonces al proveer explicaciones naturalistas, acerca de la vida y de los seres humanos, pareció ser que la teoría darwiniana removió a Dios de aquella imagen y lo encasillo como algo sin sentido o como mera emoción. Realmente creo que se produjo un gran impacto cultural como resultado del naturalismo, que recientemente ha comenzado a decaer, pero que en un comienzo fue realmente fuerte.
K. H: Dr. Craig, es difícil evadir el hecho de que las universidades tienen un real impacto en la cultura, las ideas y cosas que se formulan en las universidades llegan a la gente común, llegan hasta las calles.
Dr. Craig: Claro, creo que la universidad es la institución cultural más importante que forma a la sociedad americana, y debido a eso mi ministerio está enfocado hacia estudiantes universitarios, hacia las facultades. Si podemos cambiar las universidades, cambiaremos la cultura a través de aquellos que le dan formación. Es en las universidades donde los futuros líderes económicos, políticos, artistas, abogados, doctores, y científicos serán educados, por lo tanto es de vital importancia que la visión cristiana de la vida y el mundo tenga un lugar de respeto en las universidades, un lugar en la mesa de discusión de ideas. Me anima el renacimiento que veo en la filosofía cristiana que está tomando un lugar en las universidades donde muchos de los más importantes filósofos cristianos de este país enseñan en las más prestigiosas instituciones seculares en los departamentos de filosofía. Creo que esto va a tener un efecto de onda expansiva a lo largo de las universidades, para las generaciones que ahora vienen, mientras este renacimiento filosófico se desborda hacia otras áreas del conocimiento; porque la filosofía es el fundamento para todas las disciplinas, ya que cada una de ellas tiene un componente filosófico: filosofía de la educación, filosofía de las ciencia, filosofía de la historia, entonces si impactas la filosofía de una disciplina harás que esa disciplina cambie. Por esta razón soy muy optimista en cuanto a lo que el futuro trae para a la fe cristiana en las universidades y finalmente para la cultura americana.
K.H: Con eso en mente, ¿De qué forma animaría a nuestros jóvenes que entrarán a la universidad?
Dr. Craig: Gran pregunta Kevin, ya que preguntas si debiésemos animar a los jóvenes a ir a universidades laicas o a instituciones cristianas. Mi inclinación es que mientras más influencia tiene la universidad sobre la visión y la vida cristiana, animaría a los jóvenes a entrar a las prestigiosas instituciones cristianas y después a tomar sus postgrados avanzados en las mejores universidades laicas. Creo que es importante establecer los fundamentos de una visión cristiana del mundo y la vida haciendo lo que hice yo, estar primeramente en una institución cristiana que te dará esos fundamentos, entonces al momento de tomar estudios avanzados estarás equipado para enfrentar los obstáculos y los desafíos que se presenten ahí.
K.H: Dr. Craig, al llegar al final del programa anime de nuevo a los que nos escuchan a amar a Dios con toda su mente sea que vayan o no a la universidad.
Dr. Craig: Sí, sea que unos tengan estudios superiores y otros no, todos los cristianos somos llamados a rendir cada parte de nuestro ser a Cristo: cuerpo, alma y espíritu. Quiero animar a los que nos escuchan a que se inscriban en algún programa de discipulado del intelecto que envuelva lecturas regulares, estar en grupos de discusión y que conllevará reestructurar nuestra mente frente a los asuntos cristianos.(fin podcast 04: Apologética, razón, fe y filosofía)
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Podcast 05: Apologética, razón, fe y filosofía (Quinta parte y final)
K.H: Dr. Craig cuando hablamos de apologética, ésta es una palabra que proviene del griego “apología” que significa defender y dar razones de aquello en lo que crees. Mucha gente tiene objeciones en contra de eso porque dicen que no se puede discutir con alguien acerca del Reino de Dios.
Dr. Craig: Bueno, quiero decir dos cosas acerca de eso. Primero que todo eso depende lo que quieres decir con “discutir” con alguien acerca del reino. Es verdaderamente cierto que los argumentos sin el trabajo del Espíritu Santo simplemente caerán como agua sobre piedras, sin del trabajo del Espíritu Santo nadie puede venir a Cristo porque las cosas de Dios son insensateces para las mentes obscurecidas, para el hombre natural; como dice el nuevo testamento, por lo tanto los meros argumentos no llevarán a alguien al reino de Dios. (énfasis del editor)
Por otro lado, el Espíritu Santo puede usar los argumentos, mientras amablemente los presentamos, para atraer a las personas, así como usa las predicaciones. El Espíritu Santo usa medios, eso es lo importante que debemos entender. Y cuando presentamos razones y argumentos a favor de la fe no vamos en contra de Espíritu Santo,  o trabajamos sin él, sino que confiamos en el Espíritu Santo, que usará nuestros argumentos y evidencia, mientras los presentamos con amor, para atraer a las personas. En ese sentido creo que los argumentos pueden ser medios útiles por los cuales el Espíritu Santo puede llevar personas a Cristo y he visto eso pasar no sólo en mi experiencia personal al compartir de Cristo, sino que también al dar charlas en campus de universidades donde los jóvenes han llegado a conocer a Cristo al escuchar argumentos a favor de la existencia de Dios, o la resurrección de Jesús.
La segunda cosa que quiero mencionar es que la actitud de estas personas que tienen objeciones es una actitud de poca visión, se enfoca en su contacto evangelístico inmediato y dice “ya que mis argumentos no llevaron a esa persona a Cristo, la apologética es inútil” y lo que falla en entender es que hay una misión más amplia de la apologética, que trasciende ese contacto evangelístico inmediato, esto es que la apologética sirve para formar un entorno cultural donde todavía el evangelio pueda ser escuchado como una opción viable para hombres y mujeres. En países, por ejemplo, de Europa, donde el entorno intelectual es profundamente post-cristiano, el evangelio ni siquiera puede ser oído como una opción viable, decirle a la gente que crea en Jesucristo es como decirles que crean en duendes o hadas. En los Estados Unidos el evangelio aún es escuchado, ya que hay un entorno intelectual donde el cristianismo todavía es comprendido.
K.H: ¿A qué se refiere con “entorno”?
Dr. Craig: Me refiero a un contexto, a un contexto cultural más amplio de manera que cuando una persona escucha el evangelio por primera vez o alguien comparte las cuatro leyes espirituales con esa persona, ella pensará “Si, ésta es una opción para mi” y tal vez se sienta preparada para poner su fe en Cristo, y de esa forma puedas pensar “esa persona no necesitó de argumentos para entregarse a Cristo, los argumento no tuvieron nada que ver con su conversión, ella simplemente respondió al evangelio”, y en el contexto inmediato es así, pero en un contexto más amplio, esa persona estaba dentro de un entorno intelectual donde el evangelio es todavía escuchado y por lo tanto ella pudo responder de forma positiva. Entonces, lo que la apologética hace es dar a las personas permiso intelectual para creer, aun si ellos no creen en las bases de aquellos argumentos en un contexto inmediato. Aparte del uso que se le da a la apologética en evangelismo, es también importante que se use para formar la vida y cultura americana, de tal manera que el evangelio pueda seguir siendo escuchado.
K.H: Cuando hablamos de argumentos, hablamos de argumentos lógicos.
Dr. Craig: Exactamente, no estamos hablando de “reñir” con no creyentes, nunca debemos pelear o reñir con ellos, si no puedes compartir con él de manera amable, sin descontrolarte o sentirte emocionalmente alterado, no deberías practicar apologética y necesitas someter tus emociones a Cristo para que puedas compartir evidencias y razones.
K.H: Y puede ser frustrante a veces...
Dr. Craig: Si puede, eso es muy cierto; a veces hay que esforzarse mucho para no enfadarse por cuan obstinados pueden llegar a ser algunos incrédulos. Me he dado cuenta de algo muy interesante, me he sorprendido sintiéndome emocionalmente a la defensiva y alterado cuando no sé la respuesta a las objeciones o preguntas que tiene el no creyente. Cuando sé las respuestas no me exalto para nada, es tan fácil entonces, porque conoces la respuesta, después de que comparten sus objeciones piensas: ”Uff, eso no tiene nada de cierto, estás desenfocado, ésta es la verdad...” es como decirle la verdad a alguien que dice que Canadá es el estado numero cincuenta de los Estados Unidos, no te enojas cuando alguien dice algo así porque tú sabes la respuesta y es fácil explicar la verdad sin ir a la defensiva. Las veces cuando más te alteras son cuando te sientes amenazado e indefenso porque no sabes las respuestas. Lo que esto quiere decir es que mientras más informado estés, mejor preparado estarás como apologista, y también tendrás más confianza y serás más calmado cuando compartas de tu fe.
K.H: Will, creo que este es un gran punto. Es muy alentador que no tengamos que saber todas las respuestas, Dios usará nuestra disponibilidad, pero mientras más sepamos será todo más efectivo.
Dr. Craig: Eso es completamente cierto, esa ha sido mi experiencia. Los que pueden proveer buenas razones en favor de su fe poseen más confianza, están más seguros, tienen menos miedo, son menos intimidados y por lo tanto están más relajados, ellos nos se sientes alterados porque conocen la respuesta, saben por qué creen y simplemente no tienen razón para sentirse enojados. En mi experiencia personal he llegado al punto de poder entrar a cualquier tipo de universidad y sentirme muy cómodo al compartir mi fe porque no me siento amenazado, conozco lo que ahí tienen para ofrecer y como responder a eso, rara vez oigo alguna objeción que no haya escuchado antes y por lo tanto rara vez me siento intimidado cuando estoy en estos contextos universitarios y comparto el evangelio a audiencias que a veces son muy hostiles, lo disfruto porque no me intimida.
K.H: A veces escucho algunas objeciones de que no necesitamos usar razones o argumentos, solamente necesitamos usar nuestra biblia, exponerla, porque es la palabra de Dios y es poderosa.
Dr. Craig: Yo sí creo que cuando compartimos nuestra fe necesitamos usar la biblia, porque es la palabra de Dios, es poderosa y no retornará vacía. Cuando compartimos nuestra fe con un incrédulo necesitamos citar y usar la escritura con libertad, pero si entonces el no creyente tiene preguntas y necesita respuestas, es una falta de respeto y poco amable el rehusarse a dar una respuesta satisfactoria y sólo citar versículos bíblicos porque no estás tratando a esa persona como a alguien hecho a semejanza de Dios, alguien que es digno de ser amado y por quien Cristo murió, tienes que tratar a esa persona respetuosamente y de la misma forma tratar sus preguntas y objeciones lo que conlleva proveer respuestas serias. Si esa persona dice: “no puedes confiar en la biblia, porque la biblia es una traducción de una traducción de una traducción y por lo tanto no sabemos lo que el original decía” la respuesta no es simplemente citar versículos de la biblia, sino que debes hablar de de los excelentes manuscritos en griego del nuevo testamento y que por lo tanto no somos dependientes de las traducciones para saber lo que dice en el original y además, ayudar a esa persona a informarse. Es un asunto de tratar al no creyente con dignidad y respeto cuando tratamos sus respuestas seriamente y presentamos buenas respuestas.
K.H: Podemos ver esto con Pablo, pareciese que él tenia distintas formas de tratar a las personas. En Hechos 17 él fue muy filosófico con los filósofos y después pareciese ser más simple con la iglesia en Corinto.
Dr. Craig: La estrategia evangelística central de Pablo era "Puedo ser de todas las formas con todos los hombres para que pueda por todos los medios ganar algunos" y eso significa sensibilidad para saber cuándo la apologética es apropiada y cuándo no. Si alguien, por ejemplo, está sufriendo profundamente por la muerte de un hijo, puede ser totalmente inapropiado tratar ese momento como un problema intelectual del sufrimiento en el mundo y exponer tu respuesta aprendida para el problema intelectual del dolor, en vez de eso, esa persona puede necesitar un oidor compasivo o un hombro para llorar, o si estás hablando con alguien que es un artista, literario, pintor, dramaturgo o que tenga que ver con otras formas de arte, puede que no respondan ante el argumento científico de ajuste fino del universo, en vez de eso, ellos pueden ser más receptivos a la hermosura de la fe cristiana en la literatura, artes o a consideraciones como la hermosura objetiva, el significado de la vida y la existencia y la hermosura de las relaciones, por lo tanto la apologética es totalmente diferente en la vida de esas personas, necesitamos enfocar la apologética para el tipo de personas con la que interactuamos.
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Transcripción y tradución realizada por Daniela Valenzuela.
Recurso obtenido de Reasonable Faith Podcast
Link del audio (en ingles) aquí podcast 04 y podcast 05