lunes, 17 de enero de 2011

Podcast 02: Apologética, razón, fe y filosofía (segunda parte)

Podcast 02: Apologética, razón, fe y filosofía (segunda parte, primera parte aquí)


Apologética, razón, fe y filosofía
¿Pueden la fe y la razón trabajar juntas?, ¿Se excluyen la una a la otra?, ¿Qué rol ocupan los hechos y las evidencias dentro de la fe cristiana?


Nos encontramos en “Fe razonable”, charlas con el Dr. William Lane Craig. Soy Kevin Hearance (K. H.) y en representación del Dr. William Lane Craig (Dr. Craig) les doy la bienvenida a esta discusión donde el Dr. Craig examinará “Apologética, razón, fe y filosofía.”
K.H: Dr. Craig, apologética proviene de la palabra griega “apología”, que significa presentar una defensa; dar razones de por qué crees aquello que crees y no tiene nada que ver con disculparse por ser cristiano.
Dr. Craig: Claro, apologética no se trata de explicarle a la gente por qué te sientes apenado por ser cristiano. Significa ser capaz de proveer evidencias y argumentos racionales que respaldan aquello que en lo que tú crees; por lo tanto no es simplemente tu opinión, sino razones de peso que te llevan a ser cristiano.
K.H: Además, podemos beneficiarnos en gran manera de grandes pensadores; no solamente del pasado, sino que también del presente que han trabajado mucho en esta área. ¿Cómo podemos nosotros, siendo personas inexpertas, aprender apologética; defensas, argumentos, para la fe cristiana?
Dr. Craig: Bueno, creo que la mejor cosa que una persona puede hacer es entrar en un curso en un seminario local, instituto cristiano, o escuela bíblica que ofrezca clases de esta materia. Ésta puede ser la mejor alternativa de todas, ya que de esa forma estarías bajo un profesor que conoce la materia y te puede guiar a través de los diferentes temas y la literatura existente. Quiero prevenir seriamente a aquellos que pretenden estudiar apologética individualmente, ya que la literatura que existe es tan numerosa, hay tantos temas que están siendo tratados, que un individuo solo está propenso a leer información inapropiada, trabajos poco serios, informales, y de esta forma puede llegar a malgastar mucho tiempo tratando de estudiar por si mismo. Entonces el primer punto sería que traten de entrar en un estudio o curso de apologética, pero si en el lugar donde vives no tienes acceso a esto, te animaría a que trates de encontrar un mentor que haya estudiado apologética, alguien en tu iglesia, el pastor de misiones, o el pastor de los jóvenes que haya tenido algún tipo de estudio, alguien que es mayor, que tenga experiencia y que pueda aconsejarte con respecto a la literatura, leer los libros correctos, preferentemente hacer reuniones de discusión de algún libro junto con otras personas, en las que leen un libro como el de Lee Strobel “El Caso de Cristo” (Case for Christ) y luego discuten las preguntas presentes al final de cada capítulo. No traten de hacerlo solos, no es una buena idea, traten de encontrar un guía que pueda orientarlos. Si eso tampoco está disponible donde tú vives, lo mejor que podrías hacer es obtener algunos libros buenos como los de Lee Strobel, o mi libro “Reasonable Faith” y comenzar a trabajar con eso, y luego buscar en internet algún material serio acerca de apologética en algún sitio, este sería mi consejo si es que no tienen a nadie disponible que los oriente.
K.H: ¿Cuántos años deberían tener nuestros hijos para que comencemos a enseñarles un poco acerca de este tema?
Dr. Craig: Pienso que puedes comenzar desde que ellos son pequeños. Tengo una convicción fuerte de que les hemos hecho un tremendo daño a nuestros jóvenes al no darles entrenamiento en la credibilidad intelectual de la fe cristiana. Usualmente, lo que las escuelas dominicales o escuelas bíblicas de verano hacen, es enseñarles a nuestros niños historias de la biblia; lo que está bien, pero no les enseñan doctrina cristiana, ni tampoco razones de por qué esto es verdad, sólo se les enseñan historias, y en algún punto necesitamos graduarnos en esto de las historias bíblicas para comenzar a enseñarles doctrina cristiana elemental y darles razones para la fe, razones para creer.
En la escuela secundaria y en las universidades nuestros jóvenes cristianos son agredidos intelectualmente con todas las maneras no cristianas de ver los mundos posibles, llenos de un relativismo avasallador, y a menos que los preparemos, nuestros jóvenes serán incapaces de proveer argumentos en las discusiones que tengan con sus profesores incrédulos en las universidades laicas. Por lo tanto, sería prudente que en las vidas de nuestros propios hijos podamos comenzar desde muy temprano a instruirles. Así lo hice con mis hijos, les enseñamos a Charity y John que no debían creer simplemente porque mamá y papá dicen que es verdad, les hablábamos porque realmente creíamos que es verdad, pero no lo debían creer solamente porque se los decíamos, hay buenas razones de por qué lo que decíamos era verdad. Luego les enseñábamos acerca de cuáles eran las razones de la existencia del universo, la hermosura y el diseño en la naturaleza, o de a donde sacamos nuestros valores, también les enseñamos argumentos rudimentarios de la existencia de Dios, lo cuales podían ser desarrollados más tarde con gran sofisticación, pero que son presentados inicialmente a nuestros niños de una forma bien infantil para hacer que ellos comiencen a pensar y de esta manera alentar a los hijos de que ellos necesitan analizar estos temas por ellos mismos . No le estas pidiendo a tus hijos que crean simplemente porque tú les dices que es verdad, sino que los animas a darse cuenta que estos son temas que ellos deben comenzar a tratar individualmente, lo que los capacitará para hacerlo y además les dará seguridad de que él o ella no se está revelando en contra tuyo al pensar en este tema de una forma independiente.
K. H: Puedo dar fe de esto, mi hijo pequeño ha estado pensando acerca de la eternidad y el universo desde que tenía cuatro, aunque él es un niño inteligente, no es un mega genio. Entonces desde que mis hijos tenían cinco, seis y siete años han venido aprendiendo que frases como “Es verdad que la verdad no existe” son declaraciones que se refutan a sí mismas, que se cortan su propia garganta y a mis niños aman experimentar con este tipo de cosas.
Dr. Craig: Eso es grandioso. Lo que yo hacía con mis hijos, cuando estaban en secundaria, durante el verano, cuando ellos estaban de vacaciones toda la familia se reunía (Jean, Charity, John y yo) y yo les enseñaba lógica, estudiábamos las nueve reglas básicas de la lógica, cómo construir un argumento, cómo buscar falacias en un argumento, y luego les daba pequeños problemas de lógica para resolver, les daba las premisas y les decía que usasen las nueve reglas de lógica y deducir las conclusiones desde de las premisas. Algunos eran muy simples y no tenían significancia religiosa, por ejemplo “Si es domingo la biblioteca debería estar cerrada, hoy es domingo ¿qué podrías concluir a partir de eso?” de lo que se concluye, por la regla de la lógica de modus ponens (regla de inferencia primitiva), que la biblioteca está cerrada. Luego les planteaba pequeños problemas desde el punto de vista de la lógica, como el problema del dolor y sufrimiento en el mundo, o el diseño en el universo y cómo esto apunta a Dios, y comenzábamos a introducir a Dios y temas religiosos en las ecuaciones para que ellos comenzaran a razonar lógicamente acerca de su fe. Creo que ese fue gran entrenamiento que pudimos darles a nuestros hijos.
K.H: Yo les decía a mis hijos: “No hay oraciones de seis palabras” ellos pensaban en eso y escribían la oración, contaban las palabras y decían “¡No, eso no es verdad, la oración que nos diste tiene seis palabras, esa aseveración no puede ser verdad!“, de esa forma se vuelve divertido para ellos.
Dr. Craig: Piensa en lo que ese niño, que ha aprendido lo que es un argumento que se refuta a sí mismo, pensará cuando llegue a secundaria y alguien le diga “no hay absolutos” o “la verdad absoluta no existe”, el niño inmediatamente dirá “Oye, espera un momento, ese argumento en sí mismo no puede ser verdad”, por lo tanto puedes darte cuenta que se presta un gran servicio cuando provees aquel tipo de entrenamiento.
K.H: Sí, es maravilloso. ¿Animarías también a las personas a compensar despacio, primero estudiar las cosas básicas y después ir a las avanzadas?, lo que parece ser lo obvio.
Dr. Craig: Claro, eso es obvio, por eso dije que comenzaras con los niños con un nivel superficial, y después cuando van creciendo continuar con lo que es más sofisticado. En el caso de uno también, tienes que comenzar con calma, no deberías irte de inmediato a estudiar a Alvin Plantiga, te sugeriría comenzar con un libro como el de Paul E. Little “Know why you believe” (sepa por qué cree), ese es un buen nivel para empezar. Después avanzar a los libros de Lee Strobel como “El caso de la fe” “El cado del Creador” “El Caso de Cristo” y después proseguir a libros más avanzados como “Reasonable Faith” (Fe razonable) o el libro de Michael J. Murray “Reasons for the Hope within” (Razones dentro de la Fe) y de esa forma te volverás mas preparado en tu campo de la verdad cristiana, que es inagotable y sin final, que conlleva estudiarlo toda la vida.
K.H: Will, además que también aprendemos apologética al compartir nuestra fe, ya que a veces encontramos algunas objeciones, cuando hablamos con alguien, que posiblemente no seamos capaces de responder inmediatamente. Nos damos cuenta de lo que no sabemos cuando compartimos nuestra fe. Algunos dicen “compartiré de mi fe cuando aprenda a defender mi fe” pero cuando tú compartes tu fe, aprendes a defenderla.
Dr. Craig: Exactamente, recuerdo que hubo un joven comunista que se convirtió al cristianismo, creo que su nombre era Douglas Hide, él decía que cuando una persona se convertía en un marxista, la primera cosas que los marxistas harían sería mandarlo a las esquinas de las calles para entregar literatura y propaganda marxista, porque ellos sabían que esa persona tendría que explicar y discutir con la gente, y en momentos sería aniquilado por sus oponentes, lo que alimentaría sus deseos de estudiar marxismo de una forma más profunda y comprometida. Pienso que eso también es verdad en el evangelismo cristiano, al compartir nuestra fe con los incrédulos nos encontrarnos con preguntas y objeciones que no podemos responder, eso seguramente nos llevará a un estudio más riguroso, además no hay nada de malo con decirle a un no cristiano “no sé la respuesta a tu pregunta, déjame consultar con alguien que la sepa o buscar información y te responderé la próxima semana”, puedes fijar una próxima reunión con aquella persona y juntarse de nuevo. Si es un amigo o un compañero de trabajo dile que buscarás mas información para poder responder a su pregunta, lo que demostrará dos cosas, la primera es que tú no eres infalible, que no eres señor sabelotodo y además le demuestra a la otra persona de que te realmente te preocupas por responder sus preguntas, de tal manera que vas, estudias y vuelves con sus respuestas. Realmente pienso que es una gran iniciativa participar en evangelismos para aprender más y encontrar interrogantes u objeciones frente a las cuales no sabemos las respuestas.
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Transcripción y tradución realizada por Daniela Valenzuela.
Recurso obtenido de Reasonable Faith Podcast
Link del audio (en ingles) aquí.

domingo, 2 de enero de 2011

El problema de Dios - Dilema acerca del sufrimiento

Dr. José R. Martínez Villamil


Introducción
Ciudad de México. Terremoto 1985
El año de 1985 quedará grabado para siempre en mi memoria. Fue un año trágico. Desastres naturales se sucedieron uno tras otro en el corto período de doce meses. Los mismísimos jinetes del Apocalipsis parecían cabalgar rampantes por un escenario de muerte, enfermedad y hambre.

El telón de fondo de ese teatro de horror había sido bordado con imágenes de caras famélicas en Etiopía que la televisión transmitía diariamente. Ese año un poderoso terremoto sacudió la ciudad de México, acabando con por lo menos 20,000 vidas en pocos segundos. En mi país de origen, y como resultado de incesantes lluvias, un mar de lodo sepultó una pequeña comunidad de gente pobre. Y en Colombia un alud de lodo en pocos minutos hizo desaparecer del mapa a todo un pueblo, segando más de 20,000 vidas en el proceso.

Situaciones cómo éstas nos tocan muy profundo. Nos acosan. Nos agobian. Y nos hacen preguntar: "¿Por qué?"

El 1985 es cosa del pasado y los incidentes mencionados son historia. Pero el sufrimiento continúa. A veces parece aumentar. Las caras de Etiopía y Biafra han sido sustituidas en el nuevo milenio por las de Ruanda y Burundi. Miles de niños mueren diariamente a causa de la pobreza y del hambre. El cáncer continúa matando y el SIDA se le unió en décadas recientes acabando con millones de vidas jóvenes. Frente a tan grande ola de sufrimiento y de dolor las preguntas se acumulan en la conciencia colectiva de una sociedad sensitizada por los medios de comunicación.

En este contexto, podemos entender las palabras de el filósofo español Enrique Tierno Galván:

"Las contradicciones del mundo no justifican la existencia de Dios. La idea de Dios es coherente consigo misma y resiste los embates de la lógica en tanto se prescinda del mundo… (Lo que pongo en tela de juicio es) la existencia de un Dios perfecto de todas las perfecciones posibles, que hizo una obra imperfecta sin que nos expliquemos por qué… Hasta que Dios no se justifique por el mundo, la existencia de Dios permanecerá improbada…" ¿Qué es ser agnóstico? (98-100).

Sufrimiento y Dolor
Pero es cuando el dolor nos toca personalmente, cuando la muerte, la enfermedad o la desgracia llaman a la puerta de nuestra propia vida, que reaccionamos con fuerza. Lo filosófico o metafísico del sufrimiento universal se encarna en nuestras lágrimas y, con nuestro puño cerrado levantado, desafiamos a Dios, preguntando: "¿Por qué?".

La existencia del dolor probablemente ha provocado más dudas sobre la existencia de Dios que ninguna otra cosa. Los defensores de su existencia admiten que, con diferencia, éste es el principal escollo a la fe de ateos, escépticos y agnósticos, así como de muchos creyentes. El dilema parece hacerse mayor frente a la enseñanza cristiana de la existencia de un Dios bueno. Se le atribuye a Epicuro la tan repetida frase (usada por Hume):

"¿Está Dios deseoso de prevenir el mal, pero no puede? Entonces no es todopoderoso. ¿Es capaz pero no lo desea? Entonces es malévolo."

I. Dios y sufrimiento: Un examen a las premisas

Es muy difícil un acercamiento desapasionado al tema. Pero podemos comenzar a analizar el problema desde una perspectiva no muy practicada. Como cualquier otro enunciado o argumento, "el problema de Dios" surge de premisas que le subyacen y sirven de fundamento. No todas ellas son correctas. Y algunas francamente ilógicas. Examinémoslas.

1. Dios puede hacer "cualquier cosa".
De joven recuerdo buscar sin éxito una aceptable contestación al famoso argumento: "Si Dios es omnipotente, ¿puede hacer una roca tan grande que Él no pueda levantar?". La trampa está servida. No hay salida posible, pues si Dios lograra hacer la hipotética roca, no sería omnipotente (porque no puede levantarla). Pero tampoco lo sería si no la logra crear (porque existe algo que no puede hacer).

Volvamos a nuestro tema. ¿Qué pasa aquí? La contestación es sencilla. El "dilema" no es tal, pues carece de solución ya que parte de una premisa incorrecta: que Dios puede hacer "cualquier cosa". El error consiste en una equivocada interpretación del atributo divino de la "omnipotencia" (que Dios es todopoderoso). Lo que falta es la aclaración de que Dios puede hacer cualquier cosa que sea posible hacer dentro de los parámetros de la realidad. Por ejemplo, que Dios sea incapaz de hacer un "triángulo cuadrado" no significa su incapacidad sino lo absurdo de la tarea. Ésta constituye una imposibilidad lógica. No existe tal cosa como un triángulo de cuatro lados, como tampoco existe la posibilidad de crear la mencionada roca.

2. Todo sufrimiento es malo, por lo tanto un Dios bueno no permitiría el sufrimiento.
Hoy la felicidad es el bien supremo y todo lo que se le oponga es malo. Es tan fácil para nosotros asociar la felicidad con la ausencia de dolor, que nos resulta difícil entender como éste podría existir en un mundo bueno.

Lo incorrecto de esta premisa es olvidar que el dolor tiene su lugar en un mundo correcto. Puede sorprendernos, pero no todo es malo en el dolor. Observar nuestro propio cuerpo puede ayudarnos a comprenderlo. El dolor nos protege de heridas mayores (como por ejemplo al acercar nuestra mano a una llama). Los atletas conocen que el dolor es el camino a la superación y los adultos recordamos que el dolor en la vida puede hacernos más fuertes. Claro está que esto no significa que el dolor sea bueno. Pero sí nos demuestra que puede haber algo de bueno en el dolor.

"Ya que Dios es el bien supremo, Él no permitiría la existencia de mal alguno en el mundo a menos que su Omnipotencia y bondad fueran tales que lograran sacar algo bueno aún del mal." (Agustín de Hipona)

También podemos reconocer el sufrimiento como un instrumento en el crecimiento moral, emocional y espiritual de la persona. En estos casos el sufrimiento se convierte en acicate y en desafío, forzándonos a transitar el camino de la madurez personal, camino que no hubiéramos tomado de otra manera.

Desde un punto de vista espiritual, el sufrimiento puede servir también como recordatorio de la fragilidad humana, de la brevedad de nuestra vida y de la necesidad que tenemos de estar en relación con Dios. El escritor inglés C. S. Lewis habla del sufrimiento como el "megáfono de Dios".

"Dios susurra en nuestros placeres pero grita en nuestros dolores. El dolor es el megáfono de Dios para despertar a un mundo adormecido."

Por último, el sufrimiento nos capacita para ser de ayuda a otros que sufren. La imagen del "sanador herido" es poderosa. Aquellos que en carne propia han experimentado el sufrimiento y el dolor son los más capaces para servir de instrumento sanador de corazones heridos. Para el que sufre, no hay nada mejor que hallar a una persona que entiende lo que sentimos porque ya lo ha experimentado antes.

Por eso no debería sorprendernos que un Dios bueno permita el sufrimiento.

3. Un Dios bueno no permitiría el sufrimiento.
Esta falsa premisa se deriva de la anterior e ignora la posibilidad de que nuestro crecimiento y nuestra madurez sean más importantes que nuestra felicidad. De hecho, es factible aceptar que la verdadera felicidad depende de nuestro crecimiento como personas. Por lo tanto, al permitir el sufrimiento, Dios quizás nos esté abriendo una puerta al crecimiento y, con él, a la felicidad.

4. En un mundo bueno el dolor no debe existir.
Ésta depende de que la premisa número dos sea cierta. También pasa por alto un muy importante planteamiento, el de la relación entre la existencia del mal (y, con él, el sufrimiento) y la libertad humana.

Un mundo bueno sin sufrimiento es imposible si es que los seres humanos dispondremos de libertad para la toma de decisiones. Un mundo habitado por criaturas con capacidad de decidir es un mundo donde el mal es posible.

Básicamente la elección (para tener un mundo "bueno") es entre hacer un mundo sin posibilidad de dolor pero sin libertad o un mundo con la capacidad humana de elección (la libertad) y en el que necesariamente existiría el dolor. ¿Cuál preferimos?

5. Si Dios fuera bueno debería eliminar el sufrimiento.
En otras palabras, ya que la libertad es un "mal necesario" y ya que ésta lleva a la maldad humana (y al sufrimiento), al menos Dios debería intervenir para limitar al mínimo los efectos del dolor.

Esta premisa nos presenta a Dios como un Policía Universal, pendiente de cada error que se cometa para corregirlo al instante. Sin embargo, si Dios interviene a cada momento para solucionar los efectos del mal (evitando así el cumplimiento de las leyes naturales) no sería ni bueno, ni justo ni Dios. No sería bueno porque estaría eliminando una fuente de crecimiento para sus criaturas; no sería justo porque no estaría respetando las consecuencias del quebrantamiento de las leyes por Él mismo establecidas y no sería Dios pues no estaría respetando la capacidad de libertad que supuestamente había dado a sus criaturas.

6. Esta es la única vida.
"A vivir, que son dos días," dice el refrán español. La brevedad de ésta, nuestra "única" existencia, hace mayor la dificultad de experimentarla en medio del sufrimiento.

La perspectiva cristiana es clara en que la vida actual no es la única vida. Ni la más importante tampoco. El hombre es tanto un ser físico (material) como espiritual. Y es esa parte espiritual la que persistirá para siempre. La actual vida es sólo parte, por cierto pequeña, de lo que es toda nuestra existencia. Este "valle de lágrimas" es la antesala de una vida eterna. . Esto se traduce en que nuestro dolor aquí, no es final ni absoluto, aunque a veces nos lo parezca. Por lo tanto, una persona sabia intentará mirar la vida actual con la eternidad en perspectiva

II. Realidades

Demos ahora un giro en nuestro argumento y planteémonos una serie de premisas correctas. Éstas tienen relación con lo escrito en la anterior sección y la complementan.

1. Cuando Dios crea, lo creado no es Dios.
La definición teísta (y cristiana) de Dios es la de un ser eterno y existente en sí mismo, esto es, que no depende de una causa anterior. Este ser es perfecto en todas sus características (amor, sabiduría, etc.). Pero esto NO quiere decir que lo que Dios produzca en un acto de creación, aunque perfecto, esté libre de la posibilidad de imperfección. ¿Suena a contradicción? Expliquemos.

Todo ser o cosa creado por Dios NO es, al ser criatura o creación, Dios (pues tiene una Causa que le antecede). Lo que significa que, aunque (como creación) sea perfecta, el elemento de imperfección es introducido como una posibilidad futura (posterior a la creación perfecta). Como la creación NO es Dios, y sólo Dios es absoluta y completamente perfecto, entonces ésta (la creación) puede llegar a ser imperfecta.

Para nuestros fines esto se traduce en lo siguiente. El mundo fue hecho como una creación perfecta por Dios (perfecto). Pero esta creación NO es Dios por lo que, aunque perfecta en su origen, puede dejar de serlo.

De modo que un mundo imperfecto como el nuestro no necesariamente conduce a la conclusión de que o Dios no existe o no es perfecto.

2. Al crear, una buena creación es aquella donde existe la capacidad de decidir.
La libertad para elegir es una característica que todos consideramos como buena. Por lo tanto no nos sorprende que la libertad para elegir de las criaturas (humanidad) sea una de sus características, al ser la obra de un Creador (Dios) que es bueno. Y aquí es donde comienza el problema. Porque la introducción de una característica buena (la libre elección) es la puerta por la que potencialmente el mal puede ser introducido. Como de hecho ocurrió, según la enseñanza cristiana.

Y entonces, pregunta alguno, ¿por qué mejor no crear sin esa capacidad de libertad? Porque dicha creación no sería buena (perfecta) y esto va contra la esencia de Dios y, de haber sucedido, constituiría el primer error (o mal) en el Universo.

"La única manera de garantizar un mundo sin maldad es crearnos sin libertad." (Peter Kreeft)

3. El mundo está sujeto a leyes, las leyes de Dios.
El Universo está gobernado por leyes "naturales" creadas por Dios. Descubrirlas es la fascinante misión de la Ciencia. Dichas leyes, como la de gravitación por ejemplo, sirven de base para el funcionamiento estable de la creación.

De la misma manera en el ámbito no-material (espiritual) el mismo Dios ha establecido leyes que rigen la vida. Son leyes que, como las naturales, proveen de orden a la existencia y tienen como fin protegernos de daño y guiarnos a una vida plena. Pues bien, de la misma manera que intentar violar las leyes naturales conlleva consecuencias (como el golpearse al caer, por ejemplo), quebrantar las leyes espirituales tiene igualmente sus consecuencias.

Muchos de los males existentes en el mundo y por los que responsabilizamos a Dios, son resultado directo de la desobediencia humana. Hemos transgredido las leyes universales, y estamos cosechando los resultados.

4. El orden del mundo creado ha sido trastocado por el pecado de la humanidad.
La desobediencia a las leyes de Dios conlleva intrínsecamente consecuencias dolorosas. Cosas como las enfermedades, la muerte y aún los desastres naturales, son el resultado de una humanidad rebelde.

A la misma vez, las consecuencias de nuestras faltas son una invitación a recapacitar y a reconocer nuestro error. De este modo, aún las consecuencias de nuestra maldad son una "medida de control" para beneficio de la humanidad.

Un importante elemento adicional. Contrario a leyes cuyo quebrantamiento tiene consecuencias directas exclusivamente para el transgresor de dicha ley, las consecuencias de la maldad humana han afectado no sólo a la humanidad, sino también al resto de la creación. El orden de nuestro mundo fue trastocado por la intromisión del pecado. Es como si el equilibrio de fuerzas en el mundo se inclinara hacia el sufrimiento y el dolor como consecuencia de la maldad.

En parte al menos, esto se debe al hecho de que el mal no sólo es una acción, sino también una persona.

5. El mal existe y tiene nombre: Satanás.
No hablamos aquí del personaje de la imaginación religiosa (cola, cuernos y tridente incluidos), sino de un ser espiritual poderoso, creación de Dios, que, como la humanidad pero antes que ésta, fue creado perfecto y decidió utilizar su libertad para no sujetarse a la amorosa voluntad de Dios.

Dicho ser es personal, no una fuerza. Y su influencia en la humanidad, que con su desobediencia se ha aliado (sabiéndolo o no) con el "Príncipe del mal", es causante de muchos de los males del mundo. Dicha influencia no nos excusa de nuestra responsabilidad, pero muchas veces nos ayuda a comprender el grado de maldad que llegamos a manifestar.?

6. Sufrimiento como misterio.
No quiero dar la impresión con estas "explicaciones" del mal y del sufrimiento, que todo dolor en nuestra historia tiene una explicación que podemos encontrar, estudiar y entender. Existe mucho de "misterioso" en el tema del sufrimiento humano. El documento bíblico conocido como el Libro de Job, trata sobre dicho elemento.

El libro de Job ha sido explicado de innumerables maneras. Pero la enseñanza más clara de este antiguo documento es que no siempre entenderemos el origen o las causas de nuestro sufrimiento. La grandeza y la sabiduría de Dios no nos permiten escudriñar y comprender sus pensamientos.

Durante el desarrollo del libro, Job, angustiado por sufrimientos profundos e inexplicables, pretende cuestionar al responsable último de sus desgracias, esto es, a Dios. Pregunta tras pregunta se suceden y las únicas respuestas que obtiene Job son las de sus "amigos". Estos razonan de la mejor manera posible en base a la sabiduría de su tiempo y tratan de convencer a Job de que sus sufrimientos son el castigo por su propio pecado. Obviamente esto no satisface al bueno de Job.

Los capítulos finales del libro describen un interesante interrogatorio. Pero esta vez es Dios quien pregunta a Job. Con sus preguntas Dios lleva al protagonista a darse cuenta de que, aunque resulte natural intentar cuestionar a Dios sobre sus actuaciones, es una posición del todo inadecuada. Y lo es por dos razones. Por un lado, porque como criaturas carecemos del derecho a cuestionar el proceder de la soberanía divina. Por otro lado, porque carecemos de la capacidad necesaria para comprender la contestación que pudiera darnos.

Cuando sentimos la tentación de llevar a Dios al banquillo de los acusados, debemos recordar, con Job el personaje bíblico, que lo que deseamos es sacar al Juez de su estrado para sentarlo en el banquillo de los acusados.

7. Dios conoce el sufrimiento.
En mis diálogos sobre este tema, muchas veces salpicadas por la amargura, observo como el dedo acusador se apunta hacia Dios en medio del sufrimiento. ¿Qué sabe Dios de lo que yo estoy pasando? ¿Cómo puede entender Él?

Pero Dios conoce el sufrimiento como una experiencia de primera mano. Ya desde el Antiguo Testamento lo vemos reflejado. Mucho del lenguaje del sufrimiento de Dios en las escrituras hebreas (A.T.) ha sido interpretado como puramente antropomórfico. Pero no siempre es así. El Dios que se revela a través de las Escrituras bíblicas es personal: tiene voluntad y sentimientos. A través de los profetas del pueblo de Israel Dios no sólo comunicó su mensaje, sino también su sentir. El dolor de Dios se refleja en sus profetas y éste se convierte en parte del mensaje.

Pero es sin duda en la Encarnación donde mejor y más claramente vemos hasta qué punto Dios decidió experimentar nuestro dolor "en carne propia". En su Hijo Jesús de Nazaret, Dios asume forma humana, camina por nuestro "valle de lágrimas" y experimenta nuestros sufrimientos. Hambre, sed y cansancio se hacen parte de su experiencia. Con la muerte de su amigo Lázaro conoce el dolor de la separación y con Judas el de la traición. Las manos que antes hicieron el mundo, se dedicaron al martillo y a la sierra. La voz que ordenó el surgimiento del universo, clamó angustiado desde una cruz.

Porque es en la crucifixión de Jesús donde Dios Encarnado experimentó el dolor indecible del desprecio, la humillación y el abandono y, de esta manera, transformó el significado del sufrimiento convirtiéndolo en vehículo de redención. En palabras de Moltmann "Dios llora con nosotros para que podamos un día reír con Él"?

© Dr. José R. Martínez Villamil
Fuente: MenteAbierta.org
Edición: Equipo Taller de Apologética