viernes, 31 de diciembre de 2010

La imposibilidad del agnosticismo


por Leith Samuel
Traducción: Francesc Closa

EL PROFESOR T. H. HUXLEY introdujo la palabra agnóstico en 1869 en el círculo de la ahora inexistente Sociedad Metafísica. Escribiendo un tiempo más tarde, dijo: «Cuando llegué a la madurez intelectual y comencé a preguntarme a mí mismo si yo era ateo, o teísta, panteísta, materialista, idealista, cristiano, o librepensador, encontré que cuanto más aprendía y reflexionaba, tanto menos seguro me sentía sobre la respuesta, hasta que por fin llegué a la conclusión de que no tenía nada que ver con ninguna de estas denominaciones, excepto con la última. La mayoría de esta buena gente... estaban bien seguros de que habían experimentado una cierta "gnosis", y que habían, de una manera más o menos satisfactoria, solucionado el problema de la existencia; en cambio, yo estaba bien seguro de que no había alcanzado esto, y tenía una convicción bastante intensa de que el problema era irresoluble. ... La mayoría de mis colegas en la Sociedad Metafísica eran -istas de uno u otro tipo ... por lo cual medité e inventé lo que concebí como el título apropiado de agnóstico. Me vino a la mente como algo sugerentemente antitético de los "gnósticos" de la historia de la iglesia, que profesaban conocer tanto sobre las mismas cosas que yo ignoraba; y aproveché la primera ocasión para exponerlo a nuestra Sociedad. Y para gran satisfacción mía, el término fue aceptado.»

UN AGNÓSTICO

Una definición actualizada de un diccionario normativo define como agnóstico a «uno que niega que podemos conocer lo absoluto o lo infinito, o demostrar o falsar nada más allá de los fenómenos materiales del universo, aún cuando tales cosas puedan existir.» También se define el agnosticismo como «la doctrina de un agnóstico.»

Pero no es infrecuente que la derivación etimológica y el uso moderno de una palabra puedan variar. Muchos de nosotros somos conscientes del cambio radical que ha tenido la palabra «álgido» en castellano, desde significar el punto más bajo y frío de una cosa hasta significar el más candente y activo. La palabra agnóstico también ha sufrido a manos de sus usuarios. En el mundo estudiantil, muchos utilizan este adjetivo para referirse a ellos mismos en un sentido absoluto o condicionado, pero es evidente que le atribuimos unos significados muy diversos. No hay que poseer un gran discernimiento para observar al menos tres categorías o grupos diferentes de agnósticos. De los dos primeros hay que admitir que son unas posturas perfectamente racionales en las que una mente lógica puede encontrar una consistencia provisional. Pero no se puede decir lo mismo de la tercera que implica una mayor inhibición que cualquiera que pueda ser resuelta pro tempore. Ahora bien, hay ciertos factores que, cuando entran en nuestra conciencia, hacen imposible que podamos mantener ninguna de estas posiciones por más tiempo. Es en este sentido que hablamos de «la imposibilidad del agnosticismo».

1. El Agnóstico Indiferente
Este grupo, el primero en el orden de nuestra consideración, se caracteriza por una ignorancia satisfecha, casi retadora. La actitud de una persona con esta disposición mental encuentra expresión en frases como «No lo sé, y francamente no me preocupa nada. Estoy perfectamente feliz tal como soy, y no dispongo de tiempo para perderlo con gente que quiere interferir con los placeres de otras personas.» Si no fuese tan educado, podría añadir, frívolamente: «Vete a freír espárragos»; o, de manera seca: «Ocúpate de tus asuntos y yo me ocuparé de los míos.» Pero su actitud difícilmente puede ser interpretada como una negación de la existencia o validez de los hechos que no ha investigado de una manera personal. Todo lo que podemos decir es que lo deja todo de lado como absolutamente irrelevante.

2. El Agnóstico Insatisfecho
Esta persona es ignorante, y cuanto mayores conocimientos tiene, más angustiada se encuentra frente a su ignorancia. Ninguna otra rama del conocimiento le ha rehuido como ésta. Al conversar con alguien que afirme tener un conocimiento, responde: «No lo sé pero estoy dispuesto a investigar... No tengo ni idea ¿Tú sí? Entonces dímelo. Probaré cualquier cosa una vez.» Naturalmente, se ha encontrado con personas religiosas de conducta inconsecuente, cuyas vidas no soportan ninguna comparación con la de algunos filántropos materialistas. Pero, por la razón que sea, ¡el materialismo no le atrae como solía hacerlo en los tiempos en que pensaba que era infalible y omnisciente, y que ya había llegado «al fondo del asunto»! Aunque hace grandes esfuerzos de vez en cuando para olvidar los enigmas de las vida, la verdad es que quiere encontrar respuestas a preguntas como «¿Por qué estamos aquí?» o «¿Dónde vamos cuando salimos de aquí?», sin perder su interés en el «¿Cómo funciona?» o «¿Podemos desmontarlo y analizarlo...?» Ya no se encuentra atrapado por la falacia de que una descripción es una explicación (una falacia tan frecuentemente ignorada en la enseñanza popular de la teoría de la evolución). La aceptación crédula de esta teoría lo había llevado anteriormente a dejar de lado el concepto de un Creador que da comienzo a todo, con total libertad para intervenir en el mundo que él mismo creó.

3. El Agnóstico Dogmático
Aquí tenemos la persona sobre la que ha caído el manto de Tomas Huxley. Afirma que no podemos saber nada de Dios ni del mundo sobrenatural. Nadie puede conocer ni probar nada fuera del mundo material. Asegura llanamente: «Yo no lo sé. Tu no lo sabes. Nadie lo puede saber.» Esta persona no es «indiferente». Se toma su agnosticismo más seriamente que muchos cristianos el cristianismo. Y su vida externa podría avergonzar a muchos cristianos profesantes con los que se le comparase.

FACTORES RACIONALES

Naturalmente, los factores que hacen posible hablar racionalmente en términos de la «imposibilidad» del agnosticismo varían con cada posición. Tomemos la primera. Llega un día en que los más despreocupados comienzan a preocuparse intensamente. La proximidad de la muerte hace que el más ardoroso seguidor de los placeres se detenga a pensar. Voltaire, que ha iniciado a tantos en el arte de ridiculizar cualquier cosa que asegure ser sobrenatural, chillaba en su lecho de muerte: «Oh Dios, sálvame. Jesucristo, sálvame. Dios, ten misericordia de mí.» Thomas Paine, el autor de La Edad de la Razón, nos da otro ejemplo. Durante su última enfermedad fue constantemente asistido por Mary Roscoe, de Greenwich, New York. Él le preguntó si no había leído nunca alguno de sus escritos. Cuando le dijo que sólo había leído un poco, le preguntó cuál era su opinión sincera, añadiendo: «de una persona como usted espero una respuesta verdadera». Ella le dijo que cuando era muy joven le habían dado su libro La Edad de la Razón, pero que cuanto más lo leía, más deprimida y angustiada se sentía, por lo que acabó arrojándolo al fuego. «Desearía que todos hubiesen hecho como usted», le contestó él, «porque si nunca el diablo ha tenido parte en alguna obra, ha sido en que yo escribiese este libro.» Mientras ella cuidaba de sus necesidades, le oyó decir una y otra vez con gran intensidad: «¡Oh Señor, Señor Dios!» o «¡Señor Jesús, ten misericordia de mí!» Hay buenas razones para creer que unas retractaciones por escrito de sus anteriores ideas fueron destruidas por sus antiguos amigos después de su muerte.1

La segunda posición se encuentra con una imposibilidad empírica. El hombre que busque encontrará con toda certeza, siempre que busque en el lugar y con el método adecuados. ¡No esperaríamos encontrar los resultados de nuestra búsqueda colgados en la cabina telefónica más cercana, por muy conveniente —o turbador— que eso fuese! Pero nos sentiríamos frustrados si no los encontrásemos expuestos en el lugar aprobado o en el día convenido. En cuestiones de religión tenemos palabras de la máxima autoridad: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.»2 No podemos demostrar ni refutar estas declaraciones sin pedir, y no podemos pedir sin recibir. Si pretendemos que ya hemos pedido en vano, no podemos haber pedido correctamente. Dios ha dicho: «Me encontraréis cuando me busquéis de todo corazón.»3

La tercera posición, la del agnóstico dogmático, ha de ser examinada más de cerca. Generalmente hablando, este hombre está bien basado en una aproximación científica a la vida, que él cree no da cabida a un Dios personal. Se considera generalmente que el método científico comienza con la observación de los sentidos. Pero antes de llegar a este punto se han de hacer muchas suposiciones, como por ejemplo: «Yo existo; mis sentidos funcionan de una manera correcta; tienen afinidad con los de anteriores observadores; los datos sensoriales se corresponden con la realidad; existe una constancia o una consistencia inherente en el universo; hay una unidad orgánica entre el ayer, el hoy y el mañana desconocido, etc.» Ninguna persona razonable objeta a que el científico haga estas suposiciones. Pero ningún científico puede reunir una cantidad aplastante y concluyente de ellas, y decir: «Esta es la prueba final.» Todo lo que puede decir es: «Mis suposiciones parecen funcionar y dar una buena explicación de los fenómenos.» Ni la ciencia ni la filosofía pueden probar nada de manera absoluta.

LA ACTITUD CIENTÍFICA

Ahora bien, si el teólogo tiene una debida deferencia para con las declaraciones científicas, aunque protestando contra un dogmatismo científico injustificable, tiene evidentemente derecho a esperar un respeto similar para las suposiciones de su propio campo. Dicho respeto no debería serle negado. Sir Edmund Whittaker dijo: «Cuando, desde un punto de vista puramente intelectual, comparamos los argumentos sobre la existencia de Dios con las pruebas de la Teoría General de la Relatividad, yo diría que ganan los teólogos.» Pero la acusación que se podría hacer contra muchos agnósticos de hoy en día es que ignoran totalmente la evidencia y la tratan como no merecedora de ninguna apreciación; ésta es una actitud groseramente acientífica e injusta. Esta actitud sólo es comprensible a la luz de la enseñanza cristiana, que revela el gran abismo entre el espíritu de Cristo y el espíritu del hombre natural, por bien educado y refinado que este hombre sea.4

LA ACTITUD ESPIRITUAL

Cuando se trata de cosas materiales somos crédulos y sorprendentemente bobos. Cuando llegamos al reino del espíritu muchos de nosotros adoptamos inconscientemente una actitud que repudiaríamos en el acto si la examinásemos a fondo. El resultado es que venimos a decir: «Mi ignorancia es equivalente a la imposibilidad factual.» La actitud razonable sería: «No lo sé, pero estoy dispuesto a confiarme en manos de alguien que lo sepa,» como lo hacemos con un cirujano o un piloto de aviación en sus respectivos terrenos. ¡Algunos de nosotros, que nos enorgullecemos de nuestra actitud racional delante de las cosas, somos los menos racionales de los hombres cuando se trata de las cosas de Dios!

DATOS DISPONIBLES

La ignorancia es comprensible. La propaganda cristiana contemporánea no es que sea de una calidad superlativa. La mala predisposición a investigar, o a aceptar la repulsa social de tomar posición como cristiano en una civilización neo-pagana, son cosas comprensibles. Pero es muy difícil comprender a los que pretenden tener derecho a decir que Dios no es cognoscible, mientras que hay datos que se niegan a investigar y más de un experimento válido al que tienen miedo a someterse.

Los hay que mantienen que no existen datos; que por la naturaleza misma del caso es imposible tener ningún dato. No quisiera sugerir que muchos de éstos están suprimiendo la evidencia, porque sé por experiencia que la mayoría, si no todos, son genuinamente desconocedores. Por esta razón, uno de los motivos de este artículo es sugerir líneas positivas de investigación.

Herbert Spencer, popularmente considerado como uno de los principales apóstoles del agnosticismo, pronunció una sentencia que todo hombre reflexivo debe aceptar. Dijo, con toda la observación que pudiera existir para verificar sus declaraciones, que nunca ningún hombre ha sabido de ningún pájaro que volase fuera de los cielos, y que nunca nadie ha sabido de ningún hombre que pudiese penetrar con su mente finita el velo que cubre la mente del Infinito. Por esto, postulaba, el Infinito no puede ser conocido por lo finito, lo que viene a significar que el agnosticismo se encuentra sobre un fundamento seguro. Su sentencia está a prueba de cualquier fallo. Pero su deducción es un non sequitur, basada en datos inadecuados, por lo que debemos rechazarla. Él infiere, sin base alguna para ello, que el Infinito es igualmente incapaz de penetrar el velo. Esto reduce el término, Infinito, a un absurdo. Un Infinito incapaz de expresarse a sí mismo es menos capaz que los mortales finitos que siempre se están haciendo oír, ¡especialmente los estudiantes! Y un Infinito que sea capaz de autoexpresión y que esté consciente de la perplejidad y necesidad del hombre, pero que no traspase el velo, es menos compasivo que el hombre mortal. ¿Qué hombre permanecería en un silencio impasible si fuese el Infinito y supiese que una palabra de su parte resolvería mil complejos humanos, integraría personalidades destrozadas, restauraría vidas rotas, traería una luz anhelada a mentes perplejas, y una paz consoladora a corazones turbados?

¿ÉL — O ELLO?

Pero habrá quien dirá: ¿qué derecho tenemos a suponer que el Infinito tiene personalidad, que deberíamos, o tan sólo podríamos, pensar en términos de Él, en lugar de Ello?

Esta objeción se puede confrontar de diversas maneras. Por ejemplo, es posible inferir que cualquier Infinito existente ha de ser la Causa absoluta, soberana, de todas las sustancias o gases, átomos o constituyentes finitos. Por una miríada de observaciones conocemos que ningún efecto es mayor que su causa correspondiente, ni tan siquiera una reacción atómica en cadena, con su correspondiente devastación. Por analogía, entonces, ¿sobre qué base racional podríamos suponer que un efecto como el de la personalidad (la distinción suprema del hombre mortal en el mundo animal) fue producido por una causa que careciese de aquello que de alguna manera consiguió producir? Quizá alguien dirá que la Evolución explica esto perfectamente, sin admitir ninguna necesidad de una Personalidad Creadora. ¡Otra vez con datos inadecuados! La filosofía evolucionista no deja lugar para un Dios personal, pero debemos distinguir entre filosofía y hechos científicos. Los hechos observables nos dicen mucho sobre los procesos de variación, pero permanecen mudos respecto a transformismos y orígenes últimos. Los únicos hechos científicos que tenemos son neutros, abiertos a la interpretación cristiana o a la materialista.

Pero yendo mucho más allá de todas aquellas conclusiones a las que se pueda llegar o no mediante razonamientos, tenemos el hecho de que con nuestras mentes finitas podemos conocer del Infinito sólo aquello que al Infinito le plazca revelar. Y podemos conocer que el Infinito es personal, no debido a ningún argumento ontológico o teológico, sino por el hecho de que el Infinito se ha revelado a sí mismo, ejercitando en una escala infinita los atributos de la personalidad. Existe un Dios vivo. Ha hablado en la Biblia. Quiere decir lo que dice, y hará todo lo que ha prometido, tanto en misericordia hacia aquellos que ponen su confianza en Él, como en juicio contra aquellos que se rebelan. Él se ha revelado de manera suprema en la encarnación, crucifixión y resurrección de Su Hijo, Jesucristo. Ha actuado en la historia. De hecho, la historia está conducida por Él, y no es en absoluto «un cuento contado por un idiota ...» Él irrumpió en el continuo espacio/tiempo creado por Él mismo, sometiéndose a las limitaciones que Él mismo ha impuesto, y volverá a irrumpir en juicio. Él ha venido al mundo que creó. Jesucristo ha devenido verdaderamente hombre, el Dios-Hombre. Él, que ya existía en la forma de Dios en esencia, y que no estimó el ser igual a Dios como algo a que aferrarse tenazmente, sino que tomó la forma de un siervo, humillándose a Sí mismo, se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.5 ¿Es razonable rechazar el hecho de la compleja personalidad de Cristo debido a que no dispongo de una filosofía para explicarla?

«He aquí el hombre»
Charles Bradlaugh, uno de los principales conferenciantes agnósticos del siglo pasado, insistía constantemente: «No tenemos ninguna disputa con Jesucristo, sólo con los cristianos.» Durante Su estancia en la tierra, Sus enemigos no encontraron ningún delito en Él, incluso a pesar de las formidables declaraciones que hizo sobre Sí mismo. Él afirmó su autoridad para perdonar pecados y para decidir el destino total de la humanidad. ¿Por qué fueron ellos incapaces de convencerlo de pecado? Porque jamás pecó, ni de hecho ni de pensamiento, y porque en Él no había pecado ni en embrión. ¡Un hombre sin pecado! ¡Él único hombre sin pecado que el mundo ha conocido nunca! Por ello, no es sorprendente que Poncio Pilato dijera: «¡He aquí el Hombre!». Ciertamente la muerte y la corrupción no hubieran tenido ningún derecho sobre aquel hombre sin pecado. Exactamente: No tenían ninguno. Fue por nosotros que Él murió, voluntariamente. La muerte no tenía ningún derecho sobre Él porque Él no pecó. Él era el Hijo Eterno, el gran Creador y Sustentador del Universo, la Causa Infinita de todas las cosas finitas. Pero no vino a este mundo simplemente para hacernos una exhibición de poder; vino a mostrarnos el amor en acción, así como en palabra. Sanó a los enfermos. Confrontó los desórdenes psicológicos y espirituales que siguen dejando perplejos a nuestros expertos. Restauró la vista, el habla y el oído. Hasta resucitó a muertos. Su obra culminante fue poner Su vida, volviéndola a tomar.6

¿FE —EN QUÉ?

Estas cosas ocurrieron en Palestina. Y se necesita menos fe para creer que sucedieron y que fueron registradas por hombres sencillos, que creer que nunca sucedieron pero que estos mismos hombres sencillos inventaron el maravilloso carácter de Jesús, atribuyéndole milagros imaginarios.

Negar, con Hume, la posibilidad de los milagros, puede ahorrarnos el trabajo de examinar la evidencia, pero no es en absoluto un camino de salida para todas las dificultades. Esta supresión plantea más cuestiones que las que elimina. Abandonar los prejuicios y admitir la naturaleza provisional de nuestras llamadas leyes fijas constituye una aproximación mucho más verdaderamente científica. La mente humana tiene sus límites, y es preciso que el hombre moderno lo admita.

«He hablado...»
Dios no es en absoluto incompetente. Él se puede revelar a Sí mismo. Él, que diseñó el habla, no es precisamente inarticulado. Ipse locutus est! No es inmisericorde. Conociendo la necesidad del hombre, Dios se ha revelado a Sí mismo. Ha revelado partes de Su mente por medio de sus profetas. Ha proclamado tanto de su mente como al hombre le conviene conocer, por medio de la vida y de las palabras, de los hechos y de la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo, Su Hijo e imagen expresa, quien dijo: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre», y, «Quien me rechaza a mí y no oye mis palabras, ya tiene quien lo condene: la palabra que he hablado, ésta le condenará el día postrero; porque ... el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.»7

¿Qué es lo que ha dicho Dios, al hablar de esta forma? Ha proclamado Su amor infinito a la humanidad; no podía mostrar un amor más grande. Nos ha explicado que nos hizo para Sí mismo, para que tuviésemos comunión con Él. Quiere que conozcamos Su voluntad, que la hagamos aquí en la tierra y que después entremos en Su presencia visible para compartir una comunión ininterrumpida con Él.8 Dios ha hablado de nuestra libertad para escoger, que nos ha sido dada para que pudiésemos escogerle y amarle, y también amarnos unos a otros con un amor real: no se trata en absoluto del mero «cumplimiento de un deber». El hombre ha abusado de su libertad, ha perdido el camino, y por esto ha perdido el contacto con Dios. Por un lado, las palabras de Dios describen Su aversión contra el pecado, esto es: contra la autosuficiencia, rebelión, ingratitud y soberbia; por otro lado, describen Su gran amor hacia el pecador, amor que envió a Jesucristo a tomar el lugar del pecador —mi lugar— en la condenación debida al transgresor. Por Su acción, el Hijo de Dios hizo posible un perdón gratuito y justo para todo aquel que cree.9 Y seguimos oyendo su eco hoy, como lo oyó el doctor Thomas Bilney (Padre de los Reformadores Ingleses) en su cámara, en el Trinity Hall, Cambridge, el 1516: «Esta afirmación es cierta y del todo digna de crédito: Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.»10 Los datos del cristianismo se centran alrededor de la muerte de Cristo. En esa muerte, Dios ha solucionado la cuestión del pecado.

¿Estamos dispuestos?
«Pero es que yo no creo que Dios haya hablado», objeta alguien: «Nunca lo he oído hablar.» El no haber escuchado una transmisión no demuestra que no exista. Abandonar una conferencia no es lo mismo que el que una conferencia no haya sido dada. ¡El hecho de que fuimos a una conferencia pero no entendimos ni media palabra, no demuestra que el conferenciante no sabía de qué hablaba! Y el hecho de que hayamos descuidado la Biblia y no hayamos extraído gran cosa de la pequeña sección que hubiésemos leído, no quiere decir precisamente que Dios no ha hablado en la Biblia. Hay una inmensa diferencia entre quemarse las cejas antes de un examen en un curso de religión, y leer para escuchar lo que Dios nos haya de decir. La principal dificultad en esto último reside en el reino de la voluntad, más que en el de la inteligencia. Hemos de estar dispuestos a hacer lo que Dios dice cuando lo escuchamos.11 Pero con mucha frecuencia nos desviamos por nuestros propios caminos, y volvemos a desviarnos una y otra vez. Y no queremos que el cristianismo interfiera con nuestro propio programa. ¡Inconscientemente demostramos que la Biblia dice la verdad en una cuestión principal, porque ésta es la imagen que la Biblia nos muestra del hombre, no la perspectiva utópica y progresista de la reciente filosofía humanista!

LA EVIDENCIA

«Pero», protestamos nosotros, «tenemos miedo de confiarnos totalmente a alguien de quien sabemos tan poco.» La ignorancia puede parecer una excusa plausible, pero no es necesario permanecer en la ignorancia. Los datos están a nuestra disposición: evidencia histórica de los hechos sobre Jesucristo, evidencia literaria por lo que respecta a los documentos que registran los hechos, evidencia psicológica respecto a Sus discípulos, y evidencia experimental respecto a nosotros mismos, tal como somos ahora y tal como podemos llegar a ser en contacto con Él. Todas estas ramas de estudio están abiertas a nuestra investigación más cuidadosa. Pero, ¿cuáles de estas aproximaciones habría de emprender el no especialista para empezar? Cosa bien extraña, la respuesta es: ninguna. Pueden ser muy útiles y provechosas más adelante, pero habríamos de empezar por la más importante de todas las evidencias, la que tiene que ver con la identidad de Jesucristo. Él es el dato básico del cristiano. Ninguna convicción de segunda mano nos podrá dar satisfacción aquí. Nos es posible conocer, de manera personal, que el profeta de Nazaret era y es el Hijo de Dios.

Un pequeño documento, inspirado por Dios, fue redactado por el Apóstol Juan. Fue escrito de manera especial para aquella gente que no están seguros de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que por esto mismo tienen miedo de confiar en Él. Hay muchos que han visto como sus prejuicios y su escepticismo se deshacían al leer este documento. Mi padre fue llevado del escepticismo judío a la fe cristiana mediante la lectura del Evangelio escrito por Juan, actuando en consecuencia a lo que leía. Se podría citar una multitud innumerable de otros ejemplos.

Así replicó uno de los más antiguos escépticos, Tomás el Dídimo, al anunciarle sus compañeros que habían visto a Jesús otra vez, resucitado: «Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.» Juan registra que, confrontado con el Cristo resucitado, Tomás cayó a sus pies exclamando: «¡Señor mío, y Dios mío!»12

Juan anticipó que sus lectores podrían decir: «¡Esto ya le estuvo bien a Tomás! ¡Claro que él podía creer, confrontado con una evidencia semejante! ¿Y por qué no tenemos nosotros otras evidencias parecidas? Intentar creer sólo sirve para intensificar nuestras dudas.»

La respuesta a las dudas son los hechos, y aquí, dice Juan, tenemos los hechos. Exponte a ellos. Dios te habla por medio de ellos. Léelos y vuélvelos a leer, como si tu vida dependiese de esto; porque, en el sentido más profundo de todos, así es. Aquí se encuentra el secreto de la vida eterna.13 Descuidar el secreto es descuidar la vida.

Pero mientras lees, ten en mente que no estás simplemente estudiando un tema cualquiera. Un Dios viviente que puede dar satisfacción a los anhelos del corazón humano no es, por cierto, un sujeto meramente pasivo de la investigación humana. Por muy escéptico que seas, seguramente que podrás decir: «Oh, Dios, si hay Dios, muéstrame la verdad sobre ti mismo mientras leo.» Algunos podrán decir que han leído este Evangelio y que no han encontrado nada. Aún he de encontrar una persona así que no esté decidida a no encontrar nada. Dios da luz a los que estén dispuestos a obedecerla; pero no condescenderá a dar satisfacción a nuestro intelecto con relámpagos de iluminación irrelevante. Si estás dispuesto a hacer la voluntad de Dios, perseverando en la lectura, vendrás a ser consciente que estás en la presencia de una personalidad real, viviente, que se evidencia a Sí misma como absolutamente digna de confianza. Él te llama a que te vuelvas de una vida centrada en el Yo, y de los ídolos del materialismo moderno14, y a que confíes en Él, siguéndole hasta el fin. Él nos pide nuestra adhesión, no nuestra admiración.

Muchos científicos contemporáneos han perdido el camino al pensar que han sido puestos sólo para ser amos de la naturaleza, mientras que su naturaleza podía quedar sin estar dominada, debido a su descuido en no venir a ser servidores de Dios el Creador de la naturaleza. ¡Qué contraste con Kepler! «Yo pienso los pensamientos de Dios después de Él», afirmó. Y con Sir James Simpson: «El más grande descubrimiento que nunca hice es que yo era un gran pecador, y Cristo un gran Salvador»; y con Sir Ambrose Fleming: «No hemos de edificar sobre las arenas de una ciencia incierta y siempre cambiante ... sino sobre la roca de las Escrituras inspiradas.» La multitud de científicos escépticos que nunca han abierto sus ojos a la verdad de Dios no tienen mayor peso que el testimonio de un hombre que se ha humillado y ha llamado a Dios para recibir entendimiento, y que ha encontrado la verdad de Jesucristo.

El engaño es impensable.
Si aún persistimos en decir que Dios es incognoscible, entonces estamos obligados o bien a negar la historicidad de los datos sobre Jesucristo o, si se aceptan los registros como verdaderos, a calificarlo como un engañador sin principios. También nos vemos obligados a ignorar de plano o a calumniar el testimonio de sesenta generaciones de cristianos (muchos de los cuales han sufrido la muerte antes de negar lo que han conocido como verdadero), y el testimonio de los cristianos contemporáneos de todas las naciones y de todas las clases, de todos los grados de logros académicos, en todos los niveles de vida universitaria, y en todas las ramas de la ciencia, de que Dios es fiel a Su promesa.15

Podemos negar los hechos sobre Jesucristo y continuar identificando la ignorancia con la inexistencia objetiva o inaccesibilidad de los datos, suprimiendo factores que no convienen a nuestra teoría. Pero es imposible ser racionales y a la vez mantener nuestro agnosticismo dogmático. Cualquier método alegado para derribar la base factual de la fe cristiana, invalidaría de la misma forma todos los otros hechos históricos. Un método así puede siempre volverse contra sí mismo, para convertir sus propios principios en incertidumbre.

DIOS PUEDE SER CONOCIDO

Somos libres para decir que no conocemos a Dios, y que no queremos conocer a Dios, sino que preferimos vivir sin Él (y esto es precisamente la esencia del pecado); pero esto no nos da ningún derecho a decir que Dios no puede ser conocido. Dios puede ser conocido, no como una pieza de música, o como un libro, una fórmula, localidad o sensación, sino como una Persona viviente. Podemos entrar en relación con Él. Las condiciones para la relación están claramente expuestas en el Nuevo Testamento. Nos conviene confesar nuestra necesidad y aceptar a Jesucristo como la respuesta a esta necesidad. Debemos admitir la verdad de Su diagnóstico sobre nuestro desorden, que se ha extendido por toda nuestra sociedad, y conviene que nos sometamos a Su tratamiento. Al recibirlo a Él, recibimos una nueva vida y experimentamos el milagro del nuevo nacimiento que se describe en Juan 3. Según Dios nos vaya hablando a lo largo de la Biblia, las dudas que puedan permanecer sobre los milagros se van deshaciendo, y le respondemos con oración y acción de gracias. Pasamos de la muerte espiritual a la vida espiritual, y la vida terrenal comienza a adquirir una nueva dimensión.

Esto no quiere decir, sin embargo, que en esta relación tenemos «todas las respuestas». Una de las características de un hombre en esta relación es que tiene el mayor deseo de mostrarnos que no es por esto mismo un sabelotodo. Hay un número de cuestiones sobre las que es profundamente agnóstico. El origen del mal, el momento exacto del primer fiat creativo, la fecha del juicio venidero sobre todos los hombres, su propio futuro de aquí a doce meses ... Sobre todas estas cuestiones es tan agnóstico como lo es sobre la opinión que sus examinadores eternos tendrán de sus exámenes finales aún no escritos. Su confesada certeza no lo coloca en el paraíso de los necios que se jactan de una pretendida omnisciencia. Es consciente de sus limitaciones, como también de su ignorancia. Lo que ignora no paraliza su capacidad de investigar en el reino de lo ignoto, pero no descansa en el intelecto, sin ninguna otra ayuda, para traspasar el velo. Tampoco se siente amargamente frustrado cuando llega a una barrera infranqueable, y ha de hacerse eco de las palabras de Moisés: «Las cosas secretas son reservadas a Jehová, nuestro Dios, pero las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre ...»16 Ahora conocemos en parte, pero viene el día en que conoceremos plenamente, así como nosotros mismos somos plenamente conocidos.17

Después de escuchar una conferencia que incorporaba mucho del material que se encuentra en este artículo, Sir Hector Hetherington, Rector de la Universidad de Glasgow, hizo las siguientes y significativas observaciones:

Existen cuestiones en las cuales es imposible ser neutral. Estas cuestiones llegan hasta las mismas raíces de la existencia del hombre. Y mientras que es correcto que hemos de examinar toda la evidencia, también es igualmente correcto que nosotros mismos hemos de ser accesibles a la evidencia.

No podemos vivir una vida plena sin saber exactamente dónde estamos con respecto a estas cuestiones fundamentales de la vida y del destino. Y, por eso, nosotros hemos de decidir por nosotros mismos, y vosotros habéis de decidir por vosotros mismos.18

Y aquello que decidamos, lo hemos de dar a conocer. Dice Jesucristo: «Todo aquel, pues, que me reconozca delante de los hombres, también yo lo reconoceré delante de mi Padre que está en los cielos; y todo aquel que me niegue delante de los hombres, también yo lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.»19

NOTAS

1. Memoirs of Stephen Grellet, Seebohm, Ed. 3(a) edición (1870), págs. 74-75. Volver al texto

2. Lucas 11: 9, 10. Volver al texto

3. Jeremías 29: 13. Volver al texto

4. Romanos 1:18-22. Volver al texto

5. Ver Filipenses 2:6-8. Volver al texto

6. Romanos 5:6-8; Juan 10:10-18; 19:1-37; Mateo 20:28. Volver al texto

7. Juan 14:9; 12:48-49. Volver al texto

8. La antítesis de «la eternidad de frustración» de Hoyle. Volver al texto

9. Ver Frank Colquhoun, The Meaning of the Cross (London, Inter-Varsity Fellowship) y H.E. Guilleband, Why the Cross? (Chicago, Inter-Varsity Press). Volver al texto

10. 1 Timoteo 1:15. Volver al texto

11. Juan 7:17 Volver al texto

12. Juan 20:24-31. Volver al texto

13. Juan 3:15-16; 5:24; 10:28. Volver al texto

14. Hechos 14:15-16; 17:30-31. 1 Tesalonicenses 1:9-10. Volver al texto

15. Ver Juan 1:12; 6:37; Apocalipsis 3:20. Volver al texto

16. Deuteronomio 29:29 Volver al texto

17. 1 Corintios 13:12 Volver al texto

18. Ver Josué 24:15; Juan 3:36 Volver al texto

19. Mateo 10:32-33. Volver al texto

Nombre original de fichero: 05 Imposibilidad agno.rtf - preparado el martes, 7 octubre 1997, 10:53

Fuente: Sedin

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Respuesta a «El Evangelio de Judas»

EN PRIMERA PERSONA:
Respuesta a «El Evangelio de Judas»

Dr. Albert Mohler, Jr.


Dr. Albert Mohler, Jr.
LOUISVILLE, Ky. (BP)—Titulares en publicaciones por todo el mundo están anunciando la publicación de un antiguo documento «largamente perdido» y «censurado», conocido como el «evangelio de Judas». La National Geo­graphic Society anunció la publicación en un gran acontecimiento mediático del 6 de abril de 2006, justo a tiempo para favorecer la publicidad para su emisión especial por el Canal de National Geographic del 9 de abril.

Este anuncio desencadenó una gran actividad informativa, oscilando desde informes ponderados a un sensacionalismo desenfrenado. Según algunos comentaristas, la publicación de este documento forzará a una total reformulación del cristianismo y de nuestra comprensión tanto de Judas como de Jesús. En realidad, no hay nada de esto en perspectiva. Desde luego, el documento es sumamente interesante, constituyendo una antigua y excelente fuente para el conocimiento de los grupos heréticos que ofrecían una versión alternativa del cristianismo.

Este documento pretende haber sido escrito por Judas, aunque es cosa cierta que fue escrito mucho tiempo después de la muerte de Judas. Sin embargo, la existencia misma de este documento, datado en el tercer siglo después de Cristo, indica algo de los conflictos que tuvieron los dirigentes cristianos al definir y defender el auténtico Evangelio contra grupos heréticos como los gnósticos.

Un examen rápido del evangelio de Judas pone de manifiesto el contraste entre este documento y los cuatro evangelios canónicos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. La versión inglesa, realizada por Rudolphe Kasser, Marvin Meyer y Gregor Wurst, ofrece una versión accesible y legible de las porciones actualmente disponibles del Codex Tchacos. El rasgo más destacable de este texto es su carácter totalmente gnóstico. La sustancia de este «evangelio» no tiene prácticamente ningún parecido con el cristianismo ortodoxo —lo que explica por qué la iglesia primitiva reconoció la verdadera naturaleza de este escrito, y lo rechazó como ni autoritativo ni auténtico.

En «The Lost Gospel: The Quest for the Gospel of Judas Iscariot» [El Evangelio Perdido: En pos del Evangelio de Judas Iscariote], Herbert Krosney explica cómo se descubrió el códice y narra los acontecimientos que llevaron a su publicación en inglés esta semana:

«Entre mediados y finales de la década de 1970, oculto durante más de mil quinientos años, un antiguo texto emergió de las arenas de Egipto. Cerca de las riberas del río Nilo, algunos campesinos egipcios, fellahs, descubrieron accidentalmente una caverna. En los tiempos bíblicos, estos lugares se habían empleado para sepultar a los muertos. Los campesinos entraron en la cueva, buscando oro o joyas del pasado, cualquier cosa de valor que pudieran vender. En lugar, en medio de un montón de huesos humanos, descubrieron una caja de piedra caliza medio deshecha. En su interior encontraron algo inesperado —un misterioso libro con cubiertas de cuero— un códice.»

La porción del texto que ha sido traducida ahora está tomada de 13 páginas de papiro, con el texto escrito en lengua copta, una lengua del antiguo Egipto. La mayoría de los eruditos están de acuerdo en que el «evangelio de Judas» fue originalmente escrito en griego, y posteriormente traducido al copto. Esto fue lo que sucedió con muchos de los textos gnósticos, especialmente los relacionados con grupos común a esta región en la que se encontró el manuscrito.

«The Lost Gospel [El Evangelio Perdido]» se lee en ocasiones como un libro de suspense, con la narración de la extraña y desde luego curiosa historia de cómo se preservó y en su momento se llegó a publicar este códice. Los que están familiarizados con la historia de los rollos del Mar Muerto y con los documentos de la biblioteca de Nag Hammadi reconocerán unos paralelismos significativos en la saga de cómo se descubrieron los textos y los manuscritos, y como finalmente quedaron a disposición para su estudio académico y publicación.

El carácter gnóstico del texto se hace evidente de inmediato. En su supuesta conversación con Judas, Jesús habla en lenguaje gnóstico refiriéndose a «eones» y a una «esfera eterna». Judas es identificado como el «espíritu decimo­tercero» que había sido designado por Dios como el agente para liberar a Jesús del cuerpo físico en que había quedado atrapado en la encarnación.

Cuando Judas habla de una visión y pide su interpretación, Jesús responde: «Judas, tu estrella te ha extraviado». Y Jesús prosigue: «Ninguna persona de nacimiento mortal es digno de entrar en la casa que has visto, porque aquel lugar está reservado para los santos. Ni el sol ni la luna gobernarán allí, ni el día, pero los santos morarán allí para siempre, en la esfera eterna con los ángeles santos. He aquí, yo te he explicado los misterios del reino y te he enseñado acerca del error de las estrellas; y ... enviado ... sobre los doce eones».

El concepto de un conocimiento secreto y misterioso era primordial en las sectas gnósticas. El «evangelio de Judas» pretende revelar conversaciones entre Jesús y Judas que se habían guardado secretas del resto de la humanidad. Los gnósticos apreciaban su conocimiento secreto, y enseñaban un profundo dualismo entre el ámbito material y el espiritual. Ellos entendían el mundo material, incluyendo todo el cosmos, como una cárcel para el mundo espiritual. En esencia, los gnósticos trataban de escapar del ámbito material y entrar en el ámbito del espíritu.

Así, la declaración más reveladora de todo el texto del «evangelio de Judas» cita a Jesús diciendo a Judas: «Pero tú serás mayor que todos ellos. Porque tú sacrificarás al hombre que me reviste».

En otras palabras: Judas iba a hacer un servicio a Jesús al traicionarle a aquellos que acto seguido iban a crucificarle, liberando así a Jesús del cuerpo físico y liberándolo como espíritu. Como indican los traductores del «evangelio de Judas» en una nota al pie: «La muerte de Jesús, con la ayuda de Judas, se considera como una liberación de la persona espiritual interior».

Es innecesario decir que esto choca frontalmente con el Evangelio cristiano y con el Nuevo Testamento. El testimonio constante del Nuevo Testamento es que Jesús vino para morir por los pecadores —aceptando voluntariamente la cruz y muriendo como sacrificio vicario por el pecado.

Esta acción redentora está totalmente ausente del «evangelio de Judas». Por esta razón, el texto fue rechazado por los primitivos dirigentes cristianos. Escribiendo alrededor del año 180, Ireneo, un destacado dirigente cristiano entre los primitivos padres de la iglesia, identificó el texto ahora conocido como el «evangelio de Judas» como herético. En su prefacio a «The Lost Gospel», Bart Ehrman, profesor en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, explica: «Este evangelio se refiere a la relación entre Jesús y Judas, e indica que Judas no traicionó realmente a Jesús, sino que hizo lo que Jesús quiso que hiciera, porque Judas era quien realmente sabía la verdad, tal como Jesús la quería comunicada».

Ehrman, que no es amigo del cristianismo ortodoxo, ha explicado el problema de forma correcta. Ireneo rechazó el texto precisamente porque contradecía directamente los Evangelios canónicos y la enseñanza de los Apóstoles. Por tanto, le incumbía la responsabilidad de advertir a la iglesia acerca de la naturaleza herética de este documento. Sin embargo, el hecho mismo de que Ireneo menciona este documento de una forma tan específica da gran credibilidad a la afirmación de que el evangelio de Judas tiene la antigüedad que le atribuyen sus actuales seguidores.

En la actualidad tenemos un buen conocimiento acerca de las sectas gnósticas que proliferaron en los primeros siglos del cristianismo. La secta en particular que se cree que estuvo asociada con el origen del evangelio de Judas era conocida como cainitas. Las peculiares enseñanzas de esta secta incluían la rehabilitación de muchos personajes que son presentados en la Biblia de forma negativa —comenzando por Caín. En esencia, los cainitas se dedicaban a tomar los personajes negativos de la Biblia y a presentarlos como héroes. Naturalmente, para ello tuvieron que crear textos alternativos y una lectura alternativa de la historia de Jesús.

¿Qué actitud deben tener los cristianos ante todo esto? La publicación del «evangelio de Judas» es una cuestión de verdadero interés. Después de todo, es importante que los cristianos comprendan el contexto en que se desenvolvió el cristianismo primitivo —un contexto en el que la iglesia se vio llamada a ejercitar un gran discernimiento para enfrentarse a las enseñanzas heréticas y para rechazar textos espúreos.

La razón académica detrás de la publicación del «evangelio de Judas» parece sana y responsable. El códice manuscrito fue sometido al proceso histórico más riguroso en términos de datación, de composición química y cuestiones parecidas. Al final, parece que este documento es muy probablemente genuino, por lo que se refiere a su procedencia de una secta herética del siglo tercero.

Sin embargo, las extravagantes pretensiones acerca de la trascendencia teológica del «evangelio de Judas» son totalmente injustificadas, ridículas, y están siendo difundidas por aquellos círculos que buscan desde siempre la subversión del cristianismo.

El resurgir del interés en textos gnósticos como el «evangelio de Tomás» y el «evangelio de Judas» va impulsado por un esfuerzo, al menos por parte de algunos de los implicados, por argumentar que el cristianismo primitivo no poseía un núcleo teológico esencial. Así, académicos como Elaine Pagels de la Universidad de Princeton quieren argüir en el sentido de que «Estos descubrimientos están derribando el mito de una religión monolítica, y demuestran cuán diverso —y fascinante— era en realidad el primitivo movimiento cristiano». Lo que Pagels y muchos otros personajes proponen es que el cristianismo primitivo habría sido una olla de teologías competidoras, y que el hecho de que prevaleciese una tradición «ortodoxa» se debe a factores ideológicos y políticos, quedando suprimidas todas las teologías competidoras. Así, estos mismos personajes arguyen que los cristianos actuales deberían abrirse a estas enseñanzas divergentes que han estado tanto tiempo suprimidas y ocultas.

El Metropolitano Bishoy, dirigente de la Iglesia Ortodoxa Copta, rechazó el «evangelio de Judas» como «unas chácharas no cristianas procedente de un grupo humano que intentó crear una falsa “amalgama” entre la mitología griega y las religiones del Lejano Oriente con el cristianismo. ... Esto fue escrito por un grupo humano extraño a la corriente cristiana central del cristianismo primitivo. Estos no son textos cristianos ni fiables ni exactos, porque son histórica y lógicamente ajenos al pensamiento y filosofía tanto de los cristianos primitivos como de los actuales». El Metropolitano está en lo cierto, pero quedamos mejor equipados para hacer frente a las herejías de nuestra propia época si nos enfrentamos abiertamente a las herejías del pasado.

Simon Gathercole, profesor de Nuevo Testamento en la Universidad de Aberdeen, defendió el texto como auténtico, pero como relativamente irrelevante. «Desde luego, se trata de un texto antiguo, pero no lo suficientemente antiguo para decirnos nada nuevo», explica Gathercole. «Contiene temas ajenos al mundo de Jesús y de Judas del primer siglo, pero que se hicieron populares con posterioridad.»

Desde luego, estas ideas gnósticas se popularizaron posteriormente, y se están volviendo más populares en la actualidad. La verdad del Evangelio se mantiene, y los cristianos mantendrán una firme confianza en la autenticidad del Nuevo Testamento, y en particular de los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Sin embargo, y de forma constante, se están presentando y «redescubrimiento» los viejos gnosticismos continuamente con nuevos envoltorios, junto con el surgimiento de nuevas formas de pensamiento gnóstico en la cultura posmoderna que nos rodea.

Los cristianos informados estarán vigilantes y alertas en su confrontación de iglesias o instituciones que presenten escritos espúreos, rechazados como heréticos por la iglesia primitiva, como si estuviesen al mismo nivel que el Nuevo Testamento.

El veredicto de Atanasio, uno de los más grandes dirigentes de la iglesia primitiva, sigue en pie: «Que nadie añada a éstos, ni que nadie quite de éstos, porque acerca de éstos el Señor avergonzó a los saduceos, y les dijo: “Erráis, ignorando las Escrituras”. Y reprendió a los judíos, diciendo: “Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de Mí”».

Este artículo es una adaptación del que aparece en la web de Mohler en Internet en www.albertmohler.com. Mohler es presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur en Louisville, Ky. Para más artículos y recursos preparados por Mohler, e información sobre el Programa de Albert Mohler, se puede visitar www.albertmohler.com.

Fuente: Sedin

Testimonio de C. S. Lewis

Tollers y Jack
El paseo Addison, en Oxford.
Una de las caminatas preferidas de C. S. Lewis.
Un buena demostración de cómo un cristiano puede participar de manera informada y a la vez, respetuosa y gentil, en la salvación de otra persona tuvo lugar en Magdalen College, en la universidad de Oxford, el 19 de septiembre de 1931. Aquel atardecer, tres amigos daban un paseo por el sendero conocido como el paseo de Addison. Uno de ellos, Jack, después de haber sido ateo durante mucho tiempo, recientemente se había volcado al teísmo, pero tenía muchos reparos con relación al cristianismo. Los otros dos, en cambio, eran cristianos. Todos compartían un interés común por la mitología, y el tema de conversación de esa noche era de dónde procede la verdad del mito. Tollers, uno de los cristianos, sostuvo que la verdad de un mito está dada por el grado en que este refleja la historia de Jesús. Luego, pasó a explicar y a presentar argumentos sobre la veracidad del cristianismo. De regreso en la habitación de Jack, la conversación se prolongó hasta la madrugada.

"Jack" - C. S. Lewis.
Los argumentos y la actitud de Tollers y de Hugo Dyson, el tercer amigo, causaron un profundo impacto en Jack. Doce días más tarde Jack escribió en una carta: “Acabo de pasar de creer en Dios a creer decididamente en Cristo, en el cristianismo. [...] Mi extensa conversación nocturna con Dyson y Tollers tuvo mucho que ver con este cambio”(1). Se había comprometido intelectual y espiritualmente con Jesús, y en los siguientes 30 años se convirtió en el apologista cristiano más afamado del siglo XX. “Jack” era el apodo del escritor Clive Staples Lewis (C. S. Lewis), autor no solo de obras de apologética sino también de novelas para niños y adultos, además de trabajos sobre literatura medieval y renacentista, que era su área de especialización académica.

"Tollers" - J. R. R. Tolkien.
Tollers trabajó en la creación de una compleja mitología, en la que incorporó sus ideas sobre los mitos. Sus obras de literatura fantástica ocupan hoy un lugar muy destacado entre las obras de ese género. “Tollers” era el apodo del escritor J.R.R. Tolkien, autor de la trilogía El Señor de los Anillos y El Hobbit.
Por supuesto, Tolkien y Dyson no podían imaginar de modo alguno, la repercusión que tendría aquella conversación, ni tampoco podían anticipar que acabarían hablando sobre ese tema. Pero cuando se presentó la oportunidad, estaban preparados. Y quién sabe a cuántos más habrán ayudado de la misma manera.


Referencias:
(1) Roger Lancelyn Green y Walter Hooper. C. S. Lewis: A Biography, Harcourt Brace, New York, 1974, 1994, pp. 116-118.


Extraído de:
Doug Powell - Guía Holman de Apologética Cristiana 2009, Nashville, Tennessee 37234, pp. 22-23.


Enviado por David Valenzuela R.


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jueves, 23 de diciembre de 2010

En Punto Muerto Intelectual

Dr. William  Lane  Craig
Dr. W. Lane Craig
Hace algunos años aparecieron dos libros que provocaron un maremoto en la comunidad de educación Americana. El primero de estos, Cultural Literacy: What Every American Needs to Know (Alfabetización Cultural: Lo que Cada Americano Necesita Saber), por E.D. Hirsch, documentó el hecho de que un gran número de estudiantes universitarios Americanos no tienen el conocimiento básico para entender la primera plana de un periódico o para actuar con responsabilidad como ciudadano. Por ejemplo, en una reciente encuesta, un cuarto de los estudiantes pensó que Franklin D. Roosvelt fue presidente durante la guerra de Vietnam. Dos tercios no sabían cuándo ocurrió la Guerra Civil. Un tercio pensó que Colón descubrió el Nuevo Mundo en algún momento después de 1750. En una reciente encuesta en la Universidad Estatal de California, en Fullerton, más de la mitad de los estudiantes no pudieron identificar a Chaucer o Dante. El noventa por cien no supieron quien fue Alexander Hamilton, a pesar de que su foto esta en cada billete de diez dólares.

Estas estadísticas podrían se simplemente curiosas si no fuese porque son tan alarmantes. ¿Qué les ha pasado a nuestras escuelas para que estén produciendo personas tan terriblemente ignorantes? Alan Bloom, quien fue un eminente educador en la Universidad de Chicago y el autor del segundo de los libros a los que me he referido arriba, argumentaba en su The Closing of the American Mind (La Decadencia de la Cultura) que detrás del actual malestar educacional se encuentra en los estudiantes la convicción universal de que toda verdad es relativa y, por tanto, que la verdad no es algo que vale la pena perseguir. Bloom escribe,

Hay una cosa de la que un profesor puede estar absolutamente seguro: casi cualquier estudiante que entra en la universidad cree, o dice creer, que la verdad es relativa. Si esta creencia se pone a prueba, uno puede prever la reacción de los estudiantes: se quedarán perplejos. Que alguien debiera considerar esa misma afirmación como no evidente los deja asombrados, como si se estuviese cuestionando 2 + 2 = 4. Uno no piensa acerca de estas cosas . . . Que esto es una cuestión moral para los estudiantes se revela en el carácter de su respuesta cuando son retados - una combinación de incredulidad e indignación: “¿Acaso eres un absolutista?”, la única alternativa que conocen, pronunciada con el mismo tono que . . . “¿realmente crees en las brujas?”. Esta última pregunta lleva a la indignación, para alguien que cree en las brujas bien podría ser un cazador de brujas o un juez de Salem. El peligro de que ellos hayan sido enseñados a temer el absolutismo no es el error sino la intolerancia. El relativismo es necesario para la apertura; y esta es la virtud, la única virtud, la cual toda la educación primaria misma se ha dedicado a inculcar por más de cincuenta años. Apertura - y el relativismo que la hace la única postura verosímil en la presencia de los diferentes pretensiones de verdad y los diferentes estilos de vida y tipos de seres humanos - es la gran idea de nuestros tiempos . . . . El estudio de la historia y de la cultura enseña que todo el mundo estaba loco en el pasado, los hombres siempre pensaban que tenían la razón, y eso llevó a guerras, persecuciones, esclavitud, xenofobia, racismo y chovinismo. El punto no es corregir los errores y tener la razón; más preciso, es no pensar que de algún modo pudieras tener la razón.

Ya que la verdad absoluta no existe, ya que todo es relativo, el propósito de perseguir una educación no es aprender la verdad o dominar hechos - realmente, se trata simplemente de adquirir una habilidad para que uno pueda salir y obtener riqueza, poder y fama. La verdad se ha convertido en algo irrelevante.

Ahora bien, desde luego, este tipo de actitud relativista hacia la verdad es totalmente antitética a la cosmovisión cristiana. La razón es que, como cristianos, creemos que toda verdad es verdad de Dios, que Dios nos ha revelado la verdad, tanto en su Palabra como en Aquel que dijo “Yo soy la Verdad”. El cristiano, entonces, nunca puede considerar la verdad con apatía o desdén. Al contrario, él aprecia y atesora la verdad como un reflejo de Dios mismo. Tampoco es que su compromiso a la verdad convierta al cristiano en intolerante, como los estudiantes encuestados por Bloosom erróneamente inferían. Realmente, el mismísimo concepto de tolerancia implica que uno no está de acuerdo con aquello que tolera. El cristiano está comprometido tanto con la verdad como con la tolerancia, porque cree en Aquel que no solo dijo “Yo soy la verdad” sino también “ama a tus enemigos”.

Ahora bien, al tiempo en que estos libros fueron publicados, yo estaba enseñando en el departamento de Estudios Religiosos de una universidad cristiana de Artes Liberales. Así que me empecé a preguntar: ¿Cuánto han sido los estudiantes cristianos infectados con la actitud que Bloom describe?, ¿Qué tal les iría a mis propios estudiantes en uno de los tests de E.D. Hirsh? Bien, ¿cómo lo harán?, pensé. ¿Por qué no hacerles esa prueba? Así que se la hice.

Redacté una prueba breve de conocimiento general acerca de personas famosas, lugares y cosas, y la di en dos clases de cerca de cincuenta estudiantes de segundo año de universidad. Lo que encontré fue que, aunque ellos lo hicieron mejor que la media general de estudiantes, todavía había una porción considerable de estudiantes que no podían identificar - incluso con una frase - algunos eventos y nombres importantes. Por ejemplo, el 49% no pudo identificar a Leo Tolstoy, el autor de quizá la novela más grandiosa en el mundo, Guerra y Paz. Para mi sorpresa, el 16% no sabían quién fue Winston Churchill. ¡Un estudiante pensó que fue uno de los Padres fundadores de nuestra nación! ¡Otro lo identificó como el más grande predicador de avivamientos de hace un par de siglos! El 22% no supieron qué es Afganistán, y otro 22% no pudieron identificar Nicaragua. El 20% no supieron dónde está el río Amazonas. ¡Imagínalo!

Les fue incluso peor en las cuestiones sobre cosas y eventos. Me quedé asombrado de que un notable 67% no pudo identificar la Batalla de las Ardenas. Algunos la identificaron como una cuestión de dietista. El 24% no supieron qué es la Teoría Especial de la Relatividad (aunque fue simplemente identificarla - incluso con un “una teoría de Einstein” -, y no explicarla). El 49% no pudo identificar el último desafío de Custer - fue clasificado por varios como una batalla en la Revolución Americana o como una batalla de la Guerra Civil. Y no me sorprendí de que el 73% no supieron a qué se refería la expresión “Destino Manifiesto”.

Así, me quedó claro que los estudiantes cristianos no habían sido capaces de ponerse por encima de la corriente oscura en nuestro sistema educacional en los niveles de primaria y secundaria. Este nivel de ignorancia presenta una crisis real para las universidades y seminario cristianos.

Pero entonces un terrible miedo aún mayor comenzó a crecer en mi mientras contemplaba estas estadísticas al caer en la cuenta; Si los estudiantes cristianos son así de ignorantes acerca de los hechos generales de la historia y la geografía, pensé, entonces hay muchas probabilidades de que ellos, y los cristianos en general, son igualmente - o incluso aún más - ignorantes acerca de los hechos de nuestra propia herencia y doctrinas cristianas. Nuestra cultura en general se ha hundido hasta el nivel del analfabetismo bíblico y teológico. Muchas personas, sino la mayoría, no pueden incluso nombrar los cuatro evangelios - ¡en una encuesta reciente una persona los identificó como Mateo, Marcos, y Lutero! ¡En otra encuesta, Juana de Arco fue identificada por algunos como la esposa de Noe! La sospecha que se levantó en mi mente es que la iglesia evangélica está probablemente atrapada, aunque un poco más alto, en esta misma espiral de caída.

Pero si nosotros no protegemos la verdad de nuestra propia herencia y doctrina cristiana, ¿quién la aprenderá por nosotros? ¿los que no son cristianos? Eso parece poco probable. Si la iglesia no atesora su propia verdad cristiana, entonces la perderá para siempre. Así que, me pregunto, ¿qué tal les iría a los cristianos en una prueba sobre cuestiones generales de la historia y doctrina cristiana?

Bueno, ¿qué tal les iría? Te invito ahora a sacar un bolígrafo y una hoja de papel y haz la siguiente prueba por ti mismo. (Vamos, solo te llevará un minuto). Los siguientes son puntos que creo que cualquier cristiano maduro en nuestra sociedad debería ser capaz de identificar. Simplemente da alguna frase representativa que indique que sabes de qué se trata el punto.

Prueba

1. Agustín
2. Concilio de Nicea
3. Trinidad
4. Dos naturalezas unidas en una persona
5. Panteísmo
6. Tomas de Aquino
7. Reforma
8. Martín Lutero
9. Expiación sustitutoria
10. Ilustración

¿Cómo te fue en la prueba? Si eres un caso típico de las audiencias a las que les he dado esta prueba, probablemente no te ha ido muy bien. Si ese es el caso, podrías estar tentado a reaccionar a esta prueba de manera defensiva: “¿de cualquier manera, quién necesita saber todo esto? Esta basura no es importante. Lo que cuenta realmente es mi caminar con Cristo y el testimonio que doy de Él a los demás. ¿A quién le importan todas estas trivialidades?”.

Sinceramente, espero que esa no haya sido tu reacción, porque eso bloqueará tu superación personal. Este pequeño ejercicio no habrá sido de ningún beneficio para ti. No habrás aprendido nada de él.

Pero hay una segunda y más positiva reacción. Puede ser que veas, quizá por primera vez en tu vida, que aquí hay una necesidad en tu vida de que como cristiano te comprometas intelectualmente un poco más, y puede ser que hayas decidido hacer algo sobre eso. Esta es una decisión crucial. Estarás dando un paso que millones de cristianos Americanos necesitan dar.

Nadie ha expresado un reto más fuerte para que los cristianos se comprometan más intelectualmente que Charles Malik, ex-embajador Libanés en los Estados Unidos, en su discurso en la dedicación del Centro Billy Graham en Wheaton, Illinois. Malik enfatizó que como cristianos enfrentamos dos tareas en nuestro evangelismo: salvar el alma y salvar la mente; es decir, no se trata solo de convertir a la gente espiritualmente, sino también convertirlos intelectualmente. Y la iglesia se está rezagando peligrosamente con respecto a esta segunda tarea. Nuestras iglesias están llenas de gente que han nacido de nuevo espiritualmente, pero que todavía piensan como los no cristianos. Nota bien sus palabras:

Debo ser sincero contigo: el mayor peligro que enfrenta el cristianismo evangélico Americano es el peligro del anti-intelectualismo. No estamos cuidando suficientemente la mente en sus más grandes y profundas riquezas. Pero la nutrición intelectual no puede ocurrir aparte de una profunda inmersión por varios años en la historia del pensamiento y el espíritu. Las personas que tienen prisa por salir de la universidad y comenzar a ganar dinero, o servir a la iglesia, o predicar el evangelio no tienen ni idea del infinito valor de pasar años de tiempo libre en conversación con las más grandes mentes y almas del pasado, madurando, afilando y engrandeciendo sus capacidades de pensamiento. El resultado es que el ruedo de pensamiento creativo es desocupado y abdicado en favor del enemigo.2

Malik continúa diciendo:
Requerirá un espíritu totalmente diferente el vencer este gran peligro del anti-intelectualismo. Por ejemplo, digo que este espíritu diferente, en lo que concierne solamente a la filosofía - el campo más importante para el pensamiento e intelecto -, debe ver el enorme valor de pasar un año entero sin hacer otra cosa que estudiando minuciosa e intensivamente la República o el Sofista de Platón, o dos años estudiando minuciosamente la Metafísica o Etica de Aristóteles, o tres años con la Ciudad de Dios de Agustín. Pero si se empieza ahora en un programa intensivo en este y otros campos, llevará por lo menos un siglo alcanzar a los de Harvard, Tubinga y La Sorbona - y para entonces, ¿dónde estarán estas universidades?3

Lo que Malik vio claramente es la posición estratégica que ocupan las universidades al moldear el pensamiento y cultura occidental. De hecho, la única y más importante institución que está moldeando la sociedad occidental es la universidad. Es en la universidad donde son educados nuestros futuros líderes políticos, nuestros periodistas, nuestros abogados, nuestros maestros, nuestros científicos, nuestros ejecutivos de negocios, nuestros artistas. Es en la universidad el lugar donde formularán o, más probablemente, simplemente absorberán la cosmovisión que moldeará sus vidas. Y, ya que estos son los que crean opinión y los líderes que moldean nuestra cultura, la cosmovisión que ellos embeben en la universidad será la que moldee nuestra cultura.

¿Por qué es esto importante? Simplemente porque el evangelio nunca es escuchado aisladamente. Siempre se escucha contra el trasfondo del ambiente cultural en el cual uno vive. Una persona criada en un ambiente cultural en el cual el cristianismo todavía es visto como una opción intelectualmente viable presentará una apertura al evangelio que una persona secularizada no presentará. ¡Para la persona secular, bien podrías decir que crees tanto en hadas o en duendes como en Jesucristo! O, para dar una ilustración más realista, es como un devoto del movimiento Hare Krishna acercándose a ti en la calle e invitándote a creer en Krishna. Una invitación así nos parece estrafalaria, rara, incluso divertida. Pero para una persona en las calles de Deli, tal invitación parecería, asumo, bastante razonable y motivo de reflexión. Me temo que los evangélicos parecen casi tan raros para las personas en las calles de Bonn, Estocolmo o Toronto como lo parecen los devotos de Krishna.

Es parte de la tarea más amplia de la erudición cristiana ayudar a crear y mantener un ambiente cultural en el que el evangelio pueda ser escuchado como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres racionales. Por tanto, la iglesia tiene un papel vital en levantar eruditos cristianos que ayuden a crear espacio para las ideas cristianas en la universidad. El cristiano promedio no se da cuenta de que una guerra intelectual se está desarrollando en las universidades, en las revistas profesionales, y en las asociaciones de eruditos. El cristianismo está siendo atacado como irracional u obsoleto, y millones de estudiantes - nuestra futura generación de líderes, han absorbido ese punto de vista.

Esta es una guerra que no podemos permitirnos perder. El gran teólogo de Princeton J. Gresham Machen advirtió en las vísperas de la Controversia Fundamentalista que si la iglesia perdiese la batalla intelectual en un generación, entonces el evangelismo sería inconmensurablemente más difícil en la siguiente:

Las falsas ideas son los obstáculos más grandes para la recepción del evangelio. Podemos predicar con todo el fervor de un reformador y aún así solamente tener éxito ganando un rezagado aquí y otro allá, si permitimos que todo el pensamiento colectivo de la nación o del mundo esté controlado por ideas que, por falta de una fuerza resistente de la lógica, impidan que el Cristianismo sea considerado como algo más que una ilusión inofensiva. Bajo tales circunstancias, lo que Dios quiere que hagamos es destruir el obstáculo desde sus raíces.4

La raíz del obstáculo se encuentra en la universidad, y es allí donde se debe atacar. Desafortunadamente, la advertencia de Manchen fueron desatendidas, y el cristianismo bíblico se retiró adentro de los armarios intelectuales del Fundamentalismo, desde los cuales solo recientemente ha empezado a volver a emerger. Aún no se ha perdido la guerra, y es una que no debemos perder: las almas de hombres y mujeres están en juego.

Así que, ¿qué es lo que los evangélicos están haciendo para ganar esta guerra? Hasta hace poco, de hecho muy poco. Malik preguntó acertadamente,

¿Quién de entre los evangélicos puede levantarse ante los grandes eruditos seculares, naturalistas o ateos en sus términos de erudición? ¿Quién entre los eruditos evangélicos es citado por las grandes autoridades seculares como una fuente normativa en historia, filosofía, psicología, sociología o política? ¿Tiene el pensamiento evangélico la más mínima oportunidad de convertirse en el pensamiento dominante en las grandes universidades de Europa y América que sellan nuestra civilización con su espíritu e ideas?

. . . Por amor a una mayor efectividad al testificar de Jesucristo mismo, así como por amor a ellos mismos, los evangélicos no pueden permitirse el vivir en la periferia de una existencia intelectual responsable.5

Estas palabras golpean como un martillo. Verdaderamente, los evangélicos han estado viviendo en la periferia de una existencia intelectual responsable. La mayoría de los eruditos evangélicos prominentes tienden a ser el pez gordo en una pecera pequeña. Nuestra influencia se extiende poco más allá de la sub-cultura evangélica. Tendemos a publicar exclusivamente con editoriales evangélicas, y por tanto es muy probable que nuestros libros nunca sean leídos por eruditos no-evangélicos. Y, en lugar de participar en asociaciones profesionales standard, participamos en las asociaciones profesionales evangélicas. Como resultado, ponemos efectivamente nuestra luz bajo el almud y tenemos poco efecto «fermentador» para el evangelio en nuestros campos profesionales. En cambio, la corriente intelectual de la cultura en general sigue deslizándose sin obstáculos más profundamente en el secularismo.

Necesitamos desesperadamente eruditos cristianos que puedan, tal y como Malik dijo, competir con pensadores no cristianos en sus especialidades y con sus propios conceptos de erudición. Se puede hacer. Actualmente, por ejemplo, se está dando una revolución en el campo de la filosofía que, como dijo Malik, es la esfera más importante para el pensamiento e intelecto, ya que es el fundamento para todas las demás disciplinas en la universidad. Filósofos cristianos han estado saliendo del armario y defendiendo la verdad de la cosmovisión cristiana con sofisticados argumentos filosóficos en las mejores revistas seculares y asociaciones profesionales. Como resultado, el rostro de la filosofía Americana ha cambiado.

Hace cincuenta años, filósofos ampliamente reconocidos hablaban de Dios como literalmente sin sentido, simple algarabía. Pero actualmente, ningún filósofo suficientemente informado podría aceptar tal punto de vista. De hecho, hoy en día muchos de los mejores filósofos de América son abiertamente cristianos. Para darte un poco del sentir del impacto de esta revolución, déjame citar un artículo que apareció en el otoño del 2001 en la revista Philo lamentando lo que el autor llamó “la desecularización de el mundo académico que evoluciona en los departamentos de filosofía desde finales de la década de los sesenta”. El autor, un prominente filósofo ateo, escribe:

Los naturalistas miraban pasivamente mientras versiones realistas del teísmo . . . comenzaron a propagarse por la comunidad filosófica. Hasta hoy quizá un cuarto o un tercio de los profesores de filosofía son teístas, y la mayoría son cristianos ortodoxos.

. . . en filosofía, casi de la noche a la mañana, se volvió “académicamente respetable” dar argumentos en favor del teísmo, haciendo de la filosofía un campo favorable para la entrada de los más inteligentes y talentosos teístas que entran en el mundo académico hoy. . . .

Dios no está “muerto” en el mundo académico. Ha vuelto a la vida a finales de la década de los sesenta, y está vivo y en buen estado en su última fortaleza académica: los departamentos de filosofía.6

Este es el testimonio de un filósofo ateo destacado sobre el cambio que se ha producido delante de sus ojos en la filosofía Americana. Pienso que probablemente está exagerando cuando calcula que entre un cuarto y un tercio de los filósofos Americanos son teístas, pero lo que sus cálculos revelan es el impacto percibido de los filósofos cristianos sobre este campo. Como el ejército de Gedeón, una minoría comprometida de activistas puede tener un impacto proporcionalmente mucho mayor a su tamaño. El principal error que comete es llamar a los departamentos de filosofía la “última fortaleza” de Dios en la universidad. Al contrario, los departamentos de filosofía son una cabeza de playa desde la cual se pueden lanzar las operaciones para impactar otras disciplinas académicas en la universidad para Cristo.

El punto es que la tarea de revertir el proceso de secularización no es desesperanzada e imposible, ni tampoco hace falta tanto tiempo como uno pudiera pensar para lograr cambios significativos. Esta clase de erudición cristiana es la que representa la mejor esperanza para la transformación de la cultura que Malik y Machen imaginaron, y su verdadero impacto en la causa de Cristo solamente será sentida en la próxima generación, al filtrarse en la cultura popular.

Así que puede ser hecho, si estamos dispuestos a trabajar duro. Machen observó que en su día “muchos seminarios combatían el error atacándolo tal y como es enseñado por sus representantes populares” en lugar de confundir estudiantes “con un montón de nombres Alemanes totalmente desconocidos fuera de los muros de la universidad”. Pero, al contrario, Machen insistió, es esencial que los eruditos cristianos estén alerta sobre el poder de una idea antes de que alcance su formulación popular. El procedimiento erudito, dijo,

esta basado simplemente en la profunda creencia en la omnipresencia de las ideas. Lo que hoy es una cuestión de especulación académica, mañana empieza a mover ejércitos y a derribar imperios. En esa segunda etapa, ha ido demasiado lejos como para ser combatida. El tiempo para pararla era cuando aún era una cuestión de debate apasionado. Así que, como cristianos, deberíamos tratar de moldear el pensamiento del mundo de tal manera que haga que la aceptación del cristianismo sea algo más que un disparate lógico.7

Como Malik, Machen también creían que “el principal obstáculo para la religión cristiana hoy recae en la esfera del intelecto”,8 y esa objeción al cristianismo debe ser atacada en esa esfera. “La iglesia se está muriendo hoy por la falta de pensamiento, no por el exceso”.9

Lo que es irónico de la mentalidad que dice que nuestros seminarios deberían producir pastores, no eruditos, es que son precisamente nuestros futuros pastores, no solamente nuestros futuros eruditos, los que necesitan estar intelectualmente comprometidos y recibir este entrenamiento académico. El artículo de Machen fue originalmente un discurso titulado “La Preparación Científica de un Ministro”. Un modelo para nosotros aquí debe ser un hombre como John Wesley, un evangelista lleno del Espíritu y al mismo tiempo un erudito educado en Oxford.10 La visión de Wesley de lo que debe ser un pastor es notable: un caballero, experto en las Escrituras y versado en historia, filosofía y la ciencia de su día.

¿Cómo se comparan los pastores que se gradúan de nuestros seminarios con este modelo? El historiador eclesiástico y teólogo David Wells ha llamado a nuestra generación contemporánea de pastores “los nuevos «inutilizadores»” porque han abandonado el papel tradicional del pastor como el agente de la verdad para su congregación y lo han reemplazado con un nuevo modelo directivo sacado del mundo profesional, el cual enfatiza las habilidades de liderazgo, marketing y administración. Como resultado la iglesia ha producido una generación de cristianos para los que la teología es irrelevante y cuyas vidas fuera de la iglesia no difieren en la práctica de aquellos que son ateos. Estos nuevos pastores directivos, Well se queja, “están fallando a la iglesia e incluso incapacitándola. La están dejando vulnerable a todas las seducciones modernas precisamente porque no han provisto la alternativa, que es una visión de la verdad centrada en Dios y en su verdad”.11 Necesitamos recuperar el modelo tradicional que estaba ejemplificado en hombres como Wesley.

Pero, finalmente, no son solo los eruditos cristianos y los pastores los que necesitan estar intelectualmente comprometidos si la iglesia va a tener un impacto en nuestra cultura. Los cristianos laicos, igualmente, deben estar intelectualmente comprometidos. Nuestras iglesias están llenas de cristianos que están holgazaneando en un punto muerto intelectual. Como cristianos, sus mentes se están echando a perder. J. P. Moreland en su desafiante libro Love your God with All your Mind los ha llamado los “«yo» vacíos”. Un “«yo» vacío” es desmesuradamente individualista, infantil, y narcisista. Es pasivo, dependiente de los sentidos, ocupado, precipitado, incapaz de desarrollar una vida interior. En el que es quizá el pasaje más demoledor de su libro, Moreland nos pide que imaginemos una iglesia llena de tales personas. Nos pide,

¿Cuál sería el entendimiento teológico, . . . el valor evangelístico, la. . . penetración cultural de tal iglesia?... Si la vida interior realmente no importa tanto, ¿por qué pasar el tiempo . . . intentando desarrollar una . . . vida intelectual y espiritualmente madura? Si alguien es básicamente pasivo, él o ella simplemente no harán el esfuerzo de leer, sino que en cambio prefieren que los entretengan. Si una persona es dependiente de los sentidos en orientación, la música, revistas llenas de fotos, y medios de comunicación visuales en general serán más importantes que las simples palabras en una página o pensamientos abstractos. Si uno es precipitado y distraído, tendrá poca paciencia para el conocimiento teorético, y un periodo de atención demasiado corto como para permanecer con una idea mientras se desarrolla cuidadosamente.

Y si alguien es demasiado individualista, infantil y narcisista, ¿qué leerá esa persona, si es que esa persona lee algo? . . . Los libros cristianos de auto-ayuda que están llenos de contenido interesado . . . lemas, moralización simplista, un montón de historias y fotos, y diagnosis inadecuada de cuestiones que no exigen nada del lector. Libros sobre celebridades cristianas . . . lo que no será leído son libros que equipan a las personas para desarrollar un entendimiento bien razonado y teológico de la religión cristiana, y para completar su papel en el más amplio reino de Dios. . . (tal) iglesia . . . será. . . impotente para permanecer frente a las fuerzas poderosas del secularismo que amenaza con enterrar las ideas cristianas bajo una capa de pluralismo desalmado y cientificismo engañoso. En tal contexto, la iglesia estará tentada a medir su éxito en gran medida en términos de números - números alcanzados por adaptación cultural a los «yo» vacío. Así, la iglesia se convertirá en la que cave su propia tumba. Sus métodos de “éxito” a corto plazo resultaran siendo lo que la marginen a largo plazo.12

Lo que hace que esta descripción sea tan demoledora es que no tenemos que imaginar tal iglesia. Mejor dicho, esta ES una descripción apropiada de muchas de las iglesias evangélicas Americanas hoy.

Algunas veces la gente trata de justificar su falta de compromiso intelectual afirmando que prefieren tener una “fe simple”. Pero aquí pienso que debemos distinguir entre una fe como la de un niño y una fe infantil. Una fe como la de un niño es una total confianza en Dios como el Padre Celestial amante de uno, y Jesus manda que tengamos tal fe. Pero una fe infantil es una fe inmadura, irreflexiva; y no se nos manda tener tal fe. Al contrario, Pablo dice “no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros” (1 Cor. 14.20 LBA). Si una fe “simple” significa una fe irreflexiva e ignorante, entonces no deberíamos querer nada de ella. En mi propia vida puedo testificar que, después de muchos años de estudio, mi adoración a Dios es más profunda precisamente gracias a - y no a pesar de - mis estudios en filosofía y teología. En cada área que he investigado intensivamente - creación, la resurrección, omnisciencia divina, eternidad divina, aseidad divina - mi apreciación de la verdad de Dios y mi admiración de Su persona se han vuelto más profundas. Estoy emocionado por futuros estudios ya que estoy seguro de que me traerán una más profunda apreciación de la persona y obra de Dios. La fe cristiana no es una fe apática, una fe con muerte cerebral, sino una fe viva, que indaga. Tal y como lo puso Anselmo, la nuestra es una fe que busca entendimiento.

Es más, los resultados de estar en punto muerto intelectual se extienden más allá de uno mismo. Si los cristianos laicos no se comprometen intelectualmente, entonces estamos en serio peligro de perder a nuestros jóvenes. En secundaria y la universidad, los cristianos adolescentes son asaltados intelectualmente por cada forma de filosofía no-cristiana en conjunto con relativismo abrumador. Como digo en las iglesias a lo largo del país, constantemente me encuentro con padres cuyos hijos han perdido su fe porque no había nadie en la iglesia para responder a sus preguntas. De hecho, George Barna estima que el 40% de los jóvenes en nuestras iglesias, una vez que dejan el colegio, no volverán a cruzar la puerta de la iglesia otra vez.

No hay duda de que la iglesia ha perdido su oportunidad en esta área. Pero las estructuras están en su lugar en la iglesia para remediar este problema, si simplemente las usamos. Estoy hablando, desde luego, de los programas de la Escuela Dominical para adultos. ¿Por qué no empezar a usar las clases de la Escuela Dominical para ofrecer a laicos instrucción seria en temas tales como doctrina cristiana, historia de la iglesia, Griego del Nuevo Testamento, apologética, y así sucesivamente? ¡Piensa en el potencial para el cambio! ¿Por qué no?

Creo que se puede cambiar nuestra cultura. Estoy emocionado por el renacimiento de la filosofía cristiana en mi generación, la cual da un buen presagio para la siguiente. Tanto si Dios te está llamando a ser un erudito cristiano en las líneas del frente de la batalla intelectual, un pastor cristiano para servir como agente de la verdad a tu congregación, o un padre o laico cristiano que está siempre preparado para dar razón de la esperanza que hay en ti, tenemos la asombrosa oportunidad de ser agentes del cambio cultural en el nombre de Cristo. Por amor a la iglesia, por amor a ti mismo, por amor a tus hijos, ¡no malgastes esta oportunidad! Así que, si hasta ahora has estado en la costa, holgazaneando en ese punto muerto intelectual, ¡ahora es el tiempo de poner la marcha!

Respuestas a la Prueba

1. Padre de la Iglesia (354-430) y autor de La Ciudad de Dios. Enfatizó la gracia inmerecida de Dios.
2. El concilio de la iglesia que en el 325 ratificó oficialmente la doctrina de la deidad igual del Padre y el Hijo, en oposición al punto de vista que mantenía la herejía Arriana.
3. La doctrina que mantiene que en Dios hay tres personas y un solo ser.
4. La doctrina enunciada en el Concilio de Calcedonia (451) que afirma la verdadera deidad y la verdadera humanidad de Cristo.
5. La ideología que afirma que el mundo y Dios son idénticos
6. Teólogo Católico medieval (1225-1274) y autor de la Summa Theologica, cuyas ideas han sido determinantes para la teología Católico-Romana tradicional.
7. El origen del Protestantismo en el siglo XVI por el esfuerzo de hombres como Lutero, Calvino, y Zwinglio para reformar la doctrina y practica de la iglesia Católico-Romana. Enfatizó la justificación por gracia solamente mediante la fe y la autoridad exclusiva de la Biblia.
8. El monje Católico-Romano (1483-1546) que empezó la Reforma Protestante y fue el fundador del Luteranismo.
9. La doctrina que afirma que por Su muerte en nuestro favor y en nuestro lugar, Cristo nos reconcilió con Dios.
10. La revolución intelectual que tuvo lugar en Europa en los siglos XVII y XVIII contra la autoridad de la iglesia y la monarquía en el nombre de la autonomía humana. También llamada la Edad de la Razón.

Notas Bibliográficas

Alan Bloom, The Closing of the American Mind (New York: Simon & Schuster, 1987), 25-26. [En Español, Allan Bloom, La Decadencia de la Cultura (Argentina: Emecé, 1989)]
Charles Malik, "The Other Side of Evangelism," Christianity Today, November 7, 1980, 40.
Ibid.
J. Gresham Machen, "Christianity and Culture," Princeton Theological Review 11 (1913): 7.
Malik, "Other Side of Evangelism," 40.
Quentin Smith, "The Metaphilosophy of Naturalism" Philo 4/2 (2001).
Machen, "Christianity and Culture," 6.
Ibid., 10.
Ibid., 13.
John Wesley, Works 6: 217-31.
David F. Wells, No Place for Truth (Grand Rapids, Mich.: Wm. B. Eerdmans, 1993), 253.
J. P. Moreland, Love Your God with All Your Mind (Colorado Springs: Nav Press, 1997), 93-94.


Passionate Conviction, pp. 2-16. Ed. Wm. L. Craig and P. Copan. Nashwille, Tenn.: Broadman and Holma, 2007. Usado con permiso. Traducido por Joel Maceiras