viernes, 29 de octubre de 2010

El Filtro Explicativo de Dembski

William Dembski
Ph.D William Dembski 

Centro para la Filosofía de la Religión, Universidad de Notre Dame

El Filtro Explicativo

Un filtro en tres fases para comprender cómo separar e identificar las causas debidas a un diseño inteligente
Extracto de un artículo presentado en la conferencia Mera Creación, titulado originalmente «Rediseñando la ciencia».

¿Cómo llegará a ser la ciencia cuando haya triunfado el Diseño Inteligente? Para responder a esta cuestión es necesario tener claro qué queremos decir por Diseño Inteligente. El Diseño Inteligente no es una reformulación del creacionismo, ni religión disfrazada de ciencia. El Diseño Inteligente sostiene que la causalidad inteligente es un factor irreducible del universo biofísico, y además que esta causalidad inteligente es empíricamente detectable. Es indiscutible que las causas inteligentes pueden hacer cosas que las causas no inteligentes no pueden hacer. El Diseño Inteligente proporciona un método para distinguir entre causas inteligentes y no inteligentes, y luego aplica este método a las ciencias especiales.

Algo que no puede considerarse como una dudosa innovación, el Diseño Inteligente formaliza y precisa algo que todos hacemos constantemente. Todos nosotros estamos constantemente dedicados a una forma de actividad racional que, sin ser tendenciosos, se puede describir como la inferencia del designio. Inferir designio es una actividad humana perfectamente normal y totalmente aceptada. Las personas consideran importante identificar sucesos causados por la acción deliberada y premeditada de un agente inteligente, y distinguir dichos sucesos de los sucesos debidos bien a ley natural, bien a un azar. El Diseño Inteligente hace explícita la lógica de esta actividad cotidiana, y la aplica a cuestiones científicas. No se trata de magia, ni de vitalismo, ni de una apelación a fuerzas ocultas. La inferencia del designio es algo común, racional y objetivable. El propósito de este artículo es formular el Diseño Inteligente como una teoría científica.

La fase clave para la formulación del Diseño Inteligente como teoría científica es delinear un método para la detección del designio. Dicho método existe, y, de hecho, lo usamos implícitamente de forma constante. El método adopta la forma de un Filtro Explicativo de tres fases. Dado algo que creemos que pudiera ser resultado de un designio deliberado, lo sometemos al filtro. Si pasa con éxito las tres fases del filtro, entonces estamos justificados en afirmar que es resultado de un designio deliberado. A grandes rasgos, el filtro formula tres preguntas en el siguiente orden: (1) ¿Se explica por ley natural? (2) ¿Se explica por azar? (3) ¿Se explica por designio?

Para un ejemplo de cómo el filtro funciona en la práctica, consideremos el caso de Nicholas Caputo. En 1985, Nicholas Caputo compareció ante el Tribunal Superior del Estado de New Jersey. El Partido Republicano había presentado un pleito contra él, alegando que Caputo había estado manipulando de forma sistemática las listas de votación del Condado de Essex, New Jersey, donde era el secretario del condado. Es cosa bien sabida que aparecer en la primera posición en una papeleta de votación aumenta las posibilidades de ganar una elección. Como en cada caso, excepto en uno, Caputo puso a los demócratas en primer lugar en la papeleta de votación, los republicanos argumentaban que al seleccionar el orden de aparición en las papeletas de votación, Caputo había favorecido intencionadamente a su propio partido, el Demócrata. En resumen, los republicanos afirmaban que Caputo había cometido un fraude electoral.

Así, la cuestión que debía juzgar el Tribunal Superior del Estado de New Jersey era: ¿Manipuló realmente Caputo el orden, o fue sin malicia ni designio por su parte que los Demócratas aparecieron los primeros en la papeleta 40 veces de 41? Como Caputo negaba haber actuado dolosamente, y por cuanto realizó la preparación de las papeletas de modo que los testigos no pudieran observar cómo realmente lo hacía, la determinación de si Caputo había manipulado las papeletas de voto pasa a ser una cuestión de evaluar las pruebas circunstanciales relacionadas con este caso. Así, ¿cómo se valorará esta prueba?

Para determinar cómo explicar esta extraordinaria coincidencia de la selección de los Demócratas por parte de Caputo en 40 de 41 ocasiones para encabezar la lista de la papeleta de votación, el tribunal tenía que considerar tres opciones:

Ley
Sin saberlo Caputo, no estaba empleando un sistema aleatorio fiable para determinar el orden de la lista. Caputo estaba en la situación de alguien que cree que está echando una buena moneda al aire cuando en realidad está echando una moneda con doble cara. Así cómo echar al aire una moneda con dos caras significará una larga secuencia de caras, así Caputo, al usar un método defectuoso para la selección del orden de aparición, generó una larga lista de demócratas que aparecían en los primeros lugares.

Azar
Al seleccionar el orden de los partidos políticos en la papeleta del estado, Caputo empleó un proceso aleatorio fiable que no favorecía a ninguno de ambos partidos en relación con el otro. Que los demócratas apareciesen en los primeros lugares en 40 de 41 ocasiones fue simplemente un golpe de pura suerte. Ocurrió por azar.

Designio
Caputo, plenamente consciente de lo que estaba haciendo, y tratando de ayudar a su partido político, manipuló el proceso de selección de orden en la lista para que los demócratas saliesen sistemáticamente en los primeros lugares. En resumen, Caputo cometió fraude.

La primera opción —que Caputo no realizó bien el procedimiento para seleccionar al azar el orden de los candidatos, de modo que en lugar de aleatorizar correctamente el orden en la papeleta, el procedimiento fue situando a los demócratas en los primeros puestos de la misma— fue descartada por el tribunal, porque el mismo Caputo había declarado que usaba un proceso de aleatorización para realizar las listas. Y como el tribunal no tenía razón alguna para pensar que el procedimiento de aleatorización de Caputo fuese el responsable, entonces la cuestión se transformaba en si Caputo había realmente usado este procedimiento al elaborar las selecciones del orden en las listas, o si dejó a un lado deliberadamente este procedimiento para hacer que los demócratas apareciesen sistemáticamente en los primeros puestos. Y como la preparación de las listas por parte de Caputo se había realizado sin testigos, era esta cuestión la que el tribunal tenía que elucidar.

Excluida la explicación de una ley, el tribunal decidió a continuación excluir la explicación del azar. Tras observar que la probabilidad de que el mismo partido político saliese sistemáticamente 40 de 41 veces era inferior a 1 en 50 mil millones, el tribunal concluyó que «ante una improbabilidad de tal magnitud, pocas personas razonables aceptarán la explicación de un ciego azar». Ahora bien, esta parece desde luego la conclusión correcta. Sin embargo, es preciso añadir algo. El problema es que una gran improbabilidad no es por sí misma suficiente para impedir que algo suceda por azar.

Invariablemente, lo que se necesita para excluir el azar es que el suceso en cuestión se amolde a un patrón. Pero no sirve cualquier patrón. Algunos patrones pueden emplearse legítimamente para excluir el azar, mientras que otros no.

Aquí resultará útil emplear una cierta terminología. Los patrones «legítimos» se llamarán especificaciones. Las especificaciones son los patrones no ad hoc que se pueden usar legítimamente para eliminar el azar y justificar una inferencia de designio. En cambio, los patrones «ilegítimos» pueden ser designados como invenciones. Las invenciones son los patrones ad hoc que no pueden usarse de forma legítima para eliminar el azar.

Al seleccionar a los demócratas para que encabezasen las listas en 40 de 41 ocasiones, Caputo parece haber participado en un suceso con una probabilidad inferior a 1 en 50 mil millones. Sin embargo, constantemente suceden cosas extremadamente improbables. Por tanto, la cuestión crucial es si este suceso está también especificado, esto es: ¿sigue este suceso un patrón no-ad hoc de modo que podamos eliminar el azar de forma legítima? Sí, claro, este suceso está especificado: Caputo es demócrata; Caputo tiene un interés en que los demócratas aparezcan en los primeros lugares de la papeleta, Caputo controla la ordenación de las papeletas, y, actuando por azar, Caputo tendría que haber asignado a los republicanos primeros lugares con tanta frecuencia como los demócratas: todo esto se une para especificar las selecciones de los lugares en las papeletas por parte de Caputo, y para hacer que sus selecciones sean incompatibles con el azar. Nadie a quien he mostrado este ejemplo extrae otra conclusión que la del designio, esto es, que Caputo cometió fraude.

Durante el juicio de Nicholas Caputo, el Tribunal Superior de New Jersey empleó el Filtro Explicativo, primero en su rechazo de una explicación mediante una ley, luego el rechazo de una explicación mediante azar, y finalmente infiriendo una explicación fundada en designio.

En la primera fase, el filtro determina si una ley puede explicar lo que observamos. La ley opera sobre la base de la reproducibilidad, al dar los mismos resultados siempre que se cumplen las condiciones correspondientes. Es evidente que si algo puede explicarse por una ley, es mejor no atribuirlo a designio. Las cosas susceptibles de explicación por la operación de una ley quedan por ello eliminadas en la primera fase del Filtro Explicativo.

Pero supongamos que algo que pensamos que podría estar diseñado no puede explicarse mediante la operación de ninguna ley. Entonces pasamos a la siguiente fase del filtro. En esta fase, el filtro determina si aquello que buscamos explicar no podría deberse razonablemente a un azar. Lo que hacemos es realizar una distribución probabilística y luego determinamos si nuestras observaciones son de esperar de manera razonable sobre la base de dicha distribución de probabilidades. Si este es el caso, estamos justificados en atribuir al azar el objeto o fenómeno observado. Y es evidente que si algo puede atribuirse al azar, es mejor no atribuirlo a un designio. Las cosas susceptibles de explicación por azar quedan por tanto eliminadas en la segunda fase del Filtro Explicativo.

Supongamos, finalmente, que ninguna ley puede explicar lo observado, y que cualquier distribución probabilística realista que pudiésemos proponer para su explicación resulta sumamente inverosímil. En este caso hemos superado las dos primeras fases del Filtro Explicativo y llegamos a la tercera y última fase. Es preciso hacer resaltar que esta tercera y última fase no demuestra un designio de forma automática: todavía queda un cierto trabajo por realizar. Una inmensa improbabilidad sólo justifica la presencia del designio si, además de lo anterior, lo que estamos tratando de explicar está especificado.

De modo que la tercera etapa del Filtro Explicativo nos presenta una disyuntiva: atribuir a un designio aquello que estamos tratando de explicar en caso que esté especificado; en caso contrario, atribuirlo al azar. En el primer caso, aquello que estamos tratando de explicar no sólo tiene una probabilidad exigua, sino que está especificada. En el segundo caso, tiene una probabilidad exigua, pero no está especificada. Es esta categoría de cosas especificadas con una exigua probabilidad lo que da una señal fiable de designio. En cambio, las cosas no especificadas con una probabilidad exigua son atribuidas apropiadamente al azar.

El Filtro Explicativo representa de forma fiel nuestra práctica ordinaria de distinguir entre cosas que atribuimos bien a la operación de una ley, al azar, o a un designio. Específicamente, el filtro describe:

  • Cómo las oficinas del copyright y de patentes identifican el robo de la propiedad intelectual;
  • Cómo las compañías de seguros se protegen de fraudes;
  • Cómo los detectives emplean las pruebas circunstanciales para incriminar a un culpable;
  • Cómo los científicos forenses pueden situar de forma fiable a individuos en la escena de un crimen;
  • Cómo los escépticos refutan las pretensiones de los parapsicólogos;
  • Cómo se identifican casos de falsificación de datos en ciencia;
  • Cómo el programa SETI de la NASA intenta identificar la presencia de vida inteligente extraterrestre, y
  • Cómo los estadísticos y los ingenieros de sistemas distinguen entre cadenas aleatorias y no aleatorias de dígitos.


Industrias enteras se vendrían abajo sin el Filtro Explicativo. Muchas cosas dependen del mismo. Usando el filtro, los tribunales han decidido entre la vida y la muerte de los acusados. Veamos ahora por qué el filtro funciona.

Por qué el filtro funciona

El filtro es un criterio para distinguir entre causas inteligentes y causas no inteligentes. Aquí uso el término «criterio» en su sentido etimológico estricto como método para decidir o juzgar una cuestión. El Filtro Explicativo es un criterio para decidir cuando algo tiene una causa inteligente y cuando no la tiene. La cuestión es: ¿decide esto de forma fiable?

Como sucede con cualquier criterio, tenemos que asegurarnos de que los resultados a que se llegue con dicho criterio se correspondan con la realidad. Un criterio para juzgar la calidad de los vinos carece de valor si considera que un matarratas consumido por alcohólicos es superior a un Rioja de crianza. La realidad es que un Rioja de crianza es superior a los matarratas, y que cualquier criterio para discriminar entre vinos debería indicar esto.

O bien consideremos los exámenes clínicos. Cualquier examen clínico es un criterio. Un examen clínico perfectamente fiable detectaría la presencia de una enfermedad siempre que esté realmente presente, y no detectaría la enfermedad cuando está ausente. Desgraciadamente, no hay ningún examen clínico perfectamente fiable, y por ello lo mejor que podemos hacer es mantener la proporción de falsos positivos y de falsos negativos lo más baja posible.

Todos los criterios, y no sólo los exámenes clínicos, se enfrentan con el problema de falsos positivos y de falsos negativos. Un criterio intenta clasificar individuos con respecto a un grupo objetivo (en el caso de los exámenes clínicos, aquellos que padecen una cierta enfermedad). Cuando el criterio identifica como enfermo a un individuo que en realidad no debiera estar en el grupo objetivo, comete un falso positivo. Recíprocamente, cuando el criterio no identifica como tal a uno que debiera estar en el grupo objetivo, comete un falso negativo. Sigamos con los exámenes clínicos. Un examen clínico comprueba si un individuo padece o no una cierta enfermedad. El grupo objetivo comprende todos aquellos individuos que realmente padecen la enfermedad. Cuando el examen médico clasifica a un individuo que no padece la enfermedad con aquellos que sí la padecen, comete un falso positivo. Cuando el examen médico clasifica a un individuo que sí padece la enfermedad con aquellos que no la padecen, comete un falso negativo.

Cuando el Filtro Explicativo no detecta designio en algo, ¿podemos estar seguros de que no hay ninguna causa inteligente subyacente? La respuesta es que No. Para determinar que algo no es producto de un designio, el Filtro Explicativo no es un criterio fiable. Los falsos negativos constituyen un problema para el Filtro Explicativo. Pero este problema de los falsos negativos es habitual en la detección de causas inteligentes. Una dificultad es que las causas inteligentes pueden imitar la operación de la ley y del azar, lo que hace que sus acciones puedan ser indistinguibles de dichas causas no inteligentes. Se precisa de una causa inteligente para conocer una causa inteligente, pero si no sabemos lo suficiente, podemos pasarla por alto.

Las causas inteligentes pueden hacer cosas que las causas no inteligentes no pueden, y pueden hacer manifiestas sus acciones. Cuando, por la causa que fuere, una causa inteligente no hace evidentes sus acciones, podemos perdérnosla. Pero cuando una causa inteligente logra hacer manifiestas sus acciones, nos damos cuenta. A esto se debe que los falsos negativos no invaliden el Filtro Explicativo. El Filtro Explicativo es plenamente capaz de detectar causas inteligentes que tienen la intención de poner su presencia de manifiesto.

Y esto nos lleva al problema de los falsos positivos. Aunque el Filtro Explicativo no es un criterio fiable para eliminar la posibilidad de designio, es, como expongo, un criterio fiable para la detección del designio. El Filtro Explicativo es como una red. Las cosas producto de designio pueden ocasionalmente escapar de la red. Preferiríamos que la red atrapase más de lo que hace, y que no omitiese nada debido a designio. Pero, dada la capacidad del designio de imitar causas no inteligentes, y dada la posibilidad de que debido a nuestra propia ignorancia pasemos por alto productos de designio, este problema no puede solucionarse. Sin embargo, queremos estar bien seguros de que todo lo que la red efectivamente atrape incluya sólo aquello que queremos atrapar, esto es, los productos de designio, de un propósito deliberado.

Sostengo que el filtro explicativo es un criterio fiable para la detección del designio. Por otra parte, sostengo que el Filtro Explicativo evita con éxito los falsos positivos. Así, siempre que el Filtro Explicativo atribuye algo a designio, lo hace correctamente.

Veamos ahora por qué es así. Ofrezco dos argumentos. El primero es un argumento inductivo directo: en cada caso en el que el Filtro Explicativo atribuye designio, y donde se conoce la historia causal subyacente, resulta que el designio está realmente presente; por tanto, el designio está realmente presente siempre que el Filtro Explicativo atribuye designio.

Mi segundo argumento para exponer que el Filtro Explicativo es un criterio fiable para la detección del designio se puede resumir de la siguiente manera: el Filtro Explicativo es un criterio fiable para la detección del designio porque coincide con la manera en que reconocemos la causalidad inteligente en general. En general, para reconocer causalidad inteligente tenemos que observar una disyuntiva entre posibilidades enfrentadas, observar qué posibilidades no se han escogido, y luego poder especificar la posibilidad escogida.

Su pertinencia en biología

Una cosa sí que está clara. Tanto creacionistas como evolucionistas sienten la fuerza convincente del designio. Todos, a cierto nivel, responden ante el mismo. Esto es cierto incluso de aquellos que, a diferencia de Dawkins, creen que la aparición de la vida en el universo es sumamente improbable por azar, pero que sin embargo están de acuerdo con Dawkins en que la vida tiene una explicación apropiada sin referencia alguna a un designio. Aquí tengo en mente a los proponentes del Principio Antrópico, como Barrow y Tipler (1986), que postulan un conjunto de universos de modo que es virtualmente seguro que la vida, aunque sumamente improbable en nuestro propio pequeño universo, tenga que haber surgido al menos una vez en el vasto número de universos que constituyen el conjunto del que nuestro universo forma parte. Este argumento permite a Barrow y Tipler multiplicar enormemente sus recursos probabilísticos, y así reducir enormemente su probabilidad para el origen de la vida sobre la tierra.

Quedan otros modos de bloquear el designio como explicación de la vida. Algunos teóricos creen que nuestro propio diminuto universo es bastante suficiente para hacer que la vida sea no sólo probable, sino virtualmente inevitable. Stuart Kauffman, por ejemplo, identifica la vida con «la emergencia de sistemas autorreplicantes de polímeros catalíticos, bien peptídicos, o de ARN, u otros» (The Origins of Order, 1993, p. 340). Adoptando esta perspectiva teórica, Kauffman desarrolla un modelo matemático en el que «se espera la formación espontánea de ... conjuntos poliméricos autocatalíticos» (p. 288). Kauffman intenta echar el fundamento de una teoría del origen de la vida en la que la vida no sea un accidente afortunado, sino un acontecimiento que debe ser esperado como totalmente seguro:

Creo que [la vida] es una propiedad esperada, emergente y colectiva de sistemas complejos de catalizadores poliméricos. La vida, sugiero, «se cristaliza» en una transición de fase que lleva a secuencias concatenadas de transformaciones bioquímicas por las que polímeros y elementos constitutivos más simples catalizan mutuamente su reproducción colectiva (p. 287).

Lo que está haciendo Kauffman es en realidad tratar de explicar la vida en términos de la operación de leyes. Así, con respecto al Filtro Explicativo, Kauffman nunca ha ido más allá siquiera del primer nodo de decisión. Y Kauffman no está solo en su intento de explicar la vida en términos de leyes. Prigogine y Stengers (1984, pp. 84, 176), Wicken (1987), y Brooks y Wiley (1988) comparten todos este mismo compromiso con Kauffman.

En resumen, en tanto que los creacionistas justifican el designio como el modo apropiado para explicar la vida argumentando que las probabilidades relevantes son suficientemente pequeñas, los biólogos evolutivos rechazan el designio argumentando que las probabilidades relevantes nunca son lo suficientemente pequeñas. Así Darwin, para prevenir que las probabilidades se hicieran demasiado pequeñas, tuvo que darse más tiempo para que la variación y la selección tuvieran efecto del que muchos de sus contemporáneos estaban dispuestos a conceder (cf. Lord Kelvin, que como el físico más destacado de la época estimó la edad de la tierra en 100 millones de años, aunque Darwin consideraba esta duración como demasiado corta para estar en consonancia con su teoría). Igualmente Dawkins, para prevenir que las probabilidades se hagan demasiado pequeñas, no sólo se da a sí mismo todo el tiempo que Darwin quiso, sino que se hace además con todos los planetas concebibles que pueda haber en el universo físico conocido. Y así Barrow y Tipler, para prevenir que las probabilidades se hagan demasiado pequeñas, no sólo se procuran de todo el tiempo y de todos los planetas que Dawkins haya podido nunca desear, sino que se apropian de una generosa ración de universos (universos que por definición son causalmente inaccesibles para nosotros). Y así Kauffman, para prevenir que las probabilidades se hagan demasiado pequeñas, conjetura leyes de auto-organización según las que la vida surgirá con casi total seguridad de forma espontánea en un planeta como el nuestro. Desde la perspectiva del Filtro Explicativo, todas estas propuestas tienen un solo propósito: evitar la conclusión de que la forma apropiada de explicar la existencia de la vida es por designio.


miércoles, 27 de octubre de 2010

La estructura retórica del Origen de las especies de Darwin


Por John Angus Campbell
Universidad de Memphis

John Angus Campbell es profesor asociado de la Universidad de Memphis. Hasta su reciente retiro fue profesor y director del programa de maestría del Departamento de Comunicación. Fue presidente, y hoy es el segundo vicepresidente de la Asociación Norteamericana para la Retórica de la Ciencia y la Tecnología y uno de los fundadores de la retórica de la ciencia como subdisciplina académica. Junto con Stephen C. Meyer es co-editor y autor de Darwin, Design and American Public Education [Darwin, Diseño y Educación Pública Norteamericana], publicado por Michigan State University Press. Ha escrito muchos ensayos y capítulos de libros acerca de la estrategia y estructura del Origen de las Especies de Darwin.

Darwin enfrentó un gran reto de persuasión en su obra maestra El Origen de las Especies. Como muestran ampliamente sus cuadernos de notas (1837-1839), desde las etapas más tempranas de su teoría Darwin pensaba mucho en el problema de la persuasión. El Origen de las Especies puede seccionarse en cinco partes: 1) la introducción explica cómo se le ocurrió a Darwin su teoría y bosqueja estructura de ésta; 2) los primeros cuatro capítulos explican los elementos de la teoría: selección, variación, competencia y la resultante adaptación diferencial; 3) el quinto capítulo explica la herencia; 4) los capítulos 6 al 13 comprenden la sustancia del libro, a la vez que refutan las objeciones a la teoría y confirman el caso de Darwin; y 5) el capítulo catorce resume el argumento de Darwin. Con un poco de libertad en el capítulo cinco, el Origen de las Especies sigue a grandes rasgos el patrón de cinco partes de los discursos clásicos compuestos por unexordiama, que coloca al juez en un estado mental favorable, una narración, que proporciona el fondo necesario para el argumento, una confirmación y una refutación, diseñadas para apoyar la tesis propia y refutar las de los oponentes respectivamente (el orden de estos elementos es variable y pueden mezclarse según las circunstancias) y una peroración, que resume el argumento.

M.J.S. Hodge ha argumentado que, aunque el patrón es más claro en el Bosquejo de 1842 y en el Ensayo de 1844 (los primeros bosquejos de lo que más tarde se convertiría en el Origen de las Especies), la obra maestra de Darwin sigue la lógica de vera causa (de aquí en adelante VC) establecida por Newton y ratificada por John Herschel en su Discurso Preliminar (1830). Según el principio VC, para establecer una "causa verdadera" -y esto es lo que Darwin deseaba hacer con la selección natural- uno debe mostrar tres cosas: 1) que la causa existe independientemente del fenómeno en cuestión; 2) que la causa tiene la capacidad de producir el efecto; 3) que la causa es responsable del efecto. Aunque los elementos no están muy bien definidos, uno puede ver el patrón VC en los capítulos del Origen de las Especies. El primer capítulo "Variación bajo domesticación" establece la existencia de la selección independientemente de la naturaleza en las prácticas del criador doméstico. El segundo y tercer capítulos establecen la variación y la lucha por la existencia como principio activo en la naturaleza. Apoyándose en el material sobre la herencia presentado en el quinto capítulo, el cuarto capítulo argumenta que la causa es capaz de producir descendientes diferentes a sus padres. El resto del libro asegura que es más plausible aceptar la selección natural como causa verdadera de la variación, diversidad y divergencia de las especies que la teoría recibida que no ofrece ninguna explicación física adecuada.

Como incluso este breve bosquejo indica, la tarea de Darwin no es sólo convencer a sus lectores de lo que llamamos "evolución". El concepto que Darwin llamó "descendiente con modificación" se había conocido desde la antigüedad, fue defendido por su abuelo Erasmo (Zoonomia, 1794-96) y por el científico francés Lamarck (Philosophie Zoologic, 1809) y conocido por el público parcialmente a través de la refutación que Charles Lyell hizo de él en el segundo volumen de sus Principios de Geología (1831-33). La mayoría de los victorianos letrados (incluyendo a Florence Nightingale y Abraham Lincoln) conocieron la evolución no a través de estas fuentes técnicas, sino de los Vestigios de la Historia Natural de la Creación, un libro sensacionalista de éxito repentino publicado anónimamente en 1844 por el publicista escocés Robert Chambers. Sin embargo, Darwin no sólo argumentó que las especies cambiaron a través del tiempo, sino que la selección natural -con una dosis variable de otros factores como la herencia de características adquiridas- explicaba científicamente ese cambio.

En relación con nuestras expectativas ordinarias de exposición científica, es evidente que el Origen de las Especies, aun en sus secciones más exigentes (por ejemplo, la parte media del capítulo cuatro), es retórico en un sentido más popular que profesional. El libro está escrito en lenguaje coloquial para que lo entiendan los principiantes. Sólo en algunas secciones es abstracto y con frecuencia es muy metafórico y difícilmente está libre de juicios de valor. Piense en el título: Sobre el Origen de las Especiesmediante la Selección Natural, o la Preservaciónde las Razas Favorecidas en la Lucha por la Existencia. El mismo término "selección" implica que la conciencia es una personificación; "razas favorecidas" suena incómodamente cercano al racismo a los oídos postmodernos; y "lucha por la existencia" suena como a guerra, a un deporte de competencia, o a ambos. Uno debe tener en cuenta que había pocos científicos "profesionales" en la época de Darwin, y que según las normas actuales incluso Darwin fue un aficionado. La palabra "científico" fue acuñada en 1840 por el mentor de Darwin en Cambridge, William Whewell (Filosofía de las Ciencias Inductivas, Vol. 1, p. 113).

No exageramos al decir que el fondo del Origen de las Especies es la teología naturalista -la creencia de que el universo manifiesta el tipo y orden que uno esperaría de la mente más que de la autosuficiencia material. La primera vez que el Origen de las Especies invoca esta tradición es en su solapa con una cita de William Whewell (Tratado Bridgewater, 1833). Una segunda cita es de Avance del Aprendizaje, de Francis Bacon (1605), la cual insta a los lectores a ser igualmente versados en filosofía que en Biblia. Una tercera cita de la Analogía de la Religión de Butler (1736) distingue ley natural de milagro con base en la velocidad y regularidad de ocurrencia. Esta última cita fue agregada a la tercera edición del Origen de las Especies por haber sido mencionada en el panfleto de Asa Gray, siguiendo la tabla de contenido, y la cual Darwin suscribió financieramente, reconciliando la selección natural con la teología natural. En estos primeros ejemplos, así como en todo el libro, Darwin se esfuerza mucho por decir que la explicación mediante causas "secundarias" no es más impía en la biología que en la física, la geología o la química.

Pero, ¿cómo va Darwin a hacer buena su declaración de que la ley natural puede producir las "peripecias" que relacionamos con el diseño inteligente? San Agustín, sin ser un alevoso retórico, observó que nadie cree algo sin considerar primero que es creíble. Los primeros cuatro capítulos del Origen de las Especies proporcionan un ejemplo excelente de este principio: 1) "Variación bajo domesticación"; 2) "Variación bajo naturaleza"; 3) "Lucha por la existencia"; y 4) "Selección natural". Juntos, estos capítulos son una escalera que conduce de lo conocido a lo desconocido -de lo incuestionable a lo rebatible. La clave psicológica del persuasivo esfuerzo de Darwin es que antes de empezar las partes verdaderamente técnicas de su argumento capacita a sus lectores para aceptar la posibilidad de sus creencias mediante una serie de premisas conocidas y poco controversiales. Aunque Darwin podría haber ilustrado su primer capítulo con plantas y animales exóticos, lo que hace es llevar al lector a una granja británica. Mezclando la celebración patriótica de las habilidades de los criadores de animales y trabajadores de viveros con ejemplos detallados de su trabajo, Darwin muestra que las plantas y animales domésticos están muy alejados de sus equivalentes salvajes o que hay pocos de estos. Enfatiza que la diferencia se debe a la habilidad de los criadores, practicada metódicamente durante generaciones. Con su observación de que lo que sus compatriotas y otros europeos han elevado a arte de altos vuelos fue practicado inconscientemente desde tiempos inmemoriales por "salvajes" que favorecían a sus mejores animales y plantas sin pensarlo demasiado, Darwin se ha colocado a sí mismo en la posición de poder explicar cómo procesos no discernidos pueden producir efectos que parecen diseñados.

En el capítulo dos se argumenta que aunque la cruza doméstica se apoya en la variación natural, la variación es omnipresente en la naturaleza. Darwin advierte que la variación es tan persistente en la naturaleza que los taxonomistas distinguidos con frecuencia no se ponen de acuerdo dónde termina una variedad y empieza una especie. Utilizando una analogía industrial, Darwin asegura que debido a que los géneros más grandes tienen más especies, un género grande puede considerarse como una "fábrica" (p. 56) de especies. También cambia el significado de los términos "variedad" y "especie" redefiniendo una "especie" como una "variedad más o menos permanente" y una variedad como "una especie incipiente" (p. 51-54).

El capítulo tres "Lucha por la existencia", presenta la exposición que Darwin hace de Malthus, y es una de las apuestas más fuertes del libro. Dependiendo del éxito que Darwin tenga en ubicar su tesis en el repertorio de vivencias del lector, cabrá la posibilidad de que éste haga la transición entre considerar a los organismos como producto de la atención o como resultado de procesos materiales no guiados. Después de una hueste de interesantes ejemplos provenientes de la naturaleza y la domesticación, Darwin termina el capítulo pidiendo al lector que imagine qué tipo de variación se necesitaría para llevar a una planta más allá de sus límites conocidos. Habiendo ensayado muchas sugerencias del capítulo, Darwin concluye que el resultado se este experimento mental debiera enseñarnos cuán poco sabemos sobre variación y herencia. La confesión de ignorancia de Darwin podría leerse igualmente como un resumen de su tesis. Dada la cantidad de los ejemplos de Darwin, sin mencionar el encanto de su exposición, un lector que haya empezado el capítulo sin ninguna idea de cómo podría haberse originado la novedad biológica, termina con abundantes pistas.

En el capítulo cuatro "Selección natural", a la que Darwin llamó "la piedra angular de mi arco", se desarrolla la máxima de que la naturaleza puede mejorar lo que el hombre puede hacer. El pasaje principal, uno de los más coloridos y celebrados del Origen de las Especies, es la personificación más famosa de Darwin: "la selección natural escudriña cada día y cada hora, en todo el mundo, cada variación, incluso la más pequeña, rechazando lo malo, preservando todo lo bueno y agregando aún más..." (p. 84). En esta descripción, la selección natural puede leerse en dos formas. Si uno lee su personificación como puramente figurativa podemos ver que Darwin está describiendo un proceso no dirigido basado parcialmente en la variación natural, en condiciones ambientales cambiantes, en las leyes de población de Malthus y en los alcances hereditarios e inimaginables del tiempo. Leída de otra forma la figura de Darwin sugiere, como algunos lectores infieren erróneamente, una fuerza (¿o mano divina?) que guía el proceso mediante una sabiduría más grande que la humana. Como se lea, la figura compleja junta lo que el lector ha aprendido de los criadores que trabajan en operaciones domésticas y lo que se conoce de las propias operaciones de la naturaleza. En varios pasajes, Darwin trata de cambiar para su propio provecho la relación tradicional de la ciencia y la teología natural. En el capítulo cinco Darwin dice que la creación especial hace "las obras de Dios una mera burla y decepción" (p. 167). En el capítulo final afirma: "hay grandeza en esta perspectiva de la vida en que sus varios poderes han sido soplados originalmente sobre unas cuantas formas o una..." (p. 490). En la tercera edición agregó: "soplados por el Creador". Aunque Darwin admite haberse "arrastrado" a un "lenguaje pentatéutico" en esta sección final, aparte de una risa burlona acerca de un pasaje ocasional, el argumento del diseño se ha desvanecido del mundo de Darwin.

Aunque las limitaciones de espacio no permiten hacer una presentación más elaborada de los principales elementos del persuasivo atractivo de Darwin, estos ya están asentados hacia el final de las primeras páginas del cuarto capítulo. En el cuerpo de la obra, cuando el avance se vuelve más difícil -y para el crédito eterno de Darwin, él incluyó en su obra todas las objeciones que se le ocurrieron- por lo general Darwin apela al ejemplo de los criadores para convencer al lector de que el trabajo que necesitan de la selección natural es concebible, posible o probable. Dados los tremendos logros de los criadores domésticos (en sólo unos cuantos cientos de años) y considerando el alcance omnipotente de la naturaleza y la enorme cantidad de tiempo de que ésta dispone, Darwin insta repetidamente a sus lectores a considerar ¿qué no podría la naturaleza haber logrado por sí misma? Mucho antes del final del Origen de las Especies, si no para todos los lectores por lo menos para la minoría que comunicaría el legado de Darwin, la cuestión ya no era retórica.
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