jueves, 23 de diciembre de 2010

En Punto Muerto Intelectual

Dr. William  Lane  Craig
Dr. W. Lane Craig
Hace algunos años aparecieron dos libros que provocaron un maremoto en la comunidad de educación Americana. El primero de estos, Cultural Literacy: What Every American Needs to Know (Alfabetización Cultural: Lo que Cada Americano Necesita Saber), por E.D. Hirsch, documentó el hecho de que un gran número de estudiantes universitarios Americanos no tienen el conocimiento básico para entender la primera plana de un periódico o para actuar con responsabilidad como ciudadano. Por ejemplo, en una reciente encuesta, un cuarto de los estudiantes pensó que Franklin D. Roosvelt fue presidente durante la guerra de Vietnam. Dos tercios no sabían cuándo ocurrió la Guerra Civil. Un tercio pensó que Colón descubrió el Nuevo Mundo en algún momento después de 1750. En una reciente encuesta en la Universidad Estatal de California, en Fullerton, más de la mitad de los estudiantes no pudieron identificar a Chaucer o Dante. El noventa por cien no supieron quien fue Alexander Hamilton, a pesar de que su foto esta en cada billete de diez dólares.

Estas estadísticas podrían se simplemente curiosas si no fuese porque son tan alarmantes. ¿Qué les ha pasado a nuestras escuelas para que estén produciendo personas tan terriblemente ignorantes? Alan Bloom, quien fue un eminente educador en la Universidad de Chicago y el autor del segundo de los libros a los que me he referido arriba, argumentaba en su The Closing of the American Mind (La Decadencia de la Cultura) que detrás del actual malestar educacional se encuentra en los estudiantes la convicción universal de que toda verdad es relativa y, por tanto, que la verdad no es algo que vale la pena perseguir. Bloom escribe,

Hay una cosa de la que un profesor puede estar absolutamente seguro: casi cualquier estudiante que entra en la universidad cree, o dice creer, que la verdad es relativa. Si esta creencia se pone a prueba, uno puede prever la reacción de los estudiantes: se quedarán perplejos. Que alguien debiera considerar esa misma afirmación como no evidente los deja asombrados, como si se estuviese cuestionando 2 + 2 = 4. Uno no piensa acerca de estas cosas . . . Que esto es una cuestión moral para los estudiantes se revela en el carácter de su respuesta cuando son retados - una combinación de incredulidad e indignación: “¿Acaso eres un absolutista?”, la única alternativa que conocen, pronunciada con el mismo tono que . . . “¿realmente crees en las brujas?”. Esta última pregunta lleva a la indignación, para alguien que cree en las brujas bien podría ser un cazador de brujas o un juez de Salem. El peligro de que ellos hayan sido enseñados a temer el absolutismo no es el error sino la intolerancia. El relativismo es necesario para la apertura; y esta es la virtud, la única virtud, la cual toda la educación primaria misma se ha dedicado a inculcar por más de cincuenta años. Apertura - y el relativismo que la hace la única postura verosímil en la presencia de los diferentes pretensiones de verdad y los diferentes estilos de vida y tipos de seres humanos - es la gran idea de nuestros tiempos . . . . El estudio de la historia y de la cultura enseña que todo el mundo estaba loco en el pasado, los hombres siempre pensaban que tenían la razón, y eso llevó a guerras, persecuciones, esclavitud, xenofobia, racismo y chovinismo. El punto no es corregir los errores y tener la razón; más preciso, es no pensar que de algún modo pudieras tener la razón.

Ya que la verdad absoluta no existe, ya que todo es relativo, el propósito de perseguir una educación no es aprender la verdad o dominar hechos - realmente, se trata simplemente de adquirir una habilidad para que uno pueda salir y obtener riqueza, poder y fama. La verdad se ha convertido en algo irrelevante.

Ahora bien, desde luego, este tipo de actitud relativista hacia la verdad es totalmente antitética a la cosmovisión cristiana. La razón es que, como cristianos, creemos que toda verdad es verdad de Dios, que Dios nos ha revelado la verdad, tanto en su Palabra como en Aquel que dijo “Yo soy la Verdad”. El cristiano, entonces, nunca puede considerar la verdad con apatía o desdén. Al contrario, él aprecia y atesora la verdad como un reflejo de Dios mismo. Tampoco es que su compromiso a la verdad convierta al cristiano en intolerante, como los estudiantes encuestados por Bloosom erróneamente inferían. Realmente, el mismísimo concepto de tolerancia implica que uno no está de acuerdo con aquello que tolera. El cristiano está comprometido tanto con la verdad como con la tolerancia, porque cree en Aquel que no solo dijo “Yo soy la verdad” sino también “ama a tus enemigos”.

Ahora bien, al tiempo en que estos libros fueron publicados, yo estaba enseñando en el departamento de Estudios Religiosos de una universidad cristiana de Artes Liberales. Así que me empecé a preguntar: ¿Cuánto han sido los estudiantes cristianos infectados con la actitud que Bloom describe?, ¿Qué tal les iría a mis propios estudiantes en uno de los tests de E.D. Hirsh? Bien, ¿cómo lo harán?, pensé. ¿Por qué no hacerles esa prueba? Así que se la hice.

Redacté una prueba breve de conocimiento general acerca de personas famosas, lugares y cosas, y la di en dos clases de cerca de cincuenta estudiantes de segundo año de universidad. Lo que encontré fue que, aunque ellos lo hicieron mejor que la media general de estudiantes, todavía había una porción considerable de estudiantes que no podían identificar - incluso con una frase - algunos eventos y nombres importantes. Por ejemplo, el 49% no pudo identificar a Leo Tolstoy, el autor de quizá la novela más grandiosa en el mundo, Guerra y Paz. Para mi sorpresa, el 16% no sabían quién fue Winston Churchill. ¡Un estudiante pensó que fue uno de los Padres fundadores de nuestra nación! ¡Otro lo identificó como el más grande predicador de avivamientos de hace un par de siglos! El 22% no supieron qué es Afganistán, y otro 22% no pudieron identificar Nicaragua. El 20% no supieron dónde está el río Amazonas. ¡Imagínalo!

Les fue incluso peor en las cuestiones sobre cosas y eventos. Me quedé asombrado de que un notable 67% no pudo identificar la Batalla de las Ardenas. Algunos la identificaron como una cuestión de dietista. El 24% no supieron qué es la Teoría Especial de la Relatividad (aunque fue simplemente identificarla - incluso con un “una teoría de Einstein” -, y no explicarla). El 49% no pudo identificar el último desafío de Custer - fue clasificado por varios como una batalla en la Revolución Americana o como una batalla de la Guerra Civil. Y no me sorprendí de que el 73% no supieron a qué se refería la expresión “Destino Manifiesto”.

Así, me quedó claro que los estudiantes cristianos no habían sido capaces de ponerse por encima de la corriente oscura en nuestro sistema educacional en los niveles de primaria y secundaria. Este nivel de ignorancia presenta una crisis real para las universidades y seminario cristianos.

Pero entonces un terrible miedo aún mayor comenzó a crecer en mi mientras contemplaba estas estadísticas al caer en la cuenta; Si los estudiantes cristianos son así de ignorantes acerca de los hechos generales de la historia y la geografía, pensé, entonces hay muchas probabilidades de que ellos, y los cristianos en general, son igualmente - o incluso aún más - ignorantes acerca de los hechos de nuestra propia herencia y doctrinas cristianas. Nuestra cultura en general se ha hundido hasta el nivel del analfabetismo bíblico y teológico. Muchas personas, sino la mayoría, no pueden incluso nombrar los cuatro evangelios - ¡en una encuesta reciente una persona los identificó como Mateo, Marcos, y Lutero! ¡En otra encuesta, Juana de Arco fue identificada por algunos como la esposa de Noe! La sospecha que se levantó en mi mente es que la iglesia evangélica está probablemente atrapada, aunque un poco más alto, en esta misma espiral de caída.

Pero si nosotros no protegemos la verdad de nuestra propia herencia y doctrina cristiana, ¿quién la aprenderá por nosotros? ¿los que no son cristianos? Eso parece poco probable. Si la iglesia no atesora su propia verdad cristiana, entonces la perderá para siempre. Así que, me pregunto, ¿qué tal les iría a los cristianos en una prueba sobre cuestiones generales de la historia y doctrina cristiana?

Bueno, ¿qué tal les iría? Te invito ahora a sacar un bolígrafo y una hoja de papel y haz la siguiente prueba por ti mismo. (Vamos, solo te llevará un minuto). Los siguientes son puntos que creo que cualquier cristiano maduro en nuestra sociedad debería ser capaz de identificar. Simplemente da alguna frase representativa que indique que sabes de qué se trata el punto.

Prueba

1. Agustín
2. Concilio de Nicea
3. Trinidad
4. Dos naturalezas unidas en una persona
5. Panteísmo
6. Tomas de Aquino
7. Reforma
8. Martín Lutero
9. Expiación sustitutoria
10. Ilustración

¿Cómo te fue en la prueba? Si eres un caso típico de las audiencias a las que les he dado esta prueba, probablemente no te ha ido muy bien. Si ese es el caso, podrías estar tentado a reaccionar a esta prueba de manera defensiva: “¿de cualquier manera, quién necesita saber todo esto? Esta basura no es importante. Lo que cuenta realmente es mi caminar con Cristo y el testimonio que doy de Él a los demás. ¿A quién le importan todas estas trivialidades?”.

Sinceramente, espero que esa no haya sido tu reacción, porque eso bloqueará tu superación personal. Este pequeño ejercicio no habrá sido de ningún beneficio para ti. No habrás aprendido nada de él.

Pero hay una segunda y más positiva reacción. Puede ser que veas, quizá por primera vez en tu vida, que aquí hay una necesidad en tu vida de que como cristiano te comprometas intelectualmente un poco más, y puede ser que hayas decidido hacer algo sobre eso. Esta es una decisión crucial. Estarás dando un paso que millones de cristianos Americanos necesitan dar.

Nadie ha expresado un reto más fuerte para que los cristianos se comprometan más intelectualmente que Charles Malik, ex-embajador Libanés en los Estados Unidos, en su discurso en la dedicación del Centro Billy Graham en Wheaton, Illinois. Malik enfatizó que como cristianos enfrentamos dos tareas en nuestro evangelismo: salvar el alma y salvar la mente; es decir, no se trata solo de convertir a la gente espiritualmente, sino también convertirlos intelectualmente. Y la iglesia se está rezagando peligrosamente con respecto a esta segunda tarea. Nuestras iglesias están llenas de gente que han nacido de nuevo espiritualmente, pero que todavía piensan como los no cristianos. Nota bien sus palabras:

Debo ser sincero contigo: el mayor peligro que enfrenta el cristianismo evangélico Americano es el peligro del anti-intelectualismo. No estamos cuidando suficientemente la mente en sus más grandes y profundas riquezas. Pero la nutrición intelectual no puede ocurrir aparte de una profunda inmersión por varios años en la historia del pensamiento y el espíritu. Las personas que tienen prisa por salir de la universidad y comenzar a ganar dinero, o servir a la iglesia, o predicar el evangelio no tienen ni idea del infinito valor de pasar años de tiempo libre en conversación con las más grandes mentes y almas del pasado, madurando, afilando y engrandeciendo sus capacidades de pensamiento. El resultado es que el ruedo de pensamiento creativo es desocupado y abdicado en favor del enemigo.2

Malik continúa diciendo:
Requerirá un espíritu totalmente diferente el vencer este gran peligro del anti-intelectualismo. Por ejemplo, digo que este espíritu diferente, en lo que concierne solamente a la filosofía - el campo más importante para el pensamiento e intelecto -, debe ver el enorme valor de pasar un año entero sin hacer otra cosa que estudiando minuciosa e intensivamente la República o el Sofista de Platón, o dos años estudiando minuciosamente la Metafísica o Etica de Aristóteles, o tres años con la Ciudad de Dios de Agustín. Pero si se empieza ahora en un programa intensivo en este y otros campos, llevará por lo menos un siglo alcanzar a los de Harvard, Tubinga y La Sorbona - y para entonces, ¿dónde estarán estas universidades?3

Lo que Malik vio claramente es la posición estratégica que ocupan las universidades al moldear el pensamiento y cultura occidental. De hecho, la única y más importante institución que está moldeando la sociedad occidental es la universidad. Es en la universidad donde son educados nuestros futuros líderes políticos, nuestros periodistas, nuestros abogados, nuestros maestros, nuestros científicos, nuestros ejecutivos de negocios, nuestros artistas. Es en la universidad el lugar donde formularán o, más probablemente, simplemente absorberán la cosmovisión que moldeará sus vidas. Y, ya que estos son los que crean opinión y los líderes que moldean nuestra cultura, la cosmovisión que ellos embeben en la universidad será la que moldee nuestra cultura.

¿Por qué es esto importante? Simplemente porque el evangelio nunca es escuchado aisladamente. Siempre se escucha contra el trasfondo del ambiente cultural en el cual uno vive. Una persona criada en un ambiente cultural en el cual el cristianismo todavía es visto como una opción intelectualmente viable presentará una apertura al evangelio que una persona secularizada no presentará. ¡Para la persona secular, bien podrías decir que crees tanto en hadas o en duendes como en Jesucristo! O, para dar una ilustración más realista, es como un devoto del movimiento Hare Krishna acercándose a ti en la calle e invitándote a creer en Krishna. Una invitación así nos parece estrafalaria, rara, incluso divertida. Pero para una persona en las calles de Deli, tal invitación parecería, asumo, bastante razonable y motivo de reflexión. Me temo que los evangélicos parecen casi tan raros para las personas en las calles de Bonn, Estocolmo o Toronto como lo parecen los devotos de Krishna.

Es parte de la tarea más amplia de la erudición cristiana ayudar a crear y mantener un ambiente cultural en el que el evangelio pueda ser escuchado como una opción intelectualmente viable para los hombres y mujeres racionales. Por tanto, la iglesia tiene un papel vital en levantar eruditos cristianos que ayuden a crear espacio para las ideas cristianas en la universidad. El cristiano promedio no se da cuenta de que una guerra intelectual se está desarrollando en las universidades, en las revistas profesionales, y en las asociaciones de eruditos. El cristianismo está siendo atacado como irracional u obsoleto, y millones de estudiantes - nuestra futura generación de líderes, han absorbido ese punto de vista.

Esta es una guerra que no podemos permitirnos perder. El gran teólogo de Princeton J. Gresham Machen advirtió en las vísperas de la Controversia Fundamentalista que si la iglesia perdiese la batalla intelectual en un generación, entonces el evangelismo sería inconmensurablemente más difícil en la siguiente:

Las falsas ideas son los obstáculos más grandes para la recepción del evangelio. Podemos predicar con todo el fervor de un reformador y aún así solamente tener éxito ganando un rezagado aquí y otro allá, si permitimos que todo el pensamiento colectivo de la nación o del mundo esté controlado por ideas que, por falta de una fuerza resistente de la lógica, impidan que el Cristianismo sea considerado como algo más que una ilusión inofensiva. Bajo tales circunstancias, lo que Dios quiere que hagamos es destruir el obstáculo desde sus raíces.4

La raíz del obstáculo se encuentra en la universidad, y es allí donde se debe atacar. Desafortunadamente, la advertencia de Manchen fueron desatendidas, y el cristianismo bíblico se retiró adentro de los armarios intelectuales del Fundamentalismo, desde los cuales solo recientemente ha empezado a volver a emerger. Aún no se ha perdido la guerra, y es una que no debemos perder: las almas de hombres y mujeres están en juego.

Así que, ¿qué es lo que los evangélicos están haciendo para ganar esta guerra? Hasta hace poco, de hecho muy poco. Malik preguntó acertadamente,

¿Quién de entre los evangélicos puede levantarse ante los grandes eruditos seculares, naturalistas o ateos en sus términos de erudición? ¿Quién entre los eruditos evangélicos es citado por las grandes autoridades seculares como una fuente normativa en historia, filosofía, psicología, sociología o política? ¿Tiene el pensamiento evangélico la más mínima oportunidad de convertirse en el pensamiento dominante en las grandes universidades de Europa y América que sellan nuestra civilización con su espíritu e ideas?

. . . Por amor a una mayor efectividad al testificar de Jesucristo mismo, así como por amor a ellos mismos, los evangélicos no pueden permitirse el vivir en la periferia de una existencia intelectual responsable.5

Estas palabras golpean como un martillo. Verdaderamente, los evangélicos han estado viviendo en la periferia de una existencia intelectual responsable. La mayoría de los eruditos evangélicos prominentes tienden a ser el pez gordo en una pecera pequeña. Nuestra influencia se extiende poco más allá de la sub-cultura evangélica. Tendemos a publicar exclusivamente con editoriales evangélicas, y por tanto es muy probable que nuestros libros nunca sean leídos por eruditos no-evangélicos. Y, en lugar de participar en asociaciones profesionales standard, participamos en las asociaciones profesionales evangélicas. Como resultado, ponemos efectivamente nuestra luz bajo el almud y tenemos poco efecto «fermentador» para el evangelio en nuestros campos profesionales. En cambio, la corriente intelectual de la cultura en general sigue deslizándose sin obstáculos más profundamente en el secularismo.

Necesitamos desesperadamente eruditos cristianos que puedan, tal y como Malik dijo, competir con pensadores no cristianos en sus especialidades y con sus propios conceptos de erudición. Se puede hacer. Actualmente, por ejemplo, se está dando una revolución en el campo de la filosofía que, como dijo Malik, es la esfera más importante para el pensamiento e intelecto, ya que es el fundamento para todas las demás disciplinas en la universidad. Filósofos cristianos han estado saliendo del armario y defendiendo la verdad de la cosmovisión cristiana con sofisticados argumentos filosóficos en las mejores revistas seculares y asociaciones profesionales. Como resultado, el rostro de la filosofía Americana ha cambiado.

Hace cincuenta años, filósofos ampliamente reconocidos hablaban de Dios como literalmente sin sentido, simple algarabía. Pero actualmente, ningún filósofo suficientemente informado podría aceptar tal punto de vista. De hecho, hoy en día muchos de los mejores filósofos de América son abiertamente cristianos. Para darte un poco del sentir del impacto de esta revolución, déjame citar un artículo que apareció en el otoño del 2001 en la revista Philo lamentando lo que el autor llamó “la desecularización de el mundo académico que evoluciona en los departamentos de filosofía desde finales de la década de los sesenta”. El autor, un prominente filósofo ateo, escribe:

Los naturalistas miraban pasivamente mientras versiones realistas del teísmo . . . comenzaron a propagarse por la comunidad filosófica. Hasta hoy quizá un cuarto o un tercio de los profesores de filosofía son teístas, y la mayoría son cristianos ortodoxos.

. . . en filosofía, casi de la noche a la mañana, se volvió “académicamente respetable” dar argumentos en favor del teísmo, haciendo de la filosofía un campo favorable para la entrada de los más inteligentes y talentosos teístas que entran en el mundo académico hoy. . . .

Dios no está “muerto” en el mundo académico. Ha vuelto a la vida a finales de la década de los sesenta, y está vivo y en buen estado en su última fortaleza académica: los departamentos de filosofía.6

Este es el testimonio de un filósofo ateo destacado sobre el cambio que se ha producido delante de sus ojos en la filosofía Americana. Pienso que probablemente está exagerando cuando calcula que entre un cuarto y un tercio de los filósofos Americanos son teístas, pero lo que sus cálculos revelan es el impacto percibido de los filósofos cristianos sobre este campo. Como el ejército de Gedeón, una minoría comprometida de activistas puede tener un impacto proporcionalmente mucho mayor a su tamaño. El principal error que comete es llamar a los departamentos de filosofía la “última fortaleza” de Dios en la universidad. Al contrario, los departamentos de filosofía son una cabeza de playa desde la cual se pueden lanzar las operaciones para impactar otras disciplinas académicas en la universidad para Cristo.

El punto es que la tarea de revertir el proceso de secularización no es desesperanzada e imposible, ni tampoco hace falta tanto tiempo como uno pudiera pensar para lograr cambios significativos. Esta clase de erudición cristiana es la que representa la mejor esperanza para la transformación de la cultura que Malik y Machen imaginaron, y su verdadero impacto en la causa de Cristo solamente será sentida en la próxima generación, al filtrarse en la cultura popular.

Así que puede ser hecho, si estamos dispuestos a trabajar duro. Machen observó que en su día “muchos seminarios combatían el error atacándolo tal y como es enseñado por sus representantes populares” en lugar de confundir estudiantes “con un montón de nombres Alemanes totalmente desconocidos fuera de los muros de la universidad”. Pero, al contrario, Machen insistió, es esencial que los eruditos cristianos estén alerta sobre el poder de una idea antes de que alcance su formulación popular. El procedimiento erudito, dijo,

esta basado simplemente en la profunda creencia en la omnipresencia de las ideas. Lo que hoy es una cuestión de especulación académica, mañana empieza a mover ejércitos y a derribar imperios. En esa segunda etapa, ha ido demasiado lejos como para ser combatida. El tiempo para pararla era cuando aún era una cuestión de debate apasionado. Así que, como cristianos, deberíamos tratar de moldear el pensamiento del mundo de tal manera que haga que la aceptación del cristianismo sea algo más que un disparate lógico.7

Como Malik, Machen también creían que “el principal obstáculo para la religión cristiana hoy recae en la esfera del intelecto”,8 y esa objeción al cristianismo debe ser atacada en esa esfera. “La iglesia se está muriendo hoy por la falta de pensamiento, no por el exceso”.9

Lo que es irónico de la mentalidad que dice que nuestros seminarios deberían producir pastores, no eruditos, es que son precisamente nuestros futuros pastores, no solamente nuestros futuros eruditos, los que necesitan estar intelectualmente comprometidos y recibir este entrenamiento académico. El artículo de Machen fue originalmente un discurso titulado “La Preparación Científica de un Ministro”. Un modelo para nosotros aquí debe ser un hombre como John Wesley, un evangelista lleno del Espíritu y al mismo tiempo un erudito educado en Oxford.10 La visión de Wesley de lo que debe ser un pastor es notable: un caballero, experto en las Escrituras y versado en historia, filosofía y la ciencia de su día.

¿Cómo se comparan los pastores que se gradúan de nuestros seminarios con este modelo? El historiador eclesiástico y teólogo David Wells ha llamado a nuestra generación contemporánea de pastores “los nuevos «inutilizadores»” porque han abandonado el papel tradicional del pastor como el agente de la verdad para su congregación y lo han reemplazado con un nuevo modelo directivo sacado del mundo profesional, el cual enfatiza las habilidades de liderazgo, marketing y administración. Como resultado la iglesia ha producido una generación de cristianos para los que la teología es irrelevante y cuyas vidas fuera de la iglesia no difieren en la práctica de aquellos que son ateos. Estos nuevos pastores directivos, Well se queja, “están fallando a la iglesia e incluso incapacitándola. La están dejando vulnerable a todas las seducciones modernas precisamente porque no han provisto la alternativa, que es una visión de la verdad centrada en Dios y en su verdad”.11 Necesitamos recuperar el modelo tradicional que estaba ejemplificado en hombres como Wesley.

Pero, finalmente, no son solo los eruditos cristianos y los pastores los que necesitan estar intelectualmente comprometidos si la iglesia va a tener un impacto en nuestra cultura. Los cristianos laicos, igualmente, deben estar intelectualmente comprometidos. Nuestras iglesias están llenas de cristianos que están holgazaneando en un punto muerto intelectual. Como cristianos, sus mentes se están echando a perder. J. P. Moreland en su desafiante libro Love your God with All your Mind los ha llamado los “«yo» vacíos”. Un “«yo» vacío” es desmesuradamente individualista, infantil, y narcisista. Es pasivo, dependiente de los sentidos, ocupado, precipitado, incapaz de desarrollar una vida interior. En el que es quizá el pasaje más demoledor de su libro, Moreland nos pide que imaginemos una iglesia llena de tales personas. Nos pide,

¿Cuál sería el entendimiento teológico, . . . el valor evangelístico, la. . . penetración cultural de tal iglesia?... Si la vida interior realmente no importa tanto, ¿por qué pasar el tiempo . . . intentando desarrollar una . . . vida intelectual y espiritualmente madura? Si alguien es básicamente pasivo, él o ella simplemente no harán el esfuerzo de leer, sino que en cambio prefieren que los entretengan. Si una persona es dependiente de los sentidos en orientación, la música, revistas llenas de fotos, y medios de comunicación visuales en general serán más importantes que las simples palabras en una página o pensamientos abstractos. Si uno es precipitado y distraído, tendrá poca paciencia para el conocimiento teorético, y un periodo de atención demasiado corto como para permanecer con una idea mientras se desarrolla cuidadosamente.

Y si alguien es demasiado individualista, infantil y narcisista, ¿qué leerá esa persona, si es que esa persona lee algo? . . . Los libros cristianos de auto-ayuda que están llenos de contenido interesado . . . lemas, moralización simplista, un montón de historias y fotos, y diagnosis inadecuada de cuestiones que no exigen nada del lector. Libros sobre celebridades cristianas . . . lo que no será leído son libros que equipan a las personas para desarrollar un entendimiento bien razonado y teológico de la religión cristiana, y para completar su papel en el más amplio reino de Dios. . . (tal) iglesia . . . será. . . impotente para permanecer frente a las fuerzas poderosas del secularismo que amenaza con enterrar las ideas cristianas bajo una capa de pluralismo desalmado y cientificismo engañoso. En tal contexto, la iglesia estará tentada a medir su éxito en gran medida en términos de números - números alcanzados por adaptación cultural a los «yo» vacío. Así, la iglesia se convertirá en la que cave su propia tumba. Sus métodos de “éxito” a corto plazo resultaran siendo lo que la marginen a largo plazo.12

Lo que hace que esta descripción sea tan demoledora es que no tenemos que imaginar tal iglesia. Mejor dicho, esta ES una descripción apropiada de muchas de las iglesias evangélicas Americanas hoy.

Algunas veces la gente trata de justificar su falta de compromiso intelectual afirmando que prefieren tener una “fe simple”. Pero aquí pienso que debemos distinguir entre una fe como la de un niño y una fe infantil. Una fe como la de un niño es una total confianza en Dios como el Padre Celestial amante de uno, y Jesus manda que tengamos tal fe. Pero una fe infantil es una fe inmadura, irreflexiva; y no se nos manda tener tal fe. Al contrario, Pablo dice “no seáis niños en la manera de pensar; más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sed maduros” (1 Cor. 14.20 LBA). Si una fe “simple” significa una fe irreflexiva e ignorante, entonces no deberíamos querer nada de ella. En mi propia vida puedo testificar que, después de muchos años de estudio, mi adoración a Dios es más profunda precisamente gracias a - y no a pesar de - mis estudios en filosofía y teología. En cada área que he investigado intensivamente - creación, la resurrección, omnisciencia divina, eternidad divina, aseidad divina - mi apreciación de la verdad de Dios y mi admiración de Su persona se han vuelto más profundas. Estoy emocionado por futuros estudios ya que estoy seguro de que me traerán una más profunda apreciación de la persona y obra de Dios. La fe cristiana no es una fe apática, una fe con muerte cerebral, sino una fe viva, que indaga. Tal y como lo puso Anselmo, la nuestra es una fe que busca entendimiento.

Es más, los resultados de estar en punto muerto intelectual se extienden más allá de uno mismo. Si los cristianos laicos no se comprometen intelectualmente, entonces estamos en serio peligro de perder a nuestros jóvenes. En secundaria y la universidad, los cristianos adolescentes son asaltados intelectualmente por cada forma de filosofía no-cristiana en conjunto con relativismo abrumador. Como digo en las iglesias a lo largo del país, constantemente me encuentro con padres cuyos hijos han perdido su fe porque no había nadie en la iglesia para responder a sus preguntas. De hecho, George Barna estima que el 40% de los jóvenes en nuestras iglesias, una vez que dejan el colegio, no volverán a cruzar la puerta de la iglesia otra vez.

No hay duda de que la iglesia ha perdido su oportunidad en esta área. Pero las estructuras están en su lugar en la iglesia para remediar este problema, si simplemente las usamos. Estoy hablando, desde luego, de los programas de la Escuela Dominical para adultos. ¿Por qué no empezar a usar las clases de la Escuela Dominical para ofrecer a laicos instrucción seria en temas tales como doctrina cristiana, historia de la iglesia, Griego del Nuevo Testamento, apologética, y así sucesivamente? ¡Piensa en el potencial para el cambio! ¿Por qué no?

Creo que se puede cambiar nuestra cultura. Estoy emocionado por el renacimiento de la filosofía cristiana en mi generación, la cual da un buen presagio para la siguiente. Tanto si Dios te está llamando a ser un erudito cristiano en las líneas del frente de la batalla intelectual, un pastor cristiano para servir como agente de la verdad a tu congregación, o un padre o laico cristiano que está siempre preparado para dar razón de la esperanza que hay en ti, tenemos la asombrosa oportunidad de ser agentes del cambio cultural en el nombre de Cristo. Por amor a la iglesia, por amor a ti mismo, por amor a tus hijos, ¡no malgastes esta oportunidad! Así que, si hasta ahora has estado en la costa, holgazaneando en ese punto muerto intelectual, ¡ahora es el tiempo de poner la marcha!

Respuestas a la Prueba

1. Padre de la Iglesia (354-430) y autor de La Ciudad de Dios. Enfatizó la gracia inmerecida de Dios.
2. El concilio de la iglesia que en el 325 ratificó oficialmente la doctrina de la deidad igual del Padre y el Hijo, en oposición al punto de vista que mantenía la herejía Arriana.
3. La doctrina que mantiene que en Dios hay tres personas y un solo ser.
4. La doctrina enunciada en el Concilio de Calcedonia (451) que afirma la verdadera deidad y la verdadera humanidad de Cristo.
5. La ideología que afirma que el mundo y Dios son idénticos
6. Teólogo Católico medieval (1225-1274) y autor de la Summa Theologica, cuyas ideas han sido determinantes para la teología Católico-Romana tradicional.
7. El origen del Protestantismo en el siglo XVI por el esfuerzo de hombres como Lutero, Calvino, y Zwinglio para reformar la doctrina y practica de la iglesia Católico-Romana. Enfatizó la justificación por gracia solamente mediante la fe y la autoridad exclusiva de la Biblia.
8. El monje Católico-Romano (1483-1546) que empezó la Reforma Protestante y fue el fundador del Luteranismo.
9. La doctrina que afirma que por Su muerte en nuestro favor y en nuestro lugar, Cristo nos reconcilió con Dios.
10. La revolución intelectual que tuvo lugar en Europa en los siglos XVII y XVIII contra la autoridad de la iglesia y la monarquía en el nombre de la autonomía humana. También llamada la Edad de la Razón.

Notas Bibliográficas

Alan Bloom, The Closing of the American Mind (New York: Simon & Schuster, 1987), 25-26. [En Español, Allan Bloom, La Decadencia de la Cultura (Argentina: Emecé, 1989)]
Charles Malik, "The Other Side of Evangelism," Christianity Today, November 7, 1980, 40.
Ibid.
J. Gresham Machen, "Christianity and Culture," Princeton Theological Review 11 (1913): 7.
Malik, "Other Side of Evangelism," 40.
Quentin Smith, "The Metaphilosophy of Naturalism" Philo 4/2 (2001).
Machen, "Christianity and Culture," 6.
Ibid., 10.
Ibid., 13.
John Wesley, Works 6: 217-31.
David F. Wells, No Place for Truth (Grand Rapids, Mich.: Wm. B. Eerdmans, 1993), 253.
J. P. Moreland, Love Your God with All Your Mind (Colorado Springs: Nav Press, 1997), 93-94.


Passionate Conviction, pp. 2-16. Ed. Wm. L. Craig and P. Copan. Nashwille, Tenn.: Broadman and Holma, 2007. Usado con permiso. Traducido por Joel Maceiras

1 comentario :

  1. Jaume Agustí15:42

    Un gran enhorabuena por este artículo que se ha publicado, muy oportuno.

    Está frase representa lo que siempre he pensado:

    "Si una fe “simple” significa una fe irreflexiva e ignorante, entonces no deberíamos querer nada de ella."

    Jaume

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