martes, 25 de mayo de 2010

El resurgimiento del tema de Dios dentro de la Filosofía moderna.

El resurgimiento del tema de Dios
dentro de la Filosofía moderna.


 La batalla por las almas de los hombres

El título del presente artículo surge de una declaración hecha por el notable filósofo cristiano Alvin Plantinga: «El mundo intelectual occidental contemporáneo es un campo de batalla o un ruedo en el cual ruge una lucha por las almas de los hombres».

Al respecto, el filósofo cristiano evangélico William Lane Craig en un artículo recientemente publicado en la prestigiosa revista Christianity Today, habla de una verdadera «revolución en la filosofía angloamericana» en los tiempos que corren. «Tres escuelas de pensamiento», dice Craig, «forcejean una contra otra compitiendo para ganar las mentes de hombres y mujeres pensantes: el naturalismo de la Ilustración, el antirrealismo postmoderno y el teísmo, típicamente el teísmo cristiano. Es en el campo de la filosofía que tienen lugar las batallas decisivas, y el resultado de estas luchas repercutirá a través de la universidad y finalmente de la cultura occidental».

También en otros círculos académicos se está hablando profusamente del «resurgimiento del teísmo» –la postura favorable a la existencia de Dios– dentro de la filosofía moderna, en tiempos en que la discusión filosófica acerca de Dios se creía sepultada por la tristemente célebre frase: «Dios ha muerto».

Quizás no alcanzamos a dimensionar los efectos que este tipo de declaraciones filosóficas produzcan en la sociedad. Pero si unimos esta declaración a la emblemática canción de John Lennon, «Imagine», de alto impacto en la juventud de su tiempo –hoy, personalidades de entre 50 a 60 ó más años de edad, algunos de los cuales gobiernan el mundo occidental–, parte de la letra de esta canción dice: «Imagina un mundo sin cielo, sin infierno, un mundo sin religión». Indirectamente, dice: ‘No hay Dios, no hay que hacerse problemas; a nadie vamos a dar cuenta. Si no hay cielo ni infierno, entonces tampoco hay bien ni mal’.

¿Podría alguien negar que este acuerdo tácito entre el arte y la filosofía ha tenido un fuerte impacto en nuestra convulsionada sociedad, especialmente en el terreno moral? La llamada ‘agenda valórica’, hoy en día, se considera más ‘progresista’ (eufemismo de moda) en la medida en que más se relajan los valores morales. Si «Dios ha muerto», podemos, por tanto, en nombre de la libertad, dar rienda suelta a todas las bajas pasiones de la naturaleza humana.

Esto es solo un botón de muestra de la influencia de la filosofía en el devenir de la sociedad.

Para darle más sentido al impacto de esta revolución, Craig cita el testimonio de un prominente filósofo ateo, Quentin Smith, acerca del cambio que ha tenido lugar en la filosofía angloamericana. En un artículo aparecido en el periódico secular Philo (2001), Smith lamenta lo que llama «la desecularización de las instituciones académicas que se desarrolló en los departamentos de filosofía desde fines de los años sesenta». Él escribe que para entonces, «se consideraba que el teísmo tenía algo así como un bajo status epistémico que no encajaba con los estándares de una posición ‘académicamente respetable’. Pero, se volvió, casi de la noche a la mañana, ‘académicamente respetable’ argüir a favor del teísmo, haciendo de la filosofía un campo favorable de entrada para los más inteligentes y talentosos teístas que ingresan hoy en las instituciones académicas». Y concluye: «Dios no ‘ha muerto’ en la academia; él volvió a la vida al final de los años sesenta y ahora está vivo y bien vivo en su último bastión académico, los departamentos de filosofía».

Ha surgido un nuevo interés en el Dios de la tradición ortodoxa judeo-cristiana entre los filósofos contemporáneos. Este nuevo interés es descendiente del fallecimiento del positivismo lógico, una falta de rigor intelectual en el liberalismo teológico y el incremento de la sofisticación de los argumentos teístas. Hay dos argumentos que ilustran las variadas pruebas contemporáneas para el teísmo que han captado gran interés. Uno propone que creer en Dios es racional aparte de cualquier evidencia especial. El otro, llamado el argumento cosmológico kalam, sostiene que todo lo que empieza tiene una causa, el universo tiene un comienzo, y por lo tanto, el universo tiene una causa. Estos argumentos están satisfaciendo la prueba sobre la existencia de Dios a aquellos que están predispuestos filosóficamente.

En 1980 Time publicó una crónica acerca de la repentina reexaminación de Dios en los círculos filosóficos contemporáneos. Aunque era todavía una discreta minoría en las universidades seculares, desde 1980 este movimiento ha crecido en número y en la sofisticación de sus argumentos.

Quizás hasta hoy un cuarto o un tercio de los profesores de filosofía son teístas, la mayoría cristianos ortodoxos. Aunque muchos teístas no trabajan en el área de la filosofía de la religión, muchos de ellos trabajan en esta área en que ahora hay más de cinco periódicos de filosofía dedicados al teísmo o a la filosofía de la religión.

Una estadística mostraría que en el catálogo de la editora de la Universidad de Oxford  2000-2001 hay 96 libros recientemente publicados sobre filosofía de la religión


Definiendo los términos

Cualquiera que esté al corriente de la filosofía sabe la extrema importancia de cómo un pensador define sus términos. Con el objetivo de ser claros, definiremos Dios, creencia y filosofía.

Dios es el Dios de la tradición judeo-cristiana, un ser espiritual racional todopoderoso, omnisciente y amoroso, omnipresente, inmutable, trascendente, eterno, y el creador personal de todo lo que existe.

Creer es el acto de la consciencia humana que realiza un compromiso personal a una propuesta. Para creer en alguna cosa hay que tener fe en algo que es consistente con lo que crees que debe ser una buena evidencia. Por ejemplo, el matrimonio es un acto de fe. Antes de casarte, crees que tienes suficientes evidencias para justificar un compromiso que va más allá de la evidencia. Cuando un teísta filosófico dice que cree en Dios, no quiere decir que tiene la evidencia indiscutible para apoyar su compromiso. En vez de ello, significa que está en su derecho intelectual de sostener esta creencia.

Filosofía es la disciplina intelectual que examina de manera crítica los fundamentos de otros campos de estudio. Los departamentos de filosofía universitarios en todo el mundo aspiran a examinar cuestiones de importancia fundamental en otras disciplinas, ya sea en el campo de la ciencia, la teología (Por ejemplo, ¿es racional creer en Dios?), o la ética (¿Qué es lo correcto o lo incorrecto?).

Desafortunadamente, muchos cristianos creen que la filosofía es anticristiana de por sí, basando su conclusión en la orientación atea o agnóstica de muchos profesores de filosofía. Sin embargo muchos buenos filósofos cristianos emplean sus habilidades de pensamiento crítico de filosofía en evaluar los temas clásicos de la teología. De hecho, la filosofía puede contribuir a la defensa de la fe cristiana.

El regreso del teísmo tradicional a la filosofía se explica por las siguientes razones: La muerte del positivismo lógico, la falta de rigor intelectual en el teísmo liberal, y el incremento de la sofisticación de los argumentos teístas.


La muerte del positivismo lógico

El positivismo lógico es una posición filosófica que mantiene que algo tiene sentido si es cierto por definición o si puede ser percibido por los cinco sentidos (por lo cual Dios no tiene sentido para los positivistas). A esto se le llamó el Sentido de Criterio Verificable. Aunque el pensamiento de que creer en algo que no se puede ver o tocar es un sin sentido está generalizado a nivel popular, el positivismo lógico ha sufrido una muerte filosófica. El filósofo de la ciencia, Del Ratzsch, señala los problemas del Criterio Verificable. Primero, hay varios principios esenciales de la ciencia que no se pueden comprobar empíricamente pero que se presuponen para poder probar otras proposiciones científicas. Y por último, el Criterio Verificable se contradice a sí mismo ya que no se puede comprobar empíricamente. 


La falta de rigor intelectual en el liberalismo teológico

Gordon Kaufman, un teólogo liberal, acusa a los filósofos cristianos de mostrar una intolerancia social y una antipatía hacia otras religiones, a lo que los filósofos cristianos Stump y Kretzman responden que, la posición de Kaufman es más antipática e irrespetuosa que la del cristianismo tradicional ya que rechaza como falsas todas las pretensiones por parte del cristianismo, judaísmo, e islamismo y otras religiones de conocer cosas verdaderas en cuanto a la naturaleza de Dios y la salvación humana. Kaufman, además, afirma que «Dios está más allá de nuestro entendimiento y conocimiento», y como Stump y Kretzman señalan, está haciendo una afirmación de su conocimiento acerca de la naturaleza de Dios, «a saber, que la naturaleza de Dios tiene la propiedad de ser inescrutable para nosotros. Pero si Kaufman es capaz de conocer una de las propiedades de Dios, su afirmación es falsa en sí misma». Y al condenar el holocausto y otras atrocidades morales como esencialmente malas, Kaufman contradice su defensa del relativismo epistemológico y ético, dando a entender que existen algunos valores que no dependen de la cultura. El tipo de argumentación de Kaufman es típico de mucha de la literatura teológica liberal. Por esta razón, los filósofos no han sido capaces de encontrar nada lógicamente incorrecto en seguir discusiones teológicas rigurosas de temas de la teología tradicional. 


Incremento en la sofisticación del argumento teológico

1. La racionalidad de la creencia en Dios

Alvin Plantinga argumenta que creer en Dios es racional aparte de cualquier evidencia, al contrario que el argumento de los evidencialistas, que argumentan que se tiene justificación racional para creer en algo si es fundamental para el conocimiento o está basado en la evidencia. Plantinga pregunta por qué la proposición «Dios existe» no puede ser fundamental para el conocimiento y de esta manera no necesitada de una evidencia, a lo que los evidencialistas responden que sólo las proposiciones propiamente básicas, es decir, auto-evidentes e incorregibles, son fundamentales para el conocimiento.

Plantinga considera el criterio del evidencialista como inadecuado, pues no puede desechar la posibilidad de que creer en Dios es apropiadamente básico. Además defiende que muchas cosas en la vida son racionalmente creíbles aparte de la evidencia, como por ejemplo creer que el mundo no fue creado hace diez minutos con toda la apariencia y recuerdos de un mundo que tiene miles de millones de años de antigüedad. 


2. El argumento cosmológico kalam 1

El argumento kalam, propuesto por Craig, se puede exponer de la siguiente forma:

1. Todo lo que comienza a existir lo hace por una causa.

2. El Universo tiene un comienzo.

3. Por lo tanto el Universo tiene una causa.

Este argumento presenta una serie de alternativas. Primero, el universo o tuvo un comienzo o no lo tuvo. Segundo, si el universo tuvo un comienzo, entonces fue o causado o no causado. Tercero, si el comienzo del universo tuvo una causa, entonces esta causa fue o personal o impersonal. Al mostrar que una parte de cada alternativa es más razonable que la otra, este argumento muestra la sensatez de creer en la existencia de un creador personal, Dios. 


A. ¿Es más razonable creer que el Universo tuvo un comienzo o que no lo tuvo?

Cuando uno piensa en una serie de eventos en el tiempo, no piensa en ellos como sucediendo todos a la vez, sino uno tras otro. Las series de eventos en el tiempo no pueden ser realmente infinitas porque a un conjunto infinito no se le puede añadir nada, está completo, y las series de eventos en el tiempo siempre se están incrementando. Si el Universo no tuviera un principio, entonces cada evento estaría precedido de un número infinito de eventos, Pero si nunca se puede llegar al infinito por añadir un integrante tras otro, nunca podría llegar al día presente. Entonces parece más razonable creer que el universo tuvo un comienzo. 


B. ¿Es más razonable creer que el Universo fue causado o no causado?

Ya que el testimonio abrumador de la experiencia humana testifica del hecho de que algo no puede surgir de la nada, una vez es establecido que el universo comenzó a existir, la persona razonable no dudaría en afirmar que el universo tuvo una causa. Quizá uno pudiera todavía afirmar que es lógicamente posible que el universo no tuviera una causa, pero esto no parece ser metafísicamente posible. Por lo tanto, es más plausible que el universo fue causado si tuvo un comienzo. 


C. ¿Es más razonable que el Universo tuvo una causa personal o impersonal?

Defendiendo que esta causa es personal, Craig pregunta, «¿cómo puede llegar a existir un primer evento si la causa de ese evento siempre ha existido? ¿Por qué no es el efecto tan eterno como la causa?». La única manera de tener una causa eterna pero, con un evento que comienza en un punto del tiempo, es si la causa es un «agente personal» que decide libremente crear un efecto en el tiempo. Entonces parece ser más razonable creer que la causa fue personal. 


La ruidosa conversión de un filósofo ateo

Otro golpe a la filosofía atea tradicional tiene que ver con los cambios o ‘conversiones’ de algunos de sus principales exponentes. Durante los últimos cincuenta años, el ateo más famoso del mundo ha sido Anthony Flew. Mucho antes de que Richard Dawkins comenzara a atacar a la religión, Flew era el portavoz de los no creyentes; pero ahora Flew es el más famoso «converso» del mundo. En 1966 escribió su obra God and phylosophy («Dios y la filosofía») y en 1984 The presumption of atheism («La presunción de ateísmo»). En ambas mantuvo una postura ‘evidencialista’, según la cual debe presuponerse el ateísmo hasta que no se presenten evidencias de lo contrario. No obstante, éste ha parecido ser recientemente el caso, a juzgar por su último trabajo There is God («Hay Dios»), que Flew considera su última palabra sobre el tema. «Debo decir –declara– que el viaje de mi descubrimiento de lo divino ha sido hasta ahora un peregrinaje de la razón. He seguido el argumento hasta donde me ha conducido».


Conclusión

No hay duda de que la batalla intelectual entre la fe y la incredulidad continuará. Pero lo que es increíble en cuanto al reciente resurgimiento del teísmo es que comenzó en un tiempo en que la muerte de Dios había sido declarada, el forense estaba preparándose para la autopsia y la presunción de los ateos permeaba el panorama de la ortodoxia secular.

Algunas personas pueden decir que Dios está mirando hacia abajo y está entretenido con los débiles intentos de los filósofos de demostrar la racionalidad de creer en él a un mundo en el cual tantas personas, completamente inconscientes del argumento cosmológico o cualquier otra prueba teísta, todavía creen y confían en Dios.

No obstante tal cinismo absoluto en cuanto a la mentalidad humana parece inconsistente con una verdadera fe robusta. Si Dios existe (y ciertamente creemos que existe) y nos ha dado nuestras mentes y corazones con los que pensamos y sentimos, es axiomático que él estuviera interesado con cada minuto detallado de nuestra existencia intelectual y emocional. Consecuentemente él permitiría al simple sentirse seguro en una fe simple basada en un Dios infinitamente complejo y a los que están más inclinados filosóficamente a encontrar satisfacción intelectual en el estudio de un Dios infinitamente complejo al que sólo se puede encontrar personalmente a través de un simple acto de fe. A pesar de si uno encuentra el resurgimiento de la filosofía teísta decepcionante o animador, no puede negar que es una parte importante y fascinante de nuestro entorno intelectual contemporáneo.


1 Kalam es una palabra árabe que se suele traducir por teología, pero significa simplemente discurso: es la reflexión ordenada basada en la argumentación que demuestra la validez racional de las enseñanzas de la cosmovisión islámica. (N. del T).

Fuentes:
Francis J. Beckwith: «El resurgimiento del teísmo», http://www.menteabierta.org/ 
W. Lane Craig: «The Revolution in Anglo-American Philosophy», http://www.reasonablefaith.org/

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